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Tarde o temprano, la catástrofe ecológica en el planeta

Gerardo Guinea Diez

Tres hechos marcaron la agenda noticiosa de la última semana. El desastre ecológico del río La Pasión, el informe de la NASA sobre el agotamiento de los acuíferos subterráneos del planeta y la encíclica Laudato si, del papa Francisco, la cual es dedicada a la deuda ecológica de la humanidad.

En el primer caso, ya fueron ampliamente documentados los estragos causados sobre el río La pasión. Ya no hay mucho que decir, más que esa hermosa serpiente de agua pobló su noche de muerte.

Paralelamente, la NASA informó que un tercio de los más importantes acuíferos subterráneos del mundo se agotan a un ritmo alarmante. De acuerdo con las fotografías de los satélites de la agencia espacial de Estados Unidos, 13 de las 37 reservas subterráneas perdieron más agua de la que recibieron entre 2003 y 2013. Algunas regiones son las más afectadas, como India, Pakistán y el norte de África. Pero existen otras zonas con amenazas alarmantes de sequías y falta de agua.

En una columna de Raúl Zibechi, columnista del diario mexicano La Jornada, “el Gran São Paulo tiene 22 millones de habitantes, distribuidos en 39 municipios. Es la mayor ciudad de América Latina y una de las más pobladas del mundo. El verano pasado, los reservorios de agua que la abastecen cayeron a mínimos históricos de 5 por ciento de su capacidad. Hubo cortes de agua en algunas regiones y restricciones en otras. La región vive lo que los especialistas denominan un ciclo de escasez de agua que puede durar 20 o 30 años, algo bien diferente a una sequía puntual, como era habitual en otros periodos históricos en que no existía lo que conocemos como cambio climático”. Según Zibechi, con toda certidumbre, en algún momento de los próximos años podría darse un corte radical de agua en las megaciudades del mundo. Dicha crisis hídrica provocaría insurrecciones, levantamientos sociales graves y hasta revoluciones armadas “que podrían extenderse a todo el estado de São Paulo y a estados vecinos como Río de Janeiro y Minas Gerais, donde viven 100 millones de personas”.

El caso de Gran São Paulo es apenas un ejemplo de lo que nos espera en muchas regiones del mundo. He ahí la importancia de la encíclica papal, advirtiendo sobre el cambio climático. De tal modo, Francisco dejó para otro momento una cruzada contra los pecados, la falta de fe y los infiernos por venir. Habla de que heredaremos a las nuevas generaciones un planeta “de escombros, desiertos y suciedad”. Laudato si,de algún modo, rompe con el largo divorcio de la Iglesia Católica con la ciencia y se reconcilia con Galileo.

La nueva encíclica quiebra paradigmas. En ella, se da voz y credibilidad a los científicos modernos más serios, prescindiendo de si son o no creyentes, empeñados en demostrar que somos nosotros, con nuestra codicia y descuido, los responsables por los graves cambios que ya se advierten en el planeta.

Y es que las cifras sobre contaminación de todo tipo no son como para echar las campanas al vuelo. La revista Nature sostiene que hacia 2025 se duplicará los millones de toneladas de basura. Tan solo China produce 1,400 millones diarios. Pero también están los monstruosos vertederos de Corea, Río de Janeiro y la Ciudad de México.

Sciencie advierte que en 2010, más de 192 países vertieron una media de 8 millones de toneladas de plásticos al mar, con las consecuencias ya advertidas por los científicos. Asimismo, Naciones Unidas informa que en 2014 se produjeron 41.8 millones de toneladas de basura electrónica y para 2018 la cifra ascenderá a 50 millones. Por otra parte, un informe de la FAO da cuenta de que se tiran más de 1,300 millones de toneladas de comida.

En Guatemala, como está documentado, más del 90 por ciento de los ríos y lagos están contaminados. Existen 1,013 botaderos ilegales de desechos contra 189 municipales; 218 de ellos, sobre ríos y lagos. De acuerdo con el Perfil Ambiental 2006, en el país diariamente se generaban desechos sólidos por un monto de entre 6,000 a 7,000 toneladas, de las cuales el 54% se produce en las zonas urbanas y el restante 46%, en las zonas rurales.

Como sea, tarde o temprano, nos alcanzarán las cifras y sabremos que todo lo perdido, ninguna memoria podrá recobrarlo

La nueva encíclica quiebra paradigmas. En ella, se da voz y credibilidad a los científicos modernos más serios, prescindiendo de si son o no creyentes, empeñados en demostrar que somos nosotros, con nuestra codicia y descuido, los responsables por los graves cambios que ya se advierten en el planeta.

Gerardo Guinea Diez
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