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La crisis que viene (II)

Gerardo Guinea Diez
gguinea10@gmail.com

Todos los países realizan ejercicios de proyección del crecimiento anual de sus economías. Y como es frecuente, se necesitan más recursos y producción para satisfacer ingentes necesidades y, por lo mismo, el impacto sobre la naturaleza es devastador, en la medida que prevalece un modelo depredador, que privilegia el consumo desenfrenado sobre un modelo sustentable y equilibrado. Además, en un siglo, la población pasó de mil 800 millones hasta alcanzar más de 7 mil millones. En pocas palabras, ésta creció cuatro veces, alterando el patrón de incremento en los siglos precedentes.

A pesar de los avances tecnológicos y la industrialización, existen más de mil millones de hambrientos y la crisis económica de 2008 lanzó por arriba de 200 millones de personas al desempleo, a su vez, mil 500 millones tienen trabajos precarios. El tema de alimentos tampoco es halagador. La amenaza del “super niño” tendrá, según los expertos, un impacto demoledor en miles de comunidades. Es más, Oxfam señala que la próxima década, la producción de cereales en el mundo se reducirá un 2 por ciento, mientras que la demanda crecerá un 14 por ciento.

De acuerdo con algunos analistas, en el país hay alrededor de 60 ciudades con cierta importancia. Todas ellas presentan baja calidad de vivienda, hacinamiento, déficit de agua potable, precariedad ocupacional, por no hablar del colapso de la salud y educación pública. A ello hay que sumar el crecimiento urbano desordenado, los tiraderos clandestinos de basura, no se diga la bomba de tiempo que significa el basurero de la zona 3. El caos pulula por doquier y el transporte público, en el sentido más literal, un desastre y una violación a la más elemental dignidad de los ciudadanos.

Aunque, los dilemas más complejos operan en la ciudad de Guatemala. Su población, que incluye el área metropolitana, asciende a 5.9 millones, estimada al 2012. El parque vehicular creció unas 20 veces desde los años setenta a la fecha y por sus calles y avenidas circulan diariamente un millón 200 mil vehículos.

En los últimos dos años, el tráfico se desbordó a tal grado que desaparecieron las horas pico. Un ciudadano con vehículo invierte unas tres horas para movilizarse de su casa al trabajo. Quienes utilizan el transporte público entre cuatro y cinco. La pregunta es, entonces, cómo será la ciudad dentro de diez años.

Sumado a esas desgracias, están el incremento de áreas marginales y la violencia del día a día, que impacta de forma silenciosa en los hábitos de vida. La clase media vive entre el enclaustramiento residencial y un ocio enclaustrado. El miedo se puede tocar y nadie sabe si después de abordar un bus regresa sano y salvo a su casa. Vuelvo a Calvino cuando reproduce el diálogo entre el Gran Jan, el emperador de los tártaros y Marco Polo. Éste dice: “El infierno de los vivos es algo por venir: hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos”.

Sumado a esas desgracias, están el incremento de áreas marginales y la violencia del día a día, que impacta de forma silenciosa en los hábitos de vida. La clase media vive entre el enclaustramiento residencial y un ocio enclaustrado. El miedo se puede tocar y nadie sabe si después de abordar un bus regresa sano y salvo a su casa.

Gerardo Guinea Diez
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