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Leer nuestro tiempo

Gerardo Guinea Diez
gguinea10@gmail.com

Hace un siglo, la humanidad vivía al borde de la hecatombe. Sucedían dos revoluciones: la rusa y la mexicana, a su vez, la carnicería de la Primera Guerra Mundial implicó nueve millones de soldados muertos; en Asia, África y una parte del mundo árabe comenzaron las luchas contra el colonialismo europeo. Cien años después, el panorama es esencialmente igual, con el agregado de otras sombras apocalípticas. Es decir, leer nuestro tiempo no significa comprender un año ni una década, es mirar más allá de lo evidente, encontrar las claves ocultas de lo que acontece. No basta con los buenos deseos. Haz de preguntas sin respuesta, la lectura colectiva con suerte llega a diciembre para recomenzar roídos por la incertidumbre de ciclos que se repiten sin cesar.

Gerardo Guinea Diez

Así, esa lectura pasa por la mirada sobre la ciudad caótica, desordenada, por la violencia cotidiana, por los diez millones de pobres que pululan en la geografía del país; por esa mirada anónima que intenta captar cómo se deshacen los sueños en los ojos de una mujer o en la destrucción de la inocencia en niños. Leer el tiempo guatemalteco y el global y sus dolorosas conexiones y dependencias. Zygmunt Bauman sostiene que “podemos exorcizar el impresionante espectro en una efigie. Como es natural, eso no sirve para cortar el problema de raíz, pero quizá puede aliviar durante un tiempo la humillación de nuestro infortunio y la incapacidad de luchar contra la precariedad inhabilitadora de nuestro hueco en el mundo”.

Ver para leer en las cicatrices de la realidad un acercamiento no a las respuestas, sino a las preguntas correctas. Como un ejercicio sobre un tiempo histórico y su correlato, la larga duración, conceptos acuñados por el historiador francés Fernand Braudel, profesor de Mario Monteforte Toledo. En ese sentido, la Fundación del Español Urgente (Fundéu) denominó “refugiado” como la palabra del 2015, le faltó “migrante”. Las autoridades migratorias mexicanas informaron que al cierre del año, 200 mil migrantes fueron detenidos, 92 por ciento centroamericanos y 45 por ciento, guatemaltecos, aunque sostienen que fueron alrededor de 300 mil los que lo intentaron. Por supuesto, en ello existe un abultado subregistro. Frente a esas cifras recito en silencio un poema de mi libro País con lunita: “La nada y el caos estallan /muerde la ciudad /y sus hijos resisten /los nuestros, los tuyos /nacieron dulces /y mudos se irán /o aprenderán a quedarse /y a gritar: estamos para siempre /porque la vida se alzará /contra la muerte /sin irse ni quedarse /regarán el árbol del paraíso”.

Así, este enero posee el sabor de lo que muere y lo que comienza en la madeja de infortunios y de sueños por leer. Quizá sea oportuno citar al papa Francisco: “En nuestro mundo, nadie se siente responsable; hemos perdido el sentido de responsabilidad por nuestros hermanos y hermanas… La cultura del confort nos hace pensar solo en nosotros mismos” e insta a “eliminar la parte de Herodes que acecha nuestros corazones”.

Cae el silencio y leo, las palabras pulen al tiempo de una abnegación perpetuamente consumada. En la marejada de los días aún no encuentro las preguntas.

Fuente: [http://www.s21.com.gt/fiticon/2016/01/05/leer-nuestro-tiempo]

Gerardo Guinea Diez
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