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¿Festejar?

Carlos Aldana Mendoza
carlosaldanam@gmail.com

En todo el mundo, hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, no parece invitar al festejo por el asesinato de Berta Cáceres en Honduras, la práctica sostenida e indetenible de feminicidio en nuestro país, la negativa a la paridad en las discusiones de la nueva ley política y electoral, el patriarcado dominante en nuestras instituciones y en nuestra vida cotidiana, las exclusiones que sufren las mujeres por el hecho de ser mujeres, la eterna espera de una visión nueva de educación integral en sexualidad que, entre algunos de sus puntos, posiciona la garantía del respeto al cuerpo de las mujeres, el uso mediático del cuerpo femenino (incluso en eventos repudiables que ahora hasta tienen lugar en centros académicos), el peligro latente con el que viven las niñas en todos los ámbitos, la falta de una visión y una práctica educativa que combata el sexismo, etcétera.

Sin embargo, en medio del dolor y la indignación por la violencia contra las mujeres, sobre todo hacia las mujeres indígenas y que lideran luchas como la defensa del territorio y los recursos naturales así como los derechos específicos de las mujeres, dentro o fuera de Guatemala, en medio de un mundo y una cultura patriarcales, en medio de todo eso, ¡vale la pena festejar este día!

Porque existen mujeres que con su lucha y su esfuerzo diario construyen posibilidades para cambiar el planeta. Están en sus organizaciones o en sus iniciativas personales, están en los partidos políticos, en las organizaciones culturales y sociales, incluso en algunas expresiones organizativas religiosas, están en las calles, en el campo, en las escuelas, están en todas partes, alzando la voz, creando la ternura de lo alternativo y lo distinto, fortaleciendo los valores políticos, éticos y afectivos que solo puede provenir de ellas, en su ser y en sus colectividades como mujeres.

Vale la pena festejar porque mujeres como las de Sepur Zarco se enfrentan a la historia y al sistema, porque la denuncia ya se opone al silencio y la revictimización. Porque la defensa de los derechos de las mujeres es la defensa de la vida. Porque el cambio en las relaciones entre sexos es la escuela política más crucial para el cambio en el ejercicio del poder actual.

Vale la pena festejar este 8 de marzo como una manera de mantener la voz, el canto, el grito, la música, la expresión y la acción de las mujeres organizadas, en Guatemala y el mundo, a favor de esas luchas urgentes que puedan revertir los valores profundos y arraigados que alimentan al patriarcado.

Esta fecha constituye un símbolo fundamental en la lucha de las mujeres, no solo por ellas sino por la construcción de estructuras, políticas, cultura e ideas en las que la igualdad sea una realidad. Una igualdad que no niega la diversidad y la diferencia sino que las comprende y valora. Igualdad en dignidad y en derechos (aunque existan derechos específicos), esa que se niega cotidianamente en una sociedad sexista, patriarcal y conservadora como la nuestra.

En lo personal, es un día para agradecer a todas las mujeres que nos educan, en una tarea titánica, hacia nuevas formas de comprender y sentir el mundo.

Y porque tengo la dicha de compartir caminos con Helen Barrientos, educadora feminista popular, quien con sus esfuerzos demuestra que la dignificación y la defensa de las mujeres es la avenida más ancha para que transiten las mujeres y los hombres que pretendan cambiar esta realidad.

En todo el mundo, hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, no parece invitar al festejo por el asesinato de Berta Cáceres en Honduras, la práctica sostenida e indetenible de feminicidio en nuestro país…

Fuente: Siglo21 [http://www.s21.com.gt/gaia/2016/03/08/festejar]

Carlos Aldana Mendoza
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