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Nubarrones

Gerardo Guinea Diez
gguinea10@gmail.com

Llega septiembre, su cíclica y pertinaz belleza es la fotografía de días llenos de sueños y esperanzas. De algún modo, el silencio habla desde abril. Hemos aprendido a adentrarnos en la sensibilidad ajena para comprender al mundo, nuestro mundo, desde nuevas miradas. Miles de ciudadanos recuperaron las calles y se toparon con “la otredad” y desde esa diferencia descubrieron que es posible otra vida, por una razón sencilla, aquella que señala el escritor Amos Oz: “Hay momentos en donde se caen las máscaras y podemos vernos uno al otro” y en el afán, dejamos de ser espectadores para asumir la esencia de la vida o como afirmó Gracián en El Criticón: “Ay vida, no debías empezar, pero ya que empezaste, no debías terminar”.

Las plazas democratizaron la conversación ciudadana “como la primavera anunciada en un poema”, según el paciente dictamen de Francisco Morales Santos en ese bellísimo libro Estación Florida. De esa cuenta, en avenidas, calles y carreteras, el enojo público y la indignación que lo sustenta, ilumina las miradas sobre el “otro” como una revelación: la Guatemala posible. Sin embargo, la clase política no logra imaginar ni las dimensiones ni la soberbia complejidad de las demandas. Son incapaces de penetrar en el fondo del torbellino y hacer las reformas que abran paso a una sociedad más democrática y menos violenta. Pontifican el orden constitucional y atizan contra quienes apuntan en dirección contraria: la refundación republicana.

Estamos a escasos días de las elecciones y frente a ello, vale recordar a Hume: “La idea de sustancia, como la de modo, no es sino una colección de ideas simples”. Es decir, la Constitución Política de la República establece por ley los plazos para celebrar elecciones. Ahora bien, qué hacer frente a un proceso eleccionario, legal pero no legítimo. ¿Por quién votar? Es más, ¿abstenerse o votar nulo? Edelberto Torres-Rivas sugiere el voto por los partidos pequeños. Y ni así se logra cierta claridad sobre el desenlace de este embrollo en que los políticos acorralaron a la nación, como los personajes de Pirandello, todos viven de la ficción y la frontera entre ésta y la vida es fantasmal. Un juego donde todo aflora y se disipa.

Como sea, el próximo domingo se celebrarán elecciones a contracorriente de la opinión, no sólo de la ciudadanía, sino de un amplio sector de juristas, políticos y expertos en la materia. Ante ese paisaje imprevisto, habrá de realizarse múltiples cruces en el voto que apuntalen este imparable proceso de renovación social y política. Sea quien sea el ganador, la supervivencia de su gobierno dependerá de las reformas que impulse con el concurso de diferentes actores. No podrá imponer su racionalidad a la sustancia de nuestros anhelos. Desoír los requerimientos ciudadanos no sólo es tensar al máximo los límites de una legalidad impugnada, sino abrir las puertas a un conflicto de mayor envergadura. Los nubarrones no se disiparán el 6 de septiembre, pero ganamos contra la soberbia. Esa es nuestra victoria.

Ahora bien, qué hacer frente a un proceso eleccionario, legal pero no legítimo. ¿Por quién votar? Es más, ¿abstenerse o votar nulo? Edelberto Torres-Rivas sugiere el voto por los partidos pequeños.

Gerardo Guinea Diez
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