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Y ahora pienso con sentido común, así.

Los asesinados en la Cumbre de Alaska son los únicos responsables de su muerte, no sólo por violar el libre derecho de locomoción al bloquear la carretera en la que quedaron tendidos, sino por dejarse manipular por comunistas cobardes que no dan la cara y que se aprovechan de la ignorancia de los pobres, los cuales lo son porque no quieren superarse sino solo estirar la mano para que les demos el dinero que nosotros ganamos trabajando honradamente. Tales personas merecen morir. Más aún si son indígenas y se oponen a la minería, las cementeras y la palma africana, pues no ponen en alto el nombre del país en el extranjero sino lo denigran con su falta de educación.

Lo que el Gobierno debe hacer después de lo sucedido es buscar a los comunistas cobardes que no dan la cara, secuestrarlos y ejecutarlos sumariamente, o bien simular accidentes o enfermedades repentinas que los eliminen y les impida así causar problemas tales como las manifestaciones multitudinarias, los bloqueos de vías de comunicación y las groseras declaraciones contra la gente de bien que a diario vemos por la televisión. Asimismo, el Gobierno debe reprimir hasta la muerte estas muestras de descontento porque, como ya dijimos, son el resultado de la manipulación comunista, y lo que los comunistas quieren es quitarnos lo que tanto trabajo nos ha costado: nuestra camisa, nuestro reloj, nuestro lápiz, nuestro IPhone. También debe condenar a los soldados indígenas que mataron a sus paisanos revoltosos porque, después de todo, la moral es clara cuando nos manda “no matarás”; pero debe antes declararlos “verdaderas víctimas de la matanza” e impedir que se inculpe a la cadena de mando militar, en la que hay personas bien nacidas y que sí aman al país.

Las cosas hay que verlas desde los dos lados: los soldados no tuvieron más remedio que usar sus fusiles Galil para defenderse de la terrible turba que iba a lincharlos. Por lo mismo, los mandos militares deberían ser condecorados por el Ejército y ofrecidos como ejemplos de patriotismo anticomunista. Y aunque quienes dispararon sí deben, como dijimos, pagar por el delito de matar civiles desarmados, su sentencia –que tiene que ser dictada por un tribunal militar y no uno civil– debe tomar en cuenta el atenuante de que dispararon en defensa propia y quizás al aire, como bien dijo el señor Presidente, con la mala suerte de que en la riña tumultuaria las trayectorias de las balas pudieron extraviarse. Ya se sabe que la física actúa de maneras extrañas, sobre todo desde que Einstein demostró en NatGeo que el espacio es cóncavo y flexible y que por eso es posible viajar a través del tiempo.

Asimismo, y para calmar los soliviantados ánimos internacionales, el Gobierno debe prometer no utilizar tropa militar para reprimir descontentos multitudinarios, pero cada policía encargado de enfrentar a los revoltosos debe ir protegido por un kaibil o por un agente de inteligencia militar que lo asesore. Estos guías deben vestir siempre de civil para no provocar al comunismo que financia a los terroristas del Ministerio Público, las oenegés, los movimientos populares y nuestras propias familias (si es que algún ser querido padece la desgracia de estudiar en la USAC o en la escuela pública).

Las cosas hay que verlas con ecuanimidad. Si no, podemos caer en extremismos. O en trampas que –como la de Alaska– nos tienden los terroristas.

Mario Roberto Morales

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