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Mario Roberto Morales

Existe un pintoresco lugar en el que la cooperación internacional financia a todos los movimientos sociales, de modo que dicta los criterios del feminismo local, de la agenda homosexual, de la lucha de los indígenas, de lo que deben pensar y sentir las prostitutas, los niños de la calle, los enfermos de sida, los sindicalistas, los dirigentes campesinos y la izquierda.

También financia a los ministerios de gobierno en una miríada de proyectos dispersos, de modo que dicta los criterios del desarrollo nacional, del funcionamiento de los sistemas de justicia, electoral, penitenciario, de salud, democrático, educativo, etc., al extremo de que el poder ejecutivo no se mueve sin consultar antes y referirse luego públicamente a los jerarcas de la cooperación internacional para justificar cualquiera de las decisiones de gobierno, pues ya no existen más planes de desarrollo que los puntuales y coyunturales que deciden los organismos de financiamiento externo.

Lo mismo ocurre con los tanques de pensamiento, tanto de izquierda como de derecha, y con los esfuerzos cívicos encaminados a aliviar las heridas del largo conflicto armado que dejó a miles de personas sumidas en los síntomas del estrés postraumático y, en consecuencia, listas para ser absorbidas por la drogadicción y la delincuencia, las cuales, en un país en el que una oligarquía impide el libre desarrollo capitalista y, por ende, la gobernabilidad democrática, se tornan puertas de entrada a la economía informal, la cual incluye no sólo a las formas de trabajo casual sino también a las alternativas como el narcotráfico, el delito organizado, las maras y algunas formas de organización empresarial dedicadas a la criminalidad monopolista.

En un lugar como este, que se sostiene con remesas y narcodólares; en el que no existe el Estado ni la sociedad política tiene autonomía, y en el que la sociedad civil compite deslealmente entre sí por los financiamientos externos y se enfrasca en un activismo centrífugo, disperso, fragmentario y sin plan estratégico, resulta ingenuo, por decir lo menos, hablar de proyectos de nación incluyente, de soberanía popular, de nacionalismo, de amor a la patria, de justicia social, de libre mercado, de democracia y de libertad. ¿Cómo se puede hablar de todo esto en un territorio en el que el poder lo ejercen los intermediarios de la cooperación internacional, los capos criminales, los narcotraficantes, las maras y los empresarios mercantilistas de la oligarquía, a todos los cuales no interesa un Estado autónomo?

¿No cabría incluir al delito organizado, a las maras y a los narcos en el pensamiento político que caracterice a semejante lugar (que no país ni mucho menos nación), y reflexionar sobre la legalización de las drogas y la negociación corporativa con los criminales, quienes también manejan la seguridad pública? Y si esta idea se rechaza por demencial y en nombre de valores como la democracia, la libertad de empresa y la igualdad ante la ley, ¿cómo hacer encajar este ideario –que supone la autonomía, la soberanía y la autodeterminación del Estado— en un territorio gobernado por los mencionados poderes fácticos, que también financian a los partidos políticos? ¿Por qué seguir jugando a ignorar estos hechos innegables? ¿Por qué continuar simulando una guerra contra el narcotráfico si todos sabemos que si esa actividad cesara el sistema financiero mundial colapsaría?

Hay que pensar este lugar como lo que es, si es que insistimos en convertirlo en lo que queremos que sea.

¿Cómo se puede hablar de todo esto en un territorio en el que el poder lo ejercen los intermediarios de la cooperación internacional, los capos criminales, los narcotraficantes, las maras y los empresarios mercantilistas de la oligarquía, a todos los cuales no interesa un Estado autónomo?

Publicado el 22/08/2007 — en elPeriódico

Admin Cony Morales

Fuente: [https://mariorobertomorales.info/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Mario Roberto Morales