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Mario Roberto Morales

La Comisión Bicentenario de la Independencia de Centroamérica, de la Usac, tiene como tarea conmemorar críticamente (no celebrar) los 200 años del hecho histórico conocido como Independencia. Conmemorar críticamente significa explicarle a la ciudadanía el hecho histórico, sus causas, desarrollos y consecuencias, así como establecer las motivaciones e intereses de sus protagonistas. La Comisión inició actividades públicas en julio pasado con una serie de conversatorios sobre el levantamiento indígena de 1820, y continuó analizando otras perspectivas sobre la efeméride en agosto, de modo que para septiembre ya había logrado no sólo clarificar por qué la Independencia fue (y es) un proyecto económico y político criollo (y no indígena ni ladino), sino, sobre todo, posicionar el tema en el imaginario colectivo, pues prácticamente a nadie le interesaba la fecha a principios de este año. Con agrado vemos que el quehacer de la Comisión de la Usac es replicado por instituciones y personas dentro y fuera de la Carolina, lo cual prueba que el tema quedó ubicado en la conciencia social un año antes del Bicentenario.

El desinterés por este hecho se debe en muchos casos a nuestra endémica ignorancia e indiferencia históricas; en otros, al irracionalismo que lleva a los exaltados a descalificar lo que no coincide con sus conflictivos anhelos frustrados; y aun en otros, a que gustan celebrar con cómoda inercia algo que desde sus orígenes fue una puesta en escena para evitar una independencia de verdad y hacer sólo un simulacro que facilitara el continuismo colonial: un cambio a fin de que nada cambiara, para lo cual era necesario evitar que el pueblo se lanzara a proclamarse independiente con sus conocidos recursos de hecho. Esto queda clarísimo en el Artículo Segundo del torvo “Plan pacífico de Independencia” (que puede verse en https://www.historiagt.org/transcripciones/item/104-planpacifico) y adquiere validez políticamente vinculante en el Acuerdo Primero del Acta de Independencia. Veamos:

En el “Plan pacífico” se lee:

“Artículo 2. La aceptación del Jefe tendrá por primer efecto convocar una Junta Generalísima de los vecinos (pretexto de prevenir el desorden en caso de decidirse el pueblo a la independencia), en que solamente se les propondrá a los concurrentes voten secretamente […]”

Y en el Acta se lee:

“Primero. Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían terribles, en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.

El “Plan pacífico” fue hecho en agosto de 1821 y hallado en los archivos de la familia Aycinena por Enrique del Cid Fernández, quien lo publicó en septiembre de 1963 en El Imparcial. Pudo ser redactado por Mariano y Juan José de Aycinena junto a Pedro Molina, como guion de una puesta en escena para que la inevitable transición de colonia a república ocurriera pacíficamente y sin alterar las estructuras coloniales de poder. En él quedan fijadas todas las medidas a tomar antes, durante y después de firmar el Acta, como por ejemplo que el mismo Capitán General fungiera como primer jefe del gobierno independiente y que se simularan algarabías populares para fingir que el hecho había sido multitudinario, etc.

En dos platos: el Plan es el guion de un simulacro. Y el Acta, el simulacro de una revolución.

«Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían terribles, en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”

Fuente: [www.mariorobertomorales.info]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Mario Roberto Morales
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