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“Luzbel de piedralumbre…”

Edgar Celada

Oración, invocación o conjuro, el primer párrafo de El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, es como si hubiera sido escrito como premonición de un tiempo oscuro que habría de revivirse cíclicamente en la historia de Guatemala.

¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!…”.

Sobre la podredumbre del sistema, que no deja de supurar y poner al desnudo la gran estafa en la que se convirtió el remedo democrático republicano, tan servil, corrupto e impune como en el régimen de los 22 años de Manuel Estrada Cabrera.

Ministros de Estado saqueando las arcas públicas para “ajustar” lo de la “cooperacha” con la cual financiar los obsequios al presidente y la vicepresidenta: “Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre…”.

El sistema se hundió hasta lo más profundo y se convirtió en una amenaza para la subsistencia de sí mismo, pero también en una amenaza para los intereses de seguridad de la potencia hegemónica continental. Y por eso los vientos de cambio, la decisión de parar, corregir y rescatar el sistema llega de afuera.

En algún momento, al inicio de la década pasada, una parte de las élites políticas y sociales alcanzó a ver que el principal freno para la construcción de un régimen democrático, más o menos vivible, eran los llamados cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad (Ciacs) y, para enfrentarlos, propusieron una instancia de naturaleza especial. Así nació la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).

Una comisión internacional que, en sus primeros años, no impactó como sí lo ha hecho con el comisionado Iván Velásquez. He aquí un caso en el que la personalidad engarza con la necesidad histórica, aun cuando buena parte de esta última esté marcada por el apremio geoestratégico de Estados Unidos de desmontar el Estado capturado por las redes político-económicas ilícitas, mutación contemporánea de los Ciacs.

El desmonte de ese Estado capturado (cooptado, dice la Cicig) es lo que está viviendo Guatemala desde abril de 2015. Y parece que aún hay más. Pero el júbilo que entre muchos despiertan los jueves o sábados de Cicig-Ministerio Público, quizá no permita preguntarse ¿después, qué sigue?

Ya está en marcha: con la cancha marcada por Cicig-MP, avanza el diálogo nacional para la reforma constitucional en materia de justicia.

Más allá de los espejismos progresistas, es claro que se trata de la defensa estratégica del sistema: la restauración, más o menos maquillado, del dogma liberal-burgués de la igualdad jurídica ante la ley, y los órganos de justicia como sus primeros garantes.

Todavía falta camino en el diálogo nacional. ¿Saldrán de él los cimientos del siempre invocado Estado democrático de derecho? ¿O nos quedaremos repitiendo “¡alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!…”?

Fuente: Siglo21 [http://www.s21.gt/2016/06/luzbel-de-piedralumbre/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Edgar Celada Q.
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