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Entre deseos y propósitos

Edgar Celada Q.
eceladaq@gmail.com

En el fragor de la cohetería y la luz multicolor de las bengalas, a la medianoche del 31 de diciembre, un experimentado demócrata envió por WhatsApp este mensaje:

“Tres deseos para el año nuevo:
Pacto Fiscal
Reforma Electoral y
Asamblea Nacional Constituyente.
¡Felicidades!”.

Interesantes deseos. Pero ¿por qué deseos y no propósitos?

Conviene distinguir y ver la similitud de los términos. Desear, nos dice el Diccionario de la Lengua Española, es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. A su turno, apunta que propósito es “objetivo que se pretende conseguir”.

Tanto el deseo como el propósito interpelan al futuro. Pero mientras en uno predomina la espera, en el otro hay una voz esencialmente activa. Ciertamente, el deseo no condena a la pasividad: cuando el sujeto busca activamente alcanzar el objeto de su deseo, entonces éste se convierte en propósito.

edgar celada

Hay una dialéctica que no debe obviarse: el propósito se asocia a la posibilidad de alcanzarlo. Cuando no se apoya en una evaluación realista de los factores decisivos y las combinaciones posibles para alcanzarlo, el propósito vuelve a ser un mero deseo. En este preciso sentido, el deseo resulta lo contrario del propósito.

Dicho lo anterior, podemos ahora volver al mensaje del amigo, citado al inicio: ¿cuál de sus tres deseos puede transitar de esa primera condición a la de propósito? Esto es: de algo (pasivamente) deseable a “objetivo que se pretende conseguir”.

Los tres deseos ofrecen mucha tela para cortar, cada uno por separado y en conjunto. Podría decirse que no son excluyentes entre sí, pero un examen más detenido del mensaje obliga a preguntarse si el autor formuló sus deseos para que se cumplan en el orden apuntado. Si fuera de ese modo, deberíamos reparar en la lógica que define prelación y condicionamiento, en la realidad sociopolítica del país.

A su modo y en el breve espacio de la comunicación virtual, estos tres deseos tienen el sabor de una propuesta programática. Un punto de partida para la discusión constructiva en un amplio espectro de personas, corrientes, organizaciones, centros de pensamiento y partidos políticos auténticamente democráticos.

Debate constructivo en torno a si son esos los ingredientes esenciales de la plataforma democrática en el año político que iniciamos, o si, en cambio deben agregarse otros asuntos capaces de convocar, estimular y profundizar la voluntad de cambio de una ciudadanía indignada, cuya movilización reciente es señal clara de que, en las actuales condiciones, es realista pasar de los deseos a los propósitos.

En esta columna he venido sosteniendo, precisamente, que una de las tareas urgentes del movimiento democrático gestado a partir de abril de 2015 es dotarse de una plataforma programática para la democracia profunda, suficientemente amplia en términos de las reivindicaciones sociales que amalgame.

Ni maximalismo radical, ni minimalismo gatopardista: ambos llevan a un inmovilismo conveniente al sistema. Es urgente construir esa agenda democrática capaz de articular una amplia alianza policlasista, frente a la tozudez del proyecto neoliberal.

El burdo, alevoso y abusivo decreto de los salarios diferenciados en cuatro municipios, es una muestra de hasta dónde puede o quisiera llegar ese proyecto. Tómese nota que ese no es un paso aislado: allí está la denuncia de los técnicos y los trabajadores del Consejo Nacional de Áreas Protegidas sobre los despidos y el desmantelamiento de la institución, o la más silenciosa limpia que está en marcha en la Secretaría contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas.

La democracia profunda, acaso el propósito mayor en el año que inicia y en los venideros, implica, por lo pronto, una amplia coalición social para detener el sesgo antilaboral escogido por el statu quo como vía para sortear la aguda crisis del país.

Son comprensibles las expresiones airadas en contra de Alejandro Maldonado Aguirre (El Breve, según el atinado mote propuesto por Mario Rodríguez), como es plausible suponer que el interino hace “el trabajo sucio” a su inminente sucesor.

Pero no nos perdamos, ni el que está ni el que viene obran por sí mismos: responden al mismo sistema en cuyas entrañas se forjó el gobierno de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

Por eso es que, hablando del porvenir, la mayoría de las y los guatemaltecos debemos unirnos y organizarnos, para pasar de los deseos a los propósitos.

Fuente: [http://www.s21.com.gt/mirador-kaminal/2016/01/05/entre-deseos-propositos]

Edgar Celada Q.
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