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Soñar con que la clase política no desperdicie una coyuntura favorable a la democratización de la economía y el Estado.

Pérez Molina representa los intereses privatizadores del capital oligárquico tradicional. Baldizón, los del llamado capital emergente, de fuentes tan diversas como conflictivas. Imposible discernir cuál de los dos capitales es más perverso en sus mecanismos de acumulación, pues el primero brota de la sobreexplotación que resulta de la improductividad y el desempleo, y el otro (aunque también participa de lo mismo) se especializa en las actividades “informales”. Ambos son mercantilistas y están fusionados con la delincuencia organizada, con la que políticamente sólo procede negociar los límites de sus áreas de operaciones para que se desenvuelva “en paz”, y jamás pretender eliminar a ninguna de sus facciones, como torpemente hizo Calderón en México.

Así las cosas, explicar las alianzas que tanto uno como otro candidato están forjando resulta fácil, de modo que la polarización entre el empresariado oligárquico y el clasemediero aparece ahora tan nítidamente, que no hay por dónde perderse a la hora de establecer las “ideologías” que animan a los dos partidos que competirán en noviembre.

Sería hermoso soñar con una amplia alianza antioligárquica que incorpore a las izquierdas y las derechas convergiendo en la idea de democratizar el capitalismo local. Pero cuando uno observa las motivaciones que llevan a agrupaciones tan disímiles como Winak y el FRG, o el PAN y la UCN a unirse a Baldizón, esos sueños se vuelven de opio, pues resulta evidente que detrás de estas alianzas no existe una postura antioligárquica que oponga a la elite tradicional un proyecto económico de país a corto, mediano y largo plazo, sino que –al parecer– todos convergen con la misma mentalidad con la que la oligarquía hace política: la de lucrar como sector específico, y no la de actuar como grupo que encabece un proyecto de desarrollo que nos involucre a todos en el trabajo, el salario y el consumo.

Sin embargo, se vale soñar con que sería grandioso que el ala de izquierda no corrupta de la UNE se apoyara en los cuadros del MNR para orientar esta ensalada política en que se ha convertido la candidatura de Baldizón, a fin de convertirla en una genuina alianza amplia con el objetivo de modernizar la economía y el Estado, parando el proyecto de la oligarquía, el cual consiste en profundizar lo que empezó Arzú y continuó Berger: las privatizaciones fraudulentas de lo público (ahora encaminadas a la educación, la salud y las pensiones) y las limpieza sociales (al estilo de Vielmann, Sperissen y Giammatei), apoyado todo en los ya tradicionales grupos paralelos de poder.

Ya sé que la política consiste en practicar aquello que es materialmente posible llevar a cabo. Sé también que para forjar una alianza como la que fantaseo, la clase política local tendría que darse cuenta de que tal cosa es una necesidad histórica sentida, y también de que la coyuntura es perfecta para realizarla. Asimismo, debería saber que por ese camino habría más ricos y más asalariados en este país, con lo que los primeros beneficiados serían los pequeños, medianos y grandes empresarios, y también la oligarquía, si lograra comprender la diferencia que existe entre la plusvalía absoluta y la relativa; es decir, entre sobreexplotar una mano de obra descalificada y explotar otra, educada, cuya productividad sería superior a la de la primera.

Pero ni nuestra clase política ni nuestro empresariado no-oligárquico logran entender esto. Y la oligarquía, menos. Qué lástima. Porque –como dije– la coyuntura es perfecta.

Mario Roberto Morales
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