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Si se quiere someter a una crítica implacable el presente, hay dos caminos. Uno de ellos es mirar hacia el futuro buscando fuerzas en el presente para superarlo. Otro camino es mirar hacia atrás e idealizar  lo que existía en el pasado.  El primer camino  es el de la crítica revolucionaria, el segundo es el de la nostalgia reaccionaria.
Similares alternativas se nos presentan en la Venezuela actual. Podemos criticar la situación actual de dicho país  destacando aquellos rasgos inerciales del pasado a efecto de que nuestra crítica esté cargada de futuro. En medio del proceso revolucionario que hoy  se observa en Venezuela, existen rasgos que forman parte de su pasado: la emergencia de la “boliburguesía”, un grupo empresarial crecido merced a la corrupción, tráfico de influencia y cobijo de sectores del gobierno actual; la perseverante dependencia con respecto a la renta petrolera; la existencia de inercias autoritarias en sectores o personalidades en el gobierno; las reticencias en la cúpula del partido gobernante, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con respecto a la participación autónoma de los sectores subalternos; la persistente corrupción en el Estado; los eventuales excesos verbales del comandante Hugo Chávez Frías. También existe la crítica a la Venezuela actual sustentada en la nostalgia reaccionaria. Se asienta en la idea de que la democracia liberal y representativa que vivió dicho país hasta antes de 1999, era mejor que la democracia protagónica y participativa que hoy se está construyendo en la patria de Bolívar.
He aquí el mito de la democracia prechavista, aquella que nació con el Pacto de Punto Fijo (PPF) en octubre de 1958. Dicho pacto tuvo un pecado original: el haber sido excluyente y el estar en la lógica anticomunista de la guerra fría. El PPF pudo darse porque una coalición de partidos, Acción Democrática de Rómulo Bethancourt, el democristiano Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) de Rafael  Caldera, la Unión Republicana Democrática (URD) de Jovito Villalba y el Partido Comunista de Venezuela (PCV), unieron fuerzas con sectores  empresariales y populares para derrocar en enero de 1958 al dictador Marcos Pérez Jiménez. En el PPF el PCV fue excluido, y en 1960 también lo fue la URD. AD también hizo  una purga interna y excluyó a su ala izquierda, la que después fundaría el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV) dominada por  AD y COPEI, la purga también fue feroz y fueron excluidos el PCV, MIR, URD y una nueva disidencia de AD, la ARS.
Con estos hechos la democracia nacida del Pacto de Punto Fijo comenzaba a desvirtuarse. No obstante ello, la renta petrolera   hizo posible un modelo desarrollista y los venezolanos pudieron tener una calidad de vida mejor que la de muchos otros latinoamericanos (la “Venezuela Saudita”).  Fue posible que el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) hiciera medidas como la política de pleno empleo y la ley contra despidos injustificados, muy bien recibidas en los sectores sindicales. Por ello cuando Pérez asumió su segundo período presidencial (1989-1993) el pueblo venezolano tuvo grandes expectativas que rápidamente fueron destruidas, pues el flamante presidente inmediatamente comenzó a aplicar las recetas neoliberales del Consenso de Washington. El resultado fue la sublevación de febrero de 1989 conocida como el “Caracazo” que fue controlada a través de un baño de sangre cuyas cifras todavía son debatidas. Si nos horrorizamos con las noticias de muertos civiles en Libia en este momento, igualmente nos deberíamos horrorizar ante las 400-500 personas que  el gobierno de Carlos Andrés Pérez asesinó para controlar la rebelión antineoliberal. Pérez terminó sumido en un escándalo por malversación y peculado por 17 millones de dólares y tuvo que ser separado del cargo  cuando la Corte Suprema de Justicia dio lugar a un antejuicio. La democracia  del pacto de Punto Fijo tuvo su última oportunidad con la elección de Rafael Caldera (1994-1999) quien ganó las elecciones  prometiendo una política apartada del neoliberalismo. Caldera igualmente defraudó a sus seguidores al seguir sujeto a los dictados neoliberales.
En suma, la democracia prechavista se asentó en la exclusión. Al asumir el neoliberalismo desvirtuó en el pacto social que la había hecho nacer.  No fue ajena al ejercicio brutal de la violencia de estado, a  una corrupción creciente y estafó a la creciente mayoría de votantes que no querían al neoliberalismo en Venezuela. Tales fueron los hechos que terminarían  haciendo nacer al poderoso movimiento social y político que llevó a Chávez a la presidencia en 1999.

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra. Sociologo especializado en el tema de violencia política, terrorismo de estado, procesos políticos latinoamericanos. Autor de libros y artículos sobre esos temas.
Carlos Figueroa Ibarra
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