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Brevísima síntesis sobre la validez actual del sueño de Arbenz y la necesidad de derrotar a la derecha golpista.

La gesta del 20 de octubre de 1944 puso a Guatemala en un rumbo definido de desarrollo capitalista autónomo, mediante la consolidación de una base productiva basada en la pequeña propiedad agrícola y la industrialización del agro y de sus productos. Esta habría de ser a su vez la base de un mercado interno fuerte que mantendría la economía creciendo en condiciones capitalistas más democráticas que bajo un régimen oligárquico, pues implicaba incluir a toda la ciudadanía en el empleo, el salario y el consumo.

Las vías del desarrollo capitalista son dos. Una, es la vía de la pequeña propiedad agrícola cuyo producto y cuyo sistema productivo se industrializan, generando cada vez más empresarios y empleados. Es el modelo estadounidense, el taiwanés y, en nuestro medio, el de Costa Rica. La otra vía es infinitamente más lenta e injusta; se le llama vía oligárquica porque se basa en el gran latifundio que expulsa de la tierra a los campesinos mediante la absorción paulatina de los minifundios, forzándolos a trabajar por bajos salarios, con lo que jamás se consolida un mercado interno de producción y consumo, sino sólo se fortalece el pequeño grupo familiar que posee la tierra por despojo y en fraudulenta propiedad, lo cual garantiza que la mayoría ciudadana equivalga a una pobrería en permanente proceso de depauperación. Esta es la vía que Guatemala adoptó con la Revolución Liberal de 1871 y que la Revolución Democrática de 1944 quiso cambiar por medio de la pequeña propiedad agrícola, para lo cual compro tierras ociosas y las repartió a campesinos.

En el marco de la Guerra Fría, esto bastó para que el intento fuera calificado de “comunista” y se justificara la intervención estadounidense que, con la anuencia de la oligarquía y la participación de un sector traidor del Ejército nacional, perpetró el golpe de Estado que derrocó al presidente Arbenz en 1954, violentando así el Estado de Derecho. En esa fecha, la trayectoria económica de Guatemala hacia la modernidad se truncó, la oligarquía retomó el poder e instauró un Estado militar-oligárquico ante el cual la lucha armada y la guerra popular fueron la única respuesta política posible, dadas las condiciones dictatoriales bajo las que vivía la población.

El proceso de modernización política y económica truncado en 1954 es el origen de todos los males que aquejan al país en la actualidad. Por eso, es obvio que las luchas populares del presente se vinculan con la gesta de octubre y que el objetivo de las mismas sigue siendo el de entonces: la democratización del capitalismo y la refundación del Estado democrático como una institución fuerte y por ello capaz de impulsar el interés nacional en materia económica, educativa y cultural, garantizando la igualdad de oportunidades, la libre competencia y la ausencia de prácticas monopolistas.

Bill Clinton vino a Guatemala y pidió disculpas a nuestro pueblo y gobierno en 1999, porque aceptó que 1954 marca el inicio de la frustración política que tiene a este país de rodillas ante su impotencia, su baja autoestima y su ignorancia creciente; debido todo al retroceso de las instituciones democráticas y del sistema educativo que impuso el régimen militar-oligárquico que aplastó al país durante la segunda mitad del siglo XX.

Por trunco y postergado, el gran proyecto de la Revolución de Octubre está vigente. Su único enemigo es la misma derecha golpista de entonces, que ahora aplaude al fascismo hondureño y la intentona magnicida en Ecuador. Tenemos que derrotarla.

Autor: Mario Roberto Morales.

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