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Pobreza y neoliberalismo

Jaime Barrios Carrillo

Las dos últimas décadas demostraron, rotundamente, que el neoliberalismo es inviable en América Latina para superar la pobreza.

Samir Amin, economista egipcio, estudioso del desarrollo y subdesarrollo, también conocido como crítico del comunismo soviético, comparó al neoliberalismo con un virus letal del cual la humanidad afortunadamente logró recuperarse.

La enfermedad neoliberal se reconoce por las ronchas del mercado “autorregulado” y las privatizaciones a ultranza, y con ellas el fin del papel del Estado en la economía y los asuntos sociales, reduciéndolo a sólo dos funciones: seguridad y justicia (pero sin tomar en cuenta la justicia social).

Otro economista (y premio nobel), el norteamericano Joseph E. Stiglitz, considera que “el fundamentalismo de mercado neoliberal siempre ha sido una doctrina política que sirve a determinados intereses. Nunca ha estado respaldado por la teoría económica. Y tampoco está respaldado por la experiencia histórica”.

Pero lo peor para Stiglitz son las consecuencias de las políticas neoliberales: “está claro quiénes son los perdedores: aquellos que siguieron políticas neoliberales, que no solo han perdido la lotería del crecimiento, sino que cuando esos países crecían, los beneficios iban a parar desproporcionadamente a las clases más altas”.

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La falta de equidad en la distribución de la riqueza, socialmente creada pero privadamente distribuida, ha alcanzado niveles inaceptables en Guatemala.

La pobreza aumentó en contraste con la concentración de mayor riqueza en menos manos en nuestro país. Y es origen de la violencia, la inseguridad e incluso la corrupción. Porque la pobreza tiene causas y también efectos. La teoría de la autorregulación del mercado como único mecanismo creador de bienestar ha colapsado en todas partes.

El neoliberalismo tampoco puede ni quiere ver las consecuencias nefastas para el medioambiente, causadas por la falta de regulaciones. Hasta han llegado a negar fenómenos comprobados como el recalentamiento global.

En cuanto a políticas públicas, el neoliberalismo se aplicó plenamente en el siglo pasado en el continente con negativas consecuencias.

Sería una actitud de ceguera y exacerbado sectarismo seguir disfrazando los fracasos con la machacada excusa de que “no fue el neoliberalismo, sino el mercantilismo”. Y que el “Estado benefactor” es algo perverso y negativo, es decir los neoliberales eliminan (por ingenuidad o por cinismo) el concepto del “bien común”.

Las regulaciones para combatir el proteccionismo comercial, los monopolios, la especulación financiera y la asignación asimétrica de recursos, así como el necesario aumento de impuestos para el gasto y los programas sociales, se tornan urgentes para asegurar la equidad y enfrentar la crisis social y económica.

Sería garrafal seguir esperando que la brecha entre riqueza y pobreza la arregle la “mano invisible” a través del “derrame” de la riqueza creada. Porque el único derrame que se dio es el “cerebral” de los teóricos y corifeos neoliberales.

 

Jaime Barrios Carrillo
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