Los siete pelos del diablo

Jaime Barrios

Quiero retomar ahora que se acerca el último mes del año una leyenda del Perú compilada por el célebre Ricardo Palma. Se trata de los siete pelos del diablo, los cuales representarían, de alguna manera, a los pecados capitales. Es una simple analogía. No voy, desde luego, a repetir el cuento de Palma, sino me permito utilizarlo para hacer un parangón guatemalteco. Pero los pelos no los tendría el demonio chapín en el bigote, como escribe el peruano, sino, y esto es terrible, en la misma lengua.

El primero es la mentira. Aquí se incluyen los crímenes de estafa, peculado, corrupción, demagogia e incumplimiento de las leyes. El segundo pelo representa la gula y la actitud lujuriosa ante todo (el lujo como pecado o falla humana); es decir, consumir materialmente gracias a una riqueza muchas veces mal habida, la que no se comparte en un país donde hay gente hambrienta. Hay miles de niños que padecen desnutrición, según las estadísticas oficiales y de las organizaciones internacionales. En este pelo incluimos también el licor y la manera despiadada de cómo un sector de la oligarquía lucra con el alcoholismo generalizado en el país. Hay que consumir en cambio más poesía, más cosas espirituales, más cultura, más libros. Un tercer pelo en la lengua del diablo nacional es la soberbia.

“Cada mañana ante al espejo controlémonos la lengua, para asegurarnos que no tenemos ni un solo pelo.”

El abuso del poder. El autoritarismo secular. La visión exclusivista y racista del mundo, o sea la discriminación, la exclusión, el desprecio por el prójimo. La codicia es el cuarto pelo. Significa la actitud y el comportamiento exacerbados para hacerse de riquezas a como dé lugar. A defender lo material por encima del valor de la vida. En otras palabras: rendirle culto al vellocino de oro. “Cuánto tenés, cuánto vales”, es el lema de los codiciosos. El quinto resulta ser la violencia. El pelo que azota diariamente a la sociedad guatemalteca. Un pelo ensangrentado que no tiene piedad ni conciencia. Es el origen de la cultura de la muerte. De pensar que la muerte es una solución para problemas o desacuerdos. Pero también tiene que ver con la cultura agresiva del chapín, agresividad en la palabra, el acto y el pensamiento La envidia es el sexto pelo del diablo. No permite la amistad sincera ni el trato humano que enaltece. Es origen de la hipocresía, la intriga, la competencia desleal.

El último pelo es el peor, el más dañino: EL EGOÍSMO. No permite que los guatemaltecos sean solidarios ni justos ni que respeten el derecho ajeno (incluyendo lo público y lo colectivo). La ideología del egoísmo ha penetrado la mente chapina y se ha posesionado de muchos que proclaman en los medios y en las universidades que el egoísmo es bueno, que el ser humano solo actúa motivado por sus intereses egoístas. Cada mañana ante el espejo controlémonos la lengua, para asegurarnos que no tenemos un solo pelo. Si hubiera uno o varios debemos proceder a quitarlos de inmediato, por doloroso o incómodo que parezca. Vale la pena porque solo cuando no se tienen pelos en la lengua se puede verdaderamente hablar.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/11/los-siete-peloso-del-diablo/]

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