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Irmalicia Velásquez Nimatuj

Quienes aún podemos abrir los ojos y sentir el latido de nuestro corazón, estamos siendo testigos a nivel mundial de la pérdida de personas que en su mayoría están entre los 70 y 90 años. Son las generaciones que nacieron en las décadas de 1920 a 1940.  Y que están marchándose sin poder decirle adiós a sus seres amados, se están yendo sin sentir el calor de un abrazo, sin poder tener alrededor a su descendencia, bendecirlos y saber que es hora de partir.

Esta pandemia provocada por un virus poseedor de una corona que, termina haciéndole honor a su nombre, está mostrando, por primera vez en la historia de la humanidad, lo vulnerable que es la especie humana en conjunto. En un mundo conectado estamos siendo testigos que al final la humanidad no podrá contra la reacción de la naturaleza y que sin importar la condición de clase social que se haya heredado o alcanzado, el país en donde se haya nacido o se viva, la formación adquirida o lo que se haya aportado desde cada espacio que se pudo, el final termina siendo dramático para quienes han sido contagiados, no solo por el desgaste físico que implica la enfermedad sino porque se muere solo, absolutamente solo, sin ningún tipo de asistencia para evitar el contagio.

Quienes seguimos vivos, estamos observando la cosecha de la maldición que el sistema económico voraz e inhumano ha sembrado en casi todos los países del mundo a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta 2019, que ha implicado el arrasamiento de los bosques, el destierro de miles de comunidades, la aniquilación de los hogares de miles de especies de animales que son claves para mantener el equilibrio de los sistemas de vida, la destrucción de la flora o el trasplante de miles de ellas a lugares en donde no pertenecen, entre muchas otras acciones.

El resultado de esa cosecha, hoy materializada en el contagio y la muerte imparable no terminará aquí, el coronavirus será detenido de una u otra forma, dado que instituciones de investigación, junto a las farmacéuticas que controlan el mundo están en una carrera para crear la vacuna, sacarla al mercado y hacerse más ricos. Sin embargo, el problema al final ya no es ese, el problema radica, en que el daño a la madre tierra es de tal magnitud que el coronavirus que tiene paralizado al mundo es al fin de cuentas, solo el preludio del futuro que le espera a quienes sobrevivirán y tendrán que enfrentar y vivir con pandemias cada vez más constantes.

Ante esto, la pregunta es: ¿Cuántas pandemias como ésta podrá soportar la humanidad?

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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