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Jaime Barrios Carrillo

Introito: En la caverna guatemalteca juegan güija Maximón con un maniquí de Adam Smith y un general chapín parecido a Mussolini aunque más bajito. Observan un togado tuerto y un diputado plagado de cleptomanía. Invocan al fantasma de Joseph MacCarthy mientras afuera la historia desfila. “En esta republiquita solo vemos sombras” dice Maximón y agrega: “El aristócrata Platón sería fusilado aquí por comunista”. 

Porque ahora si hubo prisa y no el tortuguismo para nombrar nuevas cortes. La Corte Suprema coaligada con el Congreso dio zarpazo cantado: nombramiento contrarreloj de Roberto Molina Barreto como magistrado en la Corte de Constitucionalidad. Este abogado está vinculado a militares como Pérez Molina, a quien blindó cuando fue magistrado de la CC, y Ríos Montt, a quien absolvió de genocidio. Cercano a “kaibiles honorarios” como Jimmy Morales y defensor del operador de elecciones Gustavo Herrera. Una metáfora del antropólogo norteamericano Richard Adams: Guatemala neoliberal crucificada por el poder de licenciados y militares. 

Nuestra historia está marcada por intrigas de empresarios que pactan con la clase política aliada a las mafias y sus alfiles o caballos militares, como quiera verse el ajedrez. De Arana a Galdámez. Sin olvidar jurisconsultos con diplomas pero sin ética. 

¿Han sido siempre corruptos los abogados y soportes del militarismo genocida? Por supuesto que no, ha habido y hay abogados con genuinas inquietudes sociales y políticas. Justo recordar a los vilmente asesinados Rolando Andrade Peña, Jorge Jiménez Cajas, Abel Lemus entre muchos. Dijo Augusto Monterroso: la censura en Guatemala puede ser una bala en la cabeza.

¿Y los políticos? También ha habido otra clase, con calidad moral en medio siglo de corrupción y represión. Los abogados socialdemócratas Manuel Colom Argueta, Adolfo Mijangos, Francisco Villagrán Kramer, Mario Tello, Alfredo Balsells Tojo, Américo Cifuentes y otros, fundaron en los sesenta el embrión del Frente Unido de la Revolución FUR. Tomaría 18 años la inscripción por obstáculos maliciosos.

Retrocedamos a un lejano 13 de enero de 1971. Pasadas las siete de la noche recibía el alcalde capitalino Manuel Colom Argueta una llamada. Se puso lívido, apretando el auricular preguntó si estaba confirmado. “Si, lo acaban de matar”. Hacía dos semanas con Adolfo Fito Mijangos se habían deseado Feliz Año terminando con la expresión: “Cuídate mucho”. ¿Por qué habrá que cuidarse tanto en Guatemala? ¿Quién los vigilaba? 

Colom fue de inmediato al lugar del crimen. Recordaría en el camino a Fito hablando en italiano pues aquel había hecho una maestría en Florencia. Vendrían a la mente conversaciones sobre Gramsci. Sobre el presente y futuro del país. Y las veladas cantando Bella Ciao, acompañados de Cleo, la esposa de Fito. 

Fito nació en Xelajú, creció en la capital y estudió en Europa. Chivo universal, apasionado de la lectura y políglota que leía en inglés, francés e italiano. Y un hombre alegre a pesar de la parálisis. Su amigo uruguayo Eduardo Galeano lo dibuja: “Le gustaba cantar, saludar la vida: no tenía piernas para bailar pero batía palmas alegrando las fiestas”. 

El escritor José Mejía y el poeta Antonio Brañas tenían la librería Homero y compañía enfrente de la Facultad de Derecho, entonces en el Centro, donde Mijangos ejercía cátedra. Pepe le llevaba las novedades a su cubículo. Además del derecho tenía interés por la literatura: Asturias, Fuentes, García Márquez. Y no era solo un comprador asiduo sino un conversador cultivado, dice Pepe desde París.

Colom Argueta tendría ese 13 de enero sentimientos encontrados: incertidumbre, arrebato, pena. Meses después en entrevista concedida a Víctor Perera del The New York Times cuando este le preguntó sobre Mijangos no dudo en responder que “había perdido a su mejor amigo”. Y Guatemala a un abogado y político singular por su fervor y probidad. 

Fito estaba en las listas de la muerte de la Mano Blanca. Se resistía a creer que llegarían tan lejos: “no se atreverán a matarme, dada mi condición física”. Por desgracia estaba equivocado. 

Cuando hacía su doctorado en la Sorbona parisina cayó de un balcón rompiéndose la médula espinal, con consecuencias de paraplejía irreversible en las piernas. No obstante terminó el doctorado y superó su condición de minusválido mediante el trabajo intelectual y político en el cual lo acompañó siempre su esposa Clotilde Agulló.

Aquel fatídico día de enero afuera de su despacho, sicarios con sueldo del Estado lo mataron cuando entraba a su Peugeot con ayuda del chofer Vinicio Ramírez quien salió herido. Lo acribillaron por la espalda. Eduardo Velázquez Carrera señala:

“Hubo en nuestro país, “hombres” con la sangre fría de asesinarlo en su silla de ruedas, la cobardía de asesinar a alguien que no puede defenderse. Al parecer eran miembros del Ejército de Guatemala…”.

Meses antes había sido agredida la Comisión de la San Carlos que revisaba el tratado con la EXMIBAL, dispuesta a vaciar el níquel del país a cambio de regalías exiguas y millonarios sobornos al régimen de Arana. Fito estaba en la comisión con los abogados Julio Camey Herrera y Alfonso Bauer Paiz y el economista Rafael Piedrasanta. Fueron baleados a excepción de Fito y Piedrasanta, falleciendo Camey Herrera y herido Poncho Bauer se exilió en México y Piedrasanta en Costa Rica. 

Fito se quedó en el país contra todos los consejos, continuando la lucha en el Congreso que presidía un fanático anticomunista con título de abogado. Era fundador de la Mano Blanca. Se llamaba Mario Sandoval. Al Pacto de Corruptos de entonces le sulfuraba la retórica humanista de Fito. Tenían una aplanadora en el Congreso pero había que acallar su voz. Los fascistas eliminan al que no piensa como ellos.

El presidente Arana ordenaba la represión con asesores como el abogado Efraín Nájera Farfán. Su ministro de Gobernación, abogado Jorge Arenales, denegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos una inspección in situ por las ejecuciones extrajudiciales. En cambio el régimen estigmatizaba las denuncias como un complot de comunistas para dañar la imagen del país. El cuento de los “malos guatemaltecos”.

Américo Cifuentes en sus Memorias, libro recomendable, incluye el trabajo legislativo de Fito. Impresiona su conocimiento de mecanismos parlamentarios. Fito veía a la Constitución del 65 como un producto militar hecho en Estado de sitio. Fue concebida por el abogado capitalino Jorge Skinner, constituyente por Quiché nombrado a dedo por la junta militar. ¿Visitaría este señor alguna vez ese departamento?

El terremoto de 1976 desnudó la vulnerabilidad del país, las catástrofes golpean a los pobres. Los políticos medran con ellas. Pero no todos. Dos semanas después del sismo asesinan a un líder del FUR, el abogado Rolando Andrade Peña. Había asumido la asistencia a los afectados por el terremoto que asentó en terrenos donde la familia del expresidente Arana tenía intereses. La sombra del Chacal seguía azotando el país.

Una nueva llamada trágica. Esta vez a Italia donde Manuel Colom Argueta se había trasladado por amenazas de muerte. Aunque ya habían tratado de matarlo toma la decisión de regresar para quedarse. Ese era Meme. Tres años después, 22 de marzo de 1979, tras lograr la inscripción de su partido FUR fue asesinado por comandos dirigidos desde un helicóptero por el general David Cancinos, según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Perpetrado según un archivo desclasificado de la CIA por el Comando Seis del esbirro Pedro Arredondo, condenado por la masacre de la embajada española, bajo el mando del sanguinario abogado Donaldo Álvarez, ahora prófugo. El magnicidio de Colom es la heroica crónica de una muerte anunciada.

Eran otra clase de abogados. Y de políticos. Comprometidos con la ley y el país. Opuestos al pacto de corrupción de empresarios, políticos, militares y licenciados que aún pone magistrados y domestica presidentes. Capaces de manipular los medios de la democracia formal para sus fines, como uso de las cortes para judicialización de la política, o métodos perversos que han ido en este medio siglo del asesinato a la estigmatización de comunista. Los dueños del circo tuvieron un payaso. Ahora poseen una fiscal autoproclamada abogada que vigila. ¿A quién?

Una metáfora del antropólogo norteamericano Richard Adams: Guatemala neoliberal crucificada por el poder de licenciados y militares. 

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Jaime Barrios Carrillo
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