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Carlos Figueroa Ibarra

El sábado 7 de noviembre  sectores de la ultraderecha guatemalteca llamaron a hacer una cadena de oración. Llamaron a elevar plegarias al cielo para que  Dios no permitiera la derrota electoral de Donald J. Trump. Confirmé entonces que la derecha, aun la extrema, tiene un sentido unitario inclusive a nivel transnacional. La izquierda muchas veces actúa en sentido contrario. El caso de César Montes, hoy encarcelado en el antiguo Cuartel de Matamoros, me ha revelado una vez más una y otra cosa. En una sintonía asombrosa, las redes sociales que usan las derechas han difundido extensamente el beneplácito por el encarcelamiento del antiguo comandante insurgente. El linchamiento virtual lo pinta como un asesino desalmado que merecería pasar el resto de sus días  en prisión. César aparece como un asesino de soldados, como organizador de grupos paramilitares, invasor violento de tierras. En suma como un bandido de alta peligrosidad. A esa imagen han contribuido alguno que otro artículo proveniente de gente de izquierda que lo ha acusado de tener sicarios bajo su mando.

Es falso todo lo que se le ha endilgado a César Montes. El fuego a granel que se le lanza tiene que ver con los campos de batalla en los cuales la derecha no ha salido  bien librada: la memoria, la verdad y la justicia. Habiendo ganado la guerra interna gracias a un  baño de sangre, la derecha ha venido perdiendo la guerra en los tres terrenos de combate aludidos. La teoría de  los dos demonios, que equipara a guerrilla y ejército como igualmente sanguinarios, ha sido derrotada. Nacional e internacionalmente es sabido que las fuerzas armadas y policiacas guatemaltecas fueron las causantes del 95% de las violaciones a los derechos humanos que se cometieron durante el conflicto interno. Varios integrantes de las policías y ejército han sido condenados por crímenes de lesa humanidad. Ríos Montt fue condenado por genocidio en un juicio que resultó paradigmático a nivel mundial. No en balde ya hay quienes con ropaje académico, intentan reescribir la historia de Guatemala para desmantelar lo que ahora se acepta como la verdad histórica.

César Montes es la primera víctima expiatoria de la guerra ideológica que busca revertir los reveses en la memoria, la verdad y la justicia. Si la derecha tiene éxito en este primer embate por construir otra memoria y otra verdad, los ánimos de venganza se cebarán en otros chivos expiatorios en el terreno de la justicia. Giammattei dijo que uno de sus objetivos prioritarios este 2020 era la captura de César Montes y  anticipadamente lo declaró culpable. ¿Por qué no ha sido objetivo prioritario del gobierno guatemalteco la captura y extradición de Donaldo Álvarez el asesino ministro de gobernación de Lucas García? Sabe muy bien el gobierno que Álvarez vive escondido en alguna de las ciudades de México. Viejo, enfermo, ese victimario está olvidado por sus patrocinadores. Pero ese olvido  es también impunidad. Se advierten entonces, las dos varas en la justicia guatemalteca. Y surge el temor a un juicio con una condena anticipada.

César Montes es la primera víctima expiatoria de la guerra ideológica que busca revertir los reveses en la memoria, la verdad y la justicia.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
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