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Es la crisis del sistema…

Edgar Celada

A una semana del enésimo destape de casos de corrupción por el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, sorprende la lluvia de posicionamientos llenos de corrección política, incluidos los de muchos “columnistas orgánicos”, beneficiarios y corifeos del sistema puesto al desnudo.

Vemos las reacciones de quienes fingen demencia o navegan con bandera de pen… sadores ingenuos, de quienes sinceramente siguen atrapados por el discurso liberal-democrático-republicano y de otros anclados en un moralismo complacido con atribuir lo ocurrido a los “malos guatemaltecos”. En medio de esa diversidad hace falta rascar profundo, para no quedarnos en la superficie.

Van en una línea de interpretación oportuna quienes nos recuerdan los orígenes contrainsurgentes de lo que, después de los Acuerdos de Paz y de forma eufemística se denominó “cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad” (Ciacs), evolucionados hacia lo que la Cicig de Iván Velásquez conceptuó como “redes político-económicas ilícitas” (RPEI) y de los cuales el Partido Patriota y su red de soportes empresariales constituyen el ejemplo perfecto.

Pero aun considerando aquel origen histórico-concreto, con nombres, apellidos y fechas precisas (véase, por ejemplo, el trabajo de quien escribe “Los Ciacs o la arqueología de un eufemismo” en Revista Análisis de la Realidad Nacional, No. 12, accesible en http://ipn.usac.edu.gt/wp-content/uploads/2015/08/IPN-RI-12.pdf, o la columna de Marielos Monzón, “Ciacs, de dónde vienen”, publicado ayer martes en Prensa Libre), es necesario ir más al fondo y preguntarse sobre la relación entre el Estado capturado (cooptado, dicen MP-Cicig) por las RPEI y el conjunto del sistema, especialmente con su sustrato económico-social.

Menudean los señalamientos al monopolio de la TV abierta, a su cara política visible, el diputado Luis Rabbé, y a su cara empresarial (no tan visible pero conocida), Ángel Remigio González, por su documentada relación con el PP, Otto Pérez Molina, Roxana Baldetti y conexos. También quedaron en evidencia prominentes banqueros, ahora prófugos. Pero ¿son solo ellos o es el sistema?

Abunda la reprobación “moral” por los negocios “sucios” destapados. Pero, ¿no es igualmente inmoral un sistema que deprime los salarios manteniendo al 75 por ciento de la fuerza laboral subsistiendo en la “economía informal”, y aún así promueve los “salarios diferenciados” y se hace de la vista gorda respecto de las plantaciones donde se paga a los jornaleros la mitad del salario mínimo legalmente establecido?

Es necesario, pues, conectar unos abusos con otros: todos son funcionales al sistema depredador, del que han sacado ventaja unos pocos a costa del sufrimiento, el hambre y el sacrificio de las mayorías.

Es este sistema el que está en crisis, como bien sugiere una de las convocatorias de Justicia Ya para la manifestación del próximo sábado #11J. Pero: ¡No se trata de administrar la crisis, sino de cambiar el sistema!

Van en una línea de interpretación oportuna quienes nos recuerdan los orígenes contrainsurgentes de lo que, después de los Acuerdos de Paz y de forma eufemística se denominó “cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad” (Ciacs), evolucionados hacia lo que la Cicig de Iván Velásquez conceptuó como “redes político-económicas ilícitas” (RPEI) y de los cuales el Partido Patriota y su red de soportes empresariales constituyen el ejemplo perfecto.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/06/la-crisis-del-sistema/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Edgar Celada Q.
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