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Mario Roberto Morales

Bolivia y Guatemala este 20 de octubre

Igual que Morena en México, el MAS en Bolivia no fue víctima de fraude electoral el pasado 18 de octubre por la abrumadora cantidad de votos obtenidos. Detrás de esto se encuentra la organización política paciente, perseverante y convencida de una indiscutible verdad: el pueblo organizado no tiene rival posible.

Después de la honda decepción de hace un año, cuando sentimos que Evo Morales había caído demasiado fácilmente y además se evidenció la debilidad de su gobierno en materia de seguridad y control gubernamental de las fuerzas armadas, hoy el MAS vuelve al poder gracias a la organización popular, a las alianzas inteligentes y a la capacidad de sus cuadros políticos de generar movilización. El fascismo se hunde en Bolivia, la ultraderecha se ve obligada a reconocer el triunfo en la primera vuelta, aun sin resultados oficiales y, con todo, se le devuelve a las luchas populares de los países multiculturales de América Latina la certeza de que sí se puede consolidar el poder popular y cambiar de raíz el fallido capitalismo oligárquico que, más que producir, se dedica a fabricar pobrerías emigrantes y a saquear el Estado por medio de su asociación con el delito organizado y su control sobre el sistema de justicia y sobre los ejércitos nacionales: esos que se niegan a cambiar la doctrina geopolítica de la seguridad nacional por la de la seguridad democrática y que ―para regocijo de la industria armamentista― confunden convenientemente defensa externa con seguridad interna.

Sin duda, el MAS tendrá que ajustar su control sobre las fuerzas armadas de Bolivia. Hace un año dijimos que, al parecer, Evo no había aprendido la lección que tan bien asimiló el Che en la Guatemala de 1954 y que hizo que Fidel aplicara en Cuba: reemplazar al viejo ejército de la dictadura con uno de la revolución. Como se sabe, esta fue la piedra de toque de la exitosa defensa de la revolución cubana ante los embates que sufrió en sus primeros años. Arbenz no alcanzó a comprender esta necesidad básica de una revolución democrática y el precio que pagó fue el que pagamos todos los guatemaltecos: la derrota política, la frustración democrática y la represión oligárquico-militar desde 1954.

El sonoro fracaso y evidente retroceso del neoliberalismo en el mundo y, en especial, en América Latina, es propicio para el regreso de las fuerzas populares al control de los gobiernos latinoamericanos después de los golpes de Estado blandos y las revoluciones de colores que en el pasado reciente obedecieron al guion de Gene Sharp y a los financiamientos de Soros. Argentina lo hizo. Ahora, Bolivia. Sería de esperar que sigan Ecuador, Chile y Brasil. Para Guatemala, el caso de Bolivia vuelve a subrayar la urgencia de crear un instrumento político partidario que impulse un amplio proyecto nacional-popular interclasista e interétnico ―no indianista ni indigenista― y la fundación de unas fuerzas armadas al servicio de todos y no sólo de una élite oligárquica y de un sistema económico disfuncional.

Para que aquí el pueblo gane una elección y la derecha no pueda perpetrar fraude electoral, lo debe hacer con una inmensa cantidad de votos, y eso sólo se logra mediante la incansable organización, concientización y movilización del pueblo. Esto, junto a la creación de un instrumento político partidario que se constituya en interlocutor alternativo a la oligarquía ante las potencias de la multipolaridad global, asegurará por fin la genuina democracia que anhelamos desde 1954.

Fuente: [www.mariorobertomorales.info]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Mario Roberto Morales
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