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Carlos López

  Me gustaría pensar que todo lo que
he publicado es un homenaje a Borges.

Augusto Monterroso

I

1921

Tegucigalpa, Honduras, Centroamérica, donde «no hay economía: sólo malas pasiones», 21 de diciembre: pega el primer grito -al descubrir, como decía Shakespeare, que estaba llegando «a este gran teatro de actores locos»- el segundo hijo de Vicente Monterroso (guatemalteco) y Amelia Bonilla (hondureña). Cuatro años antes había nacido César, que se fue a México a estudiar canto; cuatro años después nace la más pequeña de los tres hermanos, Norma, que también se fue a México, junto con su madre y Tito, en el primer exilio de éste. Muchas veces oyó a su madre hablar «con tristeza de otros dos hermanos previos que habían fallecido siendo muy niños, y cuyos nombres no recuerdo ni vi nunca en ningún documento», recuerda Tito. Sus abuelos fueron Antonio Monterroso y Rosalía Lobos, guatemaltecos, y César Bonilla y Trinidad Valdés, hondureños. El general Antonio Monterroso, comandante de armas de Puerto Barrios y protector del poeta marihuano Miguel Ángel Osorio -más conocido como Porfirio Barba Jacob, el mismo que afirmaba que lo único bueno de Chilpancingo eran las pozolerías y la supercarretera que había para salir huyendo de ese lugar tan feo-, lo castiga cuando apenas tiene cuatro años, porque el niñitito hace la observación, delante de varios comensales, a un distinguido visitante, militar también, de que es de mala educación usar el cuchillo como tenedor, pues el individuo se llevaba la comida a la boca con este instrumento que, por lo general, se utiliza para cortar en la mesa y acuchillar en las calles. La foto del niño regañado aparece en la portada de la primera edición de Los buscadores de oro y el gesto de Tito es igual al que hace a sus 79 años cuando está molesto-preocupado-desesperado. Aunque nació en la tierra del unionista Francisco Morazán, Tito declaró: «Soy, me siento y he sido siempre guatemalteco»

     

1932

Comete el primer acto extremo, lúcido y libre de su vida: por pobreza, aburrimiento, pereza y miedo a los exámenes, además de los reglazos, coscorrones y tormento chino -el li-cheng, que consiste en alzar en vilo a alguien de la cabeza, con los pulgares apoyados en las sienes- que le propinaba su maestro, abandona para siempre la escuela sin haber terminado el quinto año de primaria. Desde entonces, a pesar de contar con sólo once años de vida, se vuelve autodidacto, lo que «me asustó; pero ahora estoy convencido de que el Tratado de derecho romano que leí en mi adolescencia por puro gusto me ha sido más útil en la vida y como escritor que a muchos abogados, el Nuevo testamento que a muchos curas, y el Manifiesto comunista que a muchos sociólogos profesionales». Cuando Tito, a los dieciséis o diecisiete años, estuvo consciente de que no había terminado los estudios de la escuela primaria, se asustó y trató de «superarlo yendo a leer a la Biblioteca Nacional de Guatemala, sin lograrlo. Subconscientemente todavía estoy haciendo la primaria, preparándome para la primaria. Quizá por eso me gusten tanto los textos escolares, sobre todo ahora que ciertas cosas mías aparecen en alguno que otro. Es una sensación extraña: los miras por casualidad y de pronto te encuentras allí, e incluso te piden que señales tus propios pluscuamperfectos».

Recibe clases particulares de música. Se da por vencido con el violonchelo.

Se traslada, con su familia, a Guatemala.

Norma Monterroso le platicaba a su hijo Carlos, cuando estaba triste y añoraba su infancia y los arrullos y cuentos que su papá le contaba en sus piernas, que su permanencia definitiva en Guatemala se debió a la muerte de su papá, que fue una tragedia que la traumó para siempre, ya que él murió en la calle, borracho y abandonado por sus amigos. Amelia lo corrió de la casa después de que despilfarró la fortuna de la familia en contratar cantantes de ópera y llevar toreros a Honduras y excesos de ese tipo. A raíz de eso Tito tuvo que empezar a trabajar desde los quince años para mantener a su mamá y a su hermana.

 

1937

Entre el olor a vísceras, carne y huesos de una carnicería donde trabaja todos los días, desde las cuatro de la mañana hasta las seis de la tarde, como ayudante de contador -incluso sábados, domingos y días festivos, con excepción del Jueves Santo, pues, gracias a Dios, el Viernes Santo nadie comía carne, a no ser que fuera hereje y se proveyera de carne desde antes- se  dedica a leer, a instancias de su jefe, Alfonso Sáenz, quien le regalaba libros de Shakespeare —en las ediciones de Blasco Ibáñez—, de Lord Chesterfield, Juvenal, Victor Hugo, las cartas de Madame de Sevigné. (El 14 de mayo de 1866, el gobernador de la isla de Cuba publicó el siguiente edicto: «1) Se prohíbe distraer a los obreros de las fábricas de tabaco, talleres y tiendas de todas clases con la lectura de libros y periódicos, o con discusiones ajenas al trabajo que realizan». Menos mal que el señor Sáenz no era de esta estirpe.) Hasta hoy, Tito guarda en su estudio de la Ciudad de México los doce tomos de las obras completas de Shakespeare que le regaló el contador culto, quien, de paso, provocó que a su subalterno se le volviera vicio la lectura indiscriminada de todo lo que caía en sus manos. Es sabido, evidente y notorio que Tito se dedica más a leer que a escribir. Esta cualidad, digna de convertirse en regla de oro para escritores en ciernes o consumados, ha ocasionado que las escasas páginas de Tito fueran consideradas clásicas desde que él vivía, y podía disfrutar de la única satisfacción a la que puede aspirar un escritor: que lo lean. Aquella virtud y la búsqueda de la música del idioma castellano -«toda la vida se la pasa uno aprendiendo a ponerla en la prosa, y aquí viene lo más triste: sin que se note, porque entre menos se nota es mejor»- para descubrir el «meollo de las experiencias que es la alquimia en literatura», sostiene Monterroso.

En la carnicería, en la cual introducía de manera clandestina obras de Horacio y de Fedro, trabajó de los dieciséis a los veintidós años de edad. En ese empleo, que había obtenido gracias a sus parientes, se relacionó con los trabajadores del rastro. Al salir de la carnicería, a las seis de la tarde, se iba todos los días a la Biblioteca Nacional a leer a Cervantes, don Juan Manuel, el Arcipreste de Hita, Baltasar Gracián y Calderón de la Barca. Una vez que cerraban la biblioteca, a las diez de la noche, se pasaba al billar Santa Rosa, que era un sitio que frecuentaban los pobres. No se sabe que haya practicado algún deporte. Mario Roberto Morales recuerda un encuentro en una universidad estadunidense con Monterroso y el asombro que le provocó todo lo que sabía Tito sobre beisbol: sabía quiénes eran los jugadores de la Serie Mundial de cada año. También recuerda Morales la vez que un banco patrocinador organizó una cena para los escritores residentes en dicha universidad. Alguien le preguntó a Tito que si él también escribía (la invitada era Bárbara Jacobs) y él respondió que no, que la escribía era su esposa, a quien no dejaba de señalar

Estudia latín, aunque, con humildad, reconoce que no pasó de rosa, rosae.

Muere su padre en Honduras. «Incapaz de soportar al régimen opresivo del dictador Ubico y sus servidores, a quienes detestaba, en 1938 regresó a Tegucigalpa, para morir allí un año más tarde entre sus amigos y la vida bohemia que amaba», cuenta Tito en Los buscadores de oro (1993). El recuerdo que tiene de su padre lo trae a colación, una vez más, en una entrevista con Ana María Jaramillo: «Mi padre era más bien un atormentado, que en el alcohol encontraba alivio a sus tristezas en un medio que no lo comprendía, y que no apreciaba -ni merecía- lo que él estaba tratando de darle: revistas literarias de primera, periódicos decentes, publicaciones de una altura que esa misma sociedad, a la que él mismo pertenecía, rechazaba o sencillamente no entendía» (La Jornada, México, 7 nov., 1993).

Funda, con un grupo de amigos, la Asociación de Artistas y Escritores Jóvenes de Guatemala y la revista Acento. A partir de aquí, quienes dividen por décadas la historia literaria, lo clasifican, además de miembro del grupo Acento, también como integrante de la generación del 40.

Una tarde, entrega al diario El Imparcial su primer cuento, «El hombre de la sonrisa radiante», que apareció publicado el 21 de agosto; aquél y la revista Acento fueron los medios que imprimieron los primeros escritos monterroseanos. Sin embargo, este cuento y otros serían desechados después por su autor.

Aflora el trabajo subterráneo que realizaba contra la dictadura «no ilustrada» de Jorge Ubico, esta vez con la firma del Memorial de los 311 (que es famoso porque Miguel Ángel Asturias se negó a suscribirlo), en el que se exigía la renuncia del tirano. Al caer éste, funda el periódico El Espectador. Es apresado por la policía del general Federico Ponce Vaides por andar haciendo pintas con la leyenda «no me ubico». Escapa de milagro y pide asilo en la embajada de México en Guatemala.

Llega el 9 de septiembre a México, donde vivirá hasta 1953.

El 20 de octubre triunfan las fuerzas progresistas de Guatemala y se instala un triunvirato -integrado por Jacobo Árbenz Guzmán, Jorge Toriello y Francisco Javier Arana¾, que garantiza la convocatoria a elecciones libres y democráticas, de las cuales resulta triunfador Juan José Arévalo Bermejo, quien nombra a Monterroso empleado del consulado guatemalteco en México en un puesto menor, junto a Carlos Illescas, su cuñado, y Otto-Raúl González, su compadre. A ellos tres se les conocía, por ese entonces, como los representantes de los países bajos, según acreditaciones diplomáticas otorgadas, en una noche de copas, por el poeta bohemio de corazón Alí Chumacero. Según refiere Luis Cardoza y Aragón en El río. Novelas de caballería, cuando a Tito le preguntaban que si en Guatemala todos eran de su estatura, él respondía que también había chaparros.

1945

En la Revista de Guatemala, fundada y dirigida por Luis Cardoza y Aragón -quien opina que la literatura de Monterroso es «miel de tigre»- publica reseñas bibliográficas y cuentos.

1952

Empieza a publicar textos que ya no desecharía. Su primer díptico de cuentos, El concierto y El eclipse, lo imprime la editorial mexicana Los Epígrafes.

1953

Publica otro díptico de cuentos, Uno de cada tres y El centenario, en Los Presentes (casa que imprimió la primera edición de Final de juego de Julio Cortázar). Se casa con Dolores Yáñez (mexicana), con quien procrea a la mayor de sus dos hijas, Marcela (1957), madre de Amelia y Kevin Beltrán. Parte hacia Bolivia, donde se desempeñará como primer secretario de la embajada de Guatemala y cónsul en La Paz, durante el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán.

1954

Cuando Estados Unidos derroca a Árbenz, Monterroso renuncia a los cargos de secretario de la embajada y cónsul, que le había asignado Jacobo, y se exilia por segunda vez en Chile; procedente de Bolivia, llega a Santiago, donde trata, de vez en cuando, al expresidente Juan José Arévalo, también exiliado político. En «Llorar a orillas del río Mapocho», dice Tito: «Al darse cuenta de mi pobreza extrema, cuanta persona encontraba me invitaba a cenar para hacerme ver las posibilidades de desempeñar algún oficio, cualquier oficio: el de escritor quedaba descartado no sólo por improductivo sino porque a mí me horrorizaba (y me sigue horrorizando) la idea de escribir para ganar dinero». Otros no fueron tan generosos; hasta bromeaban con su situación de desempleado: «El mejor consejo me lo dio José Santos González Vera, con la aprobación de Manuel Rojas y el posterior apoyo sonriente de Pablo Neruda: «Mire —me dijo un día, quizá el siguiente de mi llegada—, yo nunca doy consejos, pero por ser usted le voy a dar uno. Si para ganarse la vida tiene ahora que vender algo, no se vaya a dedicar a vender cosas pequeñas, como escobas o planchas. Eso da mucho trabajo, deja poco dinero, y por lo general la gente ya tiene una escoba y una plancha. Venda acorazados. Con uno que venda tiene resuelto el problema suyo y de su esposa para toda la vida».

1955

Pablo Neruda lo invita a Isla Negra.

Trabaja como secretario particular del autor de Canto general, que es director de La Gaceta de Chile.

El 25 de diciembre es multado con $660.00 por la prefectura 6ª de Santiago de Chile al oponerse a una acción de los carabineros, que refiere Julianne Clark: «Tito contaba cómo una Nochebuena había presenciado cuando los carabineros arrestaban a un pobre curado, escena que despertó su indignación. A medida que al pobre lo iban arrastrando por la calle, se le cayó un zapato que Tito se aprestó a recoger. Corriendo detrás, los alcanzó y pretendió interceder en defensa del curado, que era un hombre de condición humilde, argumentando que en vista de que era la Navidad, sería bueno que los carabineros le tuvieran un poco de lástima y no lo arrestaran. Justo cuando se hallaba en lo más conmovedor de su súplica, el curado se dio vuelta, y viendo su zapato en poder de Tito, lo acusó de habérselo robado. El tiro del gesto compasivo de Tito pasó a salirle por la culata, y en un revés de fortunas, los carabineros soltaron al curado y llevaron preso al pobre guatemalteco» (Y nunca te he de olvidar: memorias de mi vida con Manuel Rojas, 2007).

«Mister Taylor», el primer cuento que aparece en Obras completas (y otros cuentos), sale impreso en el suplemento cultural del periódico chileno El Siglo.

1956

Procedente de Chile, se exilia, por tercera y última vez, en México, donde vivió hasta su muerte, el 7 de febrero de 2003.

Lo nombran jefe de redacción de la Revista de la Universidad de México.

1957

Con el afán de estudiar filología, ingresa, becado, a El Colegio de México.

Trabaja como corrector de pruebas en el Fondo de Cultura Económica (FCE).

1959

Sobre el universal cuento «El dinosaurio», que forma parte de Obras completas (y otros cuentos) -que en las jornadas estudiantiles de 1986 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sirvió de consigna en la Facultad de Filosofía y Letras para protestar por el aumento de cuotas y para defender la educación pública y gratuita- Italo Calvino expresó: «Yo quisiera preparar una colección de cuentos de una sola frase, o de una sola línea, si fuera posible. Pero hasta ahora no encontré ninguno que supere al de Augusto Monterroso». Esta afirmación fue considerada por su esposa Bárbara, años más tarde, como el Premio Calvino. «El dinosaurio» inspiró a José de la Colina para escribir «La dama culta» y ha despertado el interés de investigadores que han escrito varias tesis académicas en universidades del mundo. Cuando se menciona el nombre de Tito es inevitable que quienes oyen su nombre lo asocien con «El dinosaurio».

1960

Asiste a La Habana, el 31 de diciembre, para el inicio de la campaña de alfabetización en Cuba, en un acto presidido por Fidel Castro Ruz y Ernesto Guevara de la Serna.

1961

Le publica a Gabriel García Márquez el primer texto en la Revista de la Universidad de México

1962

Se casa una vez más. Ahora, con la colombiana Milena Esguerra. De este matrimonio nace María (1966).

1964

En septiembre es declarado, «teniendo en consideración los antecedentes y la buena conducta observada», Mexicano Honorario, al cumplir 20 años de su tercer exilio, que fue el vencido. Entre los abajo firmantes del diploma, que tiene un grabado de José Guadalupe Posada en la parte superior, se reconocen, sin necesidad de paleografía, los nombres de Rubén Bonifaz Nuño, Alfredo Cardona Peña, Rosario Castellanos, Ricardo Garibay, Amparo Dávila, Lya y Luis Cardoza y Aragón, Ricardo Martínez, Alfa y Andrés Henestrosa, Luis Guillermo Piazza, Griselda Álvarez, Pablo González Casanova, Luis Vicens, Antonio Alatorre, Stella Rodríguez Cerna, Fedro Guillén y Ricardo Guerra.

Muere su madre, de edad avanzada, en México. Cuando le avisaron, Tito estaba en Acapulco en compañía de Marcela y de Milena, además de Carlos Illescas, hijo, la única vez que Carlos viajó con su tío.

1965

En la Casa del Lago, del Bosque de Chapultepec, de la Ciudad de México, fundada por Juan José Arreola, otro autodidacta, imparte su primera conferencia. Desde entonces, frecuentó más seguido el zoológico en busca de prototipos que más tarde formarían parte de su literatura.

1967

En marzo, participa, en Guanajuato, en el Congreso para la Creación de la Comunidad Literaria Latinoamericana, al que se opone mediante un manifiesto, junto a Efraín Huerta y Roberto Fernández Retamar.

1968

La película El último pistolero, chiliwestern dirigido por Sergio Véjar, se basa en una idea original de Tito y José Luis González. En ella hace crítica solapada -para evitar que le apliquen el artículo 33 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos- contra el régimen de Gustavo Díaz Ordaz.

Trabaja como corrector de pruebas en publicaciones del Comité Olímpico Mexicano; alterna su puesto con José Revueltas.

1969

Gabriel García Márquez declara sobre La Oveja negra y demás fábulas: «Este libro hay que leerlo manos arriba: su peligrosidad se funda en la sabiduría solapada y la belleza mortífera de la falta de seriedad». Por su parte, Isaac Asimov escribió: «Estos pequeños textos, en apariencia inofensivos, muerden si uno se acerca a ellos sin la debida cautela y dejan cicatrices, y precisamente por eso son provechosos. Después de leer “El mono que quería ser escritor satírico”, jamás volveré a ser el mismo».

Le asignan el taller de cuento de la Dirección General de Difusión Cultural de la UNAM y el de narrativa del Instituto Nacional de Bellas Artes.

«Como todo el mundo, me siento enormemente atraído por el mal, pero siempre me dejo vencer por el bien», afirma Tito.

1970

Graba el LP La Oveja negra y demás fábulas en la colección Voz Viva de México de la UNAM. El 30 de septiembre de 1991 le publican la 2ª edición del mismo, en CD y casete, con los que inaugura la colección Voz Viva de América Latina y la era digital en la colección Voz Viva de esa casa de estudios, y causa, por octava vez, revueltas en el medio intelectual. En el cuaderno que acompaña al CD, escrito por Carlos Monsiváis, se lee: «La Oveja negra y demás fábulas y Obras completas (y otros cuentos) son primordialmente libros de la inteligencia como manifestación del don de síntesis. (…) La reflexión de Monterroso no persigue la demolición de las circunstancias, sino la exhibición de los datos esenciales. Su fabulario es una prueba espléndida de que una literatura no se nutre únicamente del rencor o del impulso trágico; también se radicaliza y se vigoriza con la alegría, con el regocijo de ver consignado y descrito, en prosa esencial, un hecho: hay seres animales o semejantes más infortunados que nosotros».

Trabaja con Juan Rulfo en el Instituto Nacional Indigenista.

En octubre, en el taller de creación que imparte en la UNAM, conoce a Bárbara Jacobs, con quien se casaría, en terceras nupcias, en 1976.

1971

Doubleday publica The Black Sheep and Other Fables, sobre las que Carlos Fuentes opinó: «Imagine el fantástico bestiario de Borges tomando té con Alicia. Imagine a Jonathan Swift y James Thurber intercambiando notas. Imagine a una rana del condado de Calaveras que hubiera leído realmente a Mark Twain: he aquí Monterroso».

1972

«No hay más o mejores escritores en Hispanoamérica que los que ha habido siempre; hay más medios publicitarios, hay más y mejores lectores, y los libros, por fin, se volvieron mercancía, para bien o para mal. Otro buen síntoma es que los escritores comienzan a ser respetados; antes se les despreciaba tanto que por lo general se les hacía embajadores o algo por el estilo; ahora se les deja simplemente escribir o se les persigue. Ya es algo» (Tito).

Regresa a El Colegio de México como profesor de lengua y literatura.

Lo regresan a México, de Detroit, Estados Unidos -adonde había sido invitado por la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, para participar en una actividad cultural-, luego de permanecer detenido 5 horas por autoridades de migración del Departamento de Justicia, quienes, al comprobar que el objetivo de su visita a ese país era de carácter literario, se aterrorizan y le revocan y anulan la visa de entrada otorgada por el Departamento de Estado, en prevención de nuevos intentos de incursiones literarias a Estados Unidos.

1973

Viaja a Canadá para asistir al Encuentro de Narradores Latinoamericanos, en la Universidad de Windsor.

 Lo beca el Iberoamerikanische Institut de Berlín.

1974

Asiste al Encuentro de Escritores Argentinos, en Buenos Aires, con Luis Cardoza y Aragón, Jaime García Terrés, Fernando Benítez, Eduardo Lizalde y Juan Rulfo, entre otros.

1975

Tito: «No creo que las ataduras económicas impidan el desarrollo del escritor. El caso contrario es el cierto: por lo general los millonarios no escriben, y aun temo que en nuestro medio ni siquiera lean».

Con Juan Rulfo, asiste al Simposio sobre Literatura y Cine Latinoamericanos, en Varsovia, Polonia.

Publica en Cracovia la antología personal Mister Taylor i inni.

1976

«De niño fui malo para correr, para cualquier ejercicio, para nadar. Siempre recuerdo a alguien, sobre todo a mi hermano, sacándome del río una y otra vez, medio ahogado. De pronto, al llegar a la adolescencia me encontré con que carecía ya no sólo de educación sino de cosas tan elementales como zapatos presentables ante las muchachas de que te enamoras y, como consecuencia, de otras cosas necesarias, como soltura o audacia para agarrarles la mano. Entonces te refugias en los libros o en billares de mala muerte. Por otra parte, yo suponía que cualquiera que hubiera hecho una carrera forzosamente lo sabía todo. Con el tiempo me he ido dando cuenta de que eso no siempre es así, pero en ese momento yo sentí la necesidad de saber algo y de empezar por los nombres más universalmente conocidos. La idea era ésta: con sólo mirarme, ese señor se va a dar cuenta de que no he leído a Cervantes, a Dante, a Calderón de la Barca, para no hablar de Gracián y Andrés Bello y don Juan Manuel. […] Hace apenas unos años trabajé en la edición de las Obras completas de Alfonso Reyes corrigiendo las pruebas de galeras. Nunca me atreví a ver personalmente a don Alfonso por el temor de que de pronto me preguntara: “Oiga, fulano, ¿se acuerda de tal verso de Tirso de Molina” y yo naturalmente no lo supiera».

Coordina las publicaciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

1977

En el ensayo breve e informal se siente más a gusto.

«Escribo para cualquiera que sepa leer», no para elites, dice Tito.

Aparece en Leipzig Der Frosch der ein Richtiger Frosch sein Wollte.

El gobierno mexicano le concede a Octavio Paz el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura; Monterroso es miembro del jurado que se lo otorga.

También participa como jurado del Concurso de Cuentos Ricardo Minó en Panamá, adonde asiste a la firma del tratado Torrijos-Carter. En esta ciudad se reúne con Rogelio Sinán, Sergio Ramírez y Chuchú Martínez.

1979

Participa en el primer Congreso de Escritores de Habla Española en Las Palmas, Islas Canarias.

1980

Piensa que al escritor le conviene vivir fuera de su país. En Guatemala, «la censura consiste en un balazo».

Cervantes y Montaigne son sus escritores fundamentales. Su mayor preocupación como escritor es que su lector se aburra.

«Hay muchas formas de rebeldía. Estar vivo es ya una forma de rebeldía que se manifiesta prácticamente contra todo desde el momento en que uno despierta cada día».

Lee ensayos literarios, filosóficos, científicos; biografías y diarios y poesía.

Viaja a la ex-Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Asiste como invitado a la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

Sellerio Editores, de Palermo, Italia, le publica La peccora nera e altre favole.

1981

Declara que en todo lo que escribe hay un mensaje: «Hago llamados a la rebelión y a la revolución, pero desgraciadamente en una forma tan sutil que por lo general mis lectores se vuelven reaccionarios». El socialismo es su ideal político: «Sí, soy rojillo», afirma Tito. También pensaba en estos tiempos que no podría ser escritor profesional, pues moriría de hambre.

Aparece Viaje al centro de la fábula, con las conversaciones de Tito con Jorge Ruffinelli, Margarita García Flores, Josefina e Ignacio Solares, José Miguel Oviedo, René Avilés, Marco Antonio Campos, Graciela Carminatti, Elda Peralta y Rafael Humberto Moreno-Durán.

Se reúne en Nicaragua con Julio Cortázar.

Asiste al Primer Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, en La Habana, en donde editan, por primera vez en Cuba, La Oveja negra y demás fábulas.

Le publican, también por primera vez, en España.

Asiste a la Feria del Libro en Barcelona.

1982

Confiesa que no ha leído a Georg Christoph Lichtenberg

1983

Vicente Rojo hace el diseño de La palabra mágica.

1984

Escribe en La letra e que Vladimir Nabokov, en unas conferencias en la Universidad de Harvard, dijo una gran cantidad de tonterías sobre la traducción de Samuel Putnam del Quijote.

Viaja a Nicaragua, invitado al V aniversario del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

 

1985

Es jurado del Premio Casa de las Américas.

Apadrina, con Augusto Roa Bastos, el Primer Encuentro Hispanoamericano de Jóvenes Creadores, en Madrid.

En Cuba, se publica el disco Cuentos y fábulas en la colección Palabra de esta América.

1987

Con Nélida Piñón y Osvaldo Soriano, es jurado del Primer Premio de Novela Latinoamericana, en Managua.

Asiste al North-South Encounter de escritores canadienses y latinoamericanos, en Toronto.

Participa en la celebración de las Capitulaciones de Santa Fe: 1492-1987, en Granada.

1988

El 18 de mayo, en México, Distrito Federal, empieza la redacción de Los buscadores de oro, con el propósito de conocerse, encontrarse y contar su vida, que transcurría de manera intermitente entre Honduras y Guatemala, desde que nace hasta los 15 años.

Participa en el Congreso para la Cooperación Cultural de Centroamérica y el Caribe, en Berlín.

Asiste al Segundo Coloquio Fronterizo Mexicano-Chicano, en Tijuana.

1990

Participa en el seminario Formas Breves del Relato, en Sevilla.

Asiste al Congreso sobre el Relato Fantástico en España y en Hispanoamérica, en la Universidad Complutense de Madrid.

Es invitado al Primer Encuentro Hispanoamericano en Oviedo.

Acude al Encuentro Latinoamericano de Escritores en Buenos Aires.

1991

Es jurado del Premio Cervantes.

Participa en el Congreso de Escritores, en Turín.

Imparte una conferencia en la Universidad de Milán.

1992

Exposición de dibujos de Augusto Monterroso en la atiborrada Biblioteca de México.

Con Bárbara Jacobs, publica Antología del cuento triste.

Imparte la cátedra Edward L. Tinker, como profesor visitante, en la Universidad de Stanford, California, EU.

1993

La UNESCO publica en español, portugués, inglés y francés 3.5 millones de ejemplares de La Oveja negra y demás fábulas (ilustrado por Francisco Toledo), dentro de la serie Periolibros.

1994

Imparte un taller de narrativa en Las Palmas, Islas Canarias.

Asiste a la Semana de la Cultura Centroamericana, en Bruselas.

Es invitado al ciclo Esperando el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en Caracas.

Visitante distinguido en Mérida, Yucatán, al participar como invitado de honor en el Encuentro de Narrativa.

Participa en el Inter-American Bookfair and Literary Festival, en San Antonio, Texas.

1996

En marzo, participa con su conferencia «El otro Aleph» en el ciclo Grandes Escritores del Mundo en la Biblioteca Nacional de Madrid.

En México, es jurado del Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura otorgado a Emilio Carballido.

El 19 de abril la Universidad de San Carlos de Guatemala le otorga el grado de doctor honoris causa.

El gobierno de Guatemala le entrega la Condecoración Miguel Ángel Asturias el 22 de abril.

Antes de obtener el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, Tito declara que su palíndromo favorito es Acá sólo Tito lo sacA, de Adam Ruvalcaba. Un jurado integrado por John King, Juan Bruce Novoa, José Luis Martínez, Amos Segala, Gustavo Guerrero, Jorge Ruffinelli, Nélida Piñón, Adolfo Castañón y Saúl Yurkievich dictaminó que el busto en bronce de Tito, elaborado por Javier González Plascencia, debería figurar en el salón del consejo universitario de la Universidad de Guadalajara, junto al de Nicanor Parra (1991), Juan José Arreola (1992), Eliseo Diego (1993), Julio Ramón Ribeyro (1994), Nélida Piñón (1995), ganadores previos del certamen, y que al primer creador literario del monumento a una oveja, negra por si fuera poco, se le deberían entregar en sus manos 100 mil dólares, monto del galardón, en diciembre. Otros ganadores del premio más importante de América Latina y el Caribe, y uno de los más importantes del mundo, han sido: Juan Marsé (1997), Olga Orozco (1998), Sergio Pitol (1999) y Juan Gelman (2000).

Asiste como invitado especial al acto de la firma de la paz, en el Palacio Nacional de Guatemala, entre el gobierno de Álvaro Arzú Irigoyen y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, el 29 de diciembre. 

1997

Asiste al ciclo Iberoamérica Escrita, en San José, Costa Rica.

Participa en el ciclo de Literatura Hispanoamericana en la Casa de América, Madrid.

Imparte conferencia y plática en la Universidad de Bergen, Noruega.

1998

Funge como jurado del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de Madrid, que gana José Ángel Valente.

1999

Imparte un taller de creación en la Casa de América, Madrid.

En México, por tercera vez, es jurado del Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura otorgado a Alejandro Rossi.

2000

Tito fue el único guatemalteco que recibió el Premio Príncipe de Asturias. El miércoles 31 de mayo, a las 4 de la madrugada lo despiertan para avisarle que ha sido designado ganador de dicho premio, dotado con 5 millones de pesetas (alrededor de 28 mil dólares) y la réplica de una estatuilla creada por Joan Miró. La candidatura propuesta por la Academia Hondureña de la Lengua fue aceptada por un jurado que lo seleccionó entre 31 candidaturas de 17 países, por considerar que la obra narrativa y ensayística de Monterroso «constituye todo un universo literario de extraordinaria riqueza ética y estética, del que cabría destacar un cervantino y melancólico sentido del humor de uno de los autores más singulares de la cultura hispana que ha transformado el relato breve dotándolo de una intensidad literaria y una apertura de argumentos inéditos hasta entonces». El premio le fue entregado, en Oviedo, por Felipe de Borbón, quien, al reconocer la originalidad de Monterroso y su estilo magistral, afirmó: «En su honor podríamos decir que es imposible olvidar su apasionada y pacífica resistencia en busca de la democracia para su patria, lo que ha supuesto un exilio de 52 años». En el discurso que pronunció en nombre de los otros premiados de las distintas ramas del conocimiento, entre los que se encontraban Umberto Eco, Barbara Hendricks, Luc Montagnier, Robert Gallo y Carlo María Martini, Monterroso reconoció la influencia sobre su escritura de obras y autores cumbres de la literatura guatemalteca, entre otros, del Popol Vuh, Rafael Landívar y José Batres Montúfar. «Mi ideal último como escritor consistía en ocupar algún día en el futuro media página en el libro de lectura de una escuela primaria de mi país. Acaso esto sea el máximo de inmortalidad a que pueda aspirar un escritor», enfatizó el sucesor de Günter Grass, galardonado con el mismo premio un año antes.

La Universidad Veracruzana le rinde homenaje en una mesa redonda organizada el 16 de noviembre. Ahí Margo Glantz afirmó que «la literatura no podría existir sin las moscas de Monterroso».

El 63º premio Juegos Florales Centroamericanos, de Quetzaltenango, lleva el nombre de Augusto Monterroso.

En octubre, la Universidad Veracruzana y Ediciones del Ermitaño publican Con Augusto Monterroso en la selva literaria, en el que el lector encuentra dibujos, fotos, un texto, discursos de Tito con motivo de la entrega de los premios illa y Juan Rulfo, entrevistas, ensayos, artículos sobre él.

El 29 de diciembre, en Guatemala lo declaran Personaje del Año, por ser el «guatemalteco vivo más universal, una de las más exquisitas plumas nacionales». Al conocer dicha designación, hecha por el diario Siglo Veintiuno, Monterroso declaró a Felipe Valenzuela: «He estado fuera de mi país, pero mi país nunca ha estado afuera de mí». Además, confesó que había recibido una «hermosa carta» de Alfonso Portillo, presidente de Guatemala, por la obtención del Premio Príncipe de Asturias, pero que él rechazaría una propuesta para ser embajador de Guatemala en México.

La Spirit Foundation, en edición de Anne Filali y les Éditions du Cerf, de París, publica Imagine: Strawberry Fields. Un hommage à John Lennon (con dibujos de Lennon), libro en el que participa un autor por cada país miembro de la onu; Augusto Monterroso participa por Guatemala con «La otra torre».

La década de los 90 fue monterroseana.

2001

Hasta hoy, jamás ha votado en ninguna elección política y tal parece que nunca lo hará. Alguna vez perteneció en Guatemala al partido político Vanguardia Popular, pero nunca tuvo intereses políticos. «Lo que sí me interesaba era la acción política», afirmó.

Viajó cuatro veces a Guatemala, en 46 años de exilio.

El 12 de mayo, Joan Manuel Serrat, en el último concierto de su gira ese año, en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, que tituló SERRAT TARRÉS, dijo, emocionado, que Monterroso es uno de los más grandes palindromistas y citó de memoria dos palíndromos de Tito. Carlos Illescas Monterroso cuenta que en 1969 —cuando acababa de salir el segundo disco de Serrat, Dedicado a Antonio Machado, poeta—, Norma, su madre, le habló para que fuera ponerle ese disco a su hermano, que estuvo oyendo las doce canciones en silencio. A Carlos nunca se le olvida la actitud un poco rara de su tío y siempre vio como un misterio su interés por la música de Serrat (por si las moscas, hay que recordar que Tito dijo: «Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas» y Serrat cantaba estos versos de Antonio Machado: «Vosotras, las familiares,/ inevitables golosas,/ vosotras moscas vulgares,/ me evocáis todas las cosas»). Tampoco se le olvida a Carlos el malhumor perenne de su tío; en esto coinciden Rafael y Jorge Luis Illescas Monterroso.

El 19 de junio, en el salón Benito Juárez de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, recibe el diploma de doctor honoris causa de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán de Honduras (UPNFM), que también instauró la Cátedra Augusto Monterroso. Además, ahí se hizo el anuncio de su designación como miembro de la Academia Hondureña de la Lengua y la creación del Premio Nacional de Narrativa que lleva su nombre. En el discurso de recepción, Augusto Monterroso expresó: «Fue durante los años de mi niñez vividos en Honduras cuando se despertó en mí, en la escuela primaria, la vocación por la literatura, a la que he permanecido siempre fiel, vocación aparejada a un acendrado centroamericanismo que no dejo nunca de afirmar y que terminó de consolidarse durante mi adolescencia y primera juventud en Guatemala, en donde la acción clandestina y la lucha callejera por la libertad y la justicia social me enseñaron el mundo de la solidaridad y convirtieron en vida real lo aprendido en los libros». Entrevistado luego de la ceremonia de premiación, destacó: «Me preocupa mucho la injusticia, los perseguidos, la desigualdad enorme que hay entre unos y otros en todos nuestros países».

Publica Pájaros de Hispanoamérica, donde recolecta las huellas que en su ánimo dejaron el encuentro y la lectura de las obras de Ernesto Cardenal, Julio Cortázar, Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Carlos Illescas, Horacio Quiroga y Juan Carlos Onetti, entre otros.

En Suecia aparece Samlade ver och andra historier (Obras completas y otros cuentos), en traducción de Lars Bjurman, publicado por la editorial Symposion.

2003

El viernes 7 de febrero, a los 81 años, después de las diez de la noche, murió de un paro cardiaco en un hospital de la Ciudad de México. La noticia se publicó en la primera plana de todos los diarios de México —hasta en los deportivos y sensacionalistas— y causó conmoción en los círculos literarios del mundo. Monterroso solía comentar que cuando se muriera sería un difuntito y que en vez de irse al cielo se iría al techo.

  

II

1959

«El nombre de un perro es tan importante como el perro mismo. Un hombre, una mujer, pueden, si les da la gana, y por motivos a cual más extraño y pintoresco, buscarse otro apelativo. […] Pero un perro tiene que sufrir su nombre de por vida, a menos que tome la decisión de lanzarse a la calle y convertirse en un perro vagabundo, huesoso, innominado».

1969

«Es cierto; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve».

1972

«Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos, largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto».

1975

«La enseñanza de la literatura en las universidades no significa, espero, que con ella se pretenda hacer escritores. Al escritor lo hacen sus conflictos internos y externos, sus miedos, sus ilusiones, el placer, el sufrimiento, las largas enfermedades, el amor, los rechazos, la pobreza, el fracaso, el dinero, la ausencia, sus posiciones ante el bien y el mal, la justicia y la injusticia; la vida, en fin. Y determinada sensibilidad para responder a todo eso. Cada una estas cosas exige su propia sintaxis y tal vez hasta su propia prosodia; el buen escritor sabe siempre dónde encontrarlas».

1976

«Estamos en la destrucción; no vamos a ninguna destrucción. Es fácil darse cuenta de que todo es la misma repetición, la misma estupidez. Y sin embargo, si en este momento tú me dices que vaya a una manifestación en homenaje a Salvador Allende yo iría con entusiasmo. ¿Qué clase de pesimismo entonces? Hay un pesimismo del instante próximo, y otro del día próximo, y otro del futuro de la humanidad. No quisiera ser de ese tipo de pesimista que no cree que la realidad contemporánea se puede cambiar por una mejor. Claro que se puede. Lo que no podemos saber es qué va a pasar tres generaciones después. Es triste».

1977

«En nuestros países, y esto es quizá lo que haga que ciertos críticos quieran más política en lo que uno escribe, la política absorbe prácticamente todo. Claro, cuando digo política lo digo en el sentido en que lo entiende la gente sencilla: la represión, el temor a la policía (sólo entre nosotros la gente decente teme a los policías), la corrupción, la falta de libertad para leer o ver, ya no digamos para escribir. En la mayor parte de los países latinoamericanos la política ha terminado por convertirse simplemente en esto: en matar o ser muerto, en hablar o estar preso, en oponerse o estar desterrado».

1978

«Cuando el río es lento y se cuenta con una buena bicicleta o caballo sí es posible bañarse dos (y hasta tres, de acuerdo con las necesidades higiénicas de cada quien) veces en el mismo río».

1980

«Tus paisanos nunca están dispuestos a creer en alguien a quien conocieron o conocen de todos los días. La primera lucha del escritor es contra sus paisanos; la segunda, contra sus amigos. Así que vivir en alguna otra parte es bueno, ya sea en un país mejor o peor que el de uno».

1981

«Entre nosotros la mayoría de las personas es de talla modesta. Cuando alguien destaca, inmediatamente aspira a la Presidencia. Yo creo que incluso personas anormalmente bajas han exagerado la modestia de mi estatura, aparte de que, como dijo Eduardo Torres en San Blas: “Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista”».

1982

«No creo haber escrito nada, ni una sola línea, que no nazca del sentimiento, principalmente el de la compasión. La inteligencia no me interesa mucho. El hombre, tan fallido en su capacidad organizativa, en su capacidad de comprensión, me da lástima, yo me doy lástima. Pero siento que hay que ocultarlo y por eso muchos de mis personajes están disfrazados de moscas, perros, jirafas o simples aspirantes a escritores. ¿Qué he hecho para que mis dos o tres lectores supongan que pretendo ser intelectual y que he dedicado mi vida a burlarme de ellos o de los demás cuando en realidad lo que me producen es una profunda simpatía y los amo?».

1983

«Para un latinoamericano que un día será escritor las tres cosas más importantes del mundo son: las nubes, escribir y, mientras puede, esconder lo que escribe. Entendemos que escribir es un acto pecaminoso, al principio contra los grandes modelos, enseguida contras nuestros padres, y pronto, indefectiblemente, contra las autoridades».

1984

«Un libro es una conversación. La conversación es un arte, un arte educado. Las conversaciones bien educadas evitan los monólogos muy largos, y por eso las novelas vienen a ser un abuso del trato con los demás».

1985

«La placidez no es para mí. Necesito revulsivos. Trabajo más a gusto cuando me encuentro de mal humor, o enojado, con alguien, con un simple servicio que falla, con la sociedad, conmigo mismo. […] La placidez no me estimula. Las llamadas condiciones ideales me paralizan; así, cuando en algún momento creo tenerlas, deliberada o inconscientemente busco algo que me irrite, y ésa es mi droga. […] Lo más que he llegado a usar es el alcohol, pero el alcohol tiene muchos inconvenientes si uno no sabe cómo usarlo. Cuando comenzaba a escribir me embotaba; con el tiempo aprendí a usarlo, pero entonces se me pasaba la mano, me emborrachaba, y ya no escribía; pero como te envalentona, sí lo he usado bastante para tachar, borrar y tirar».

1986

«Nuestros libros son los ríos que van a dar en la mar que es el olvido».

1994

«La República de las Letras es una selva. […] Es una carrera de larga distancia. […] Todo escritor tiene a su Salieri detrás de una cortina, listo para envenenarte si eres el mejor».

1996

«El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo».

1998

«Historia fantástica. Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo».

III

1952

1969

1972

1975

1985

1988

1989



1991





1993


1994


1996






1997



1998


1999


2000



2001



Premio Nacional de Cuento Saker-ti, Guatemala

Premio Magda Donato, México

Premio Nacional de la Crítica a Movimiento perpetuo como el mejor libro publicado en México

Premio Xavier Villaurrutia, México

Premio Juchimán de Plata, Universidad Juárez de Tabasco, México

Orden del Águila Azteca, México

Homenaje a La Oveja negra y demás fábulas con motivo de su 30 aniversario, con artículos de Gabriel García Márquez, José Donoso, Ernesto Cardenal, Augusto Roa Bastos, Jorge Enrique Adoum, Eliseo Diego y José Miguel Ullán, México

Homenaje en el V Festival Internacional de Arte de Cali, Colombia, 6 de mayo

Homenaje Semana de Autor, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, noviembre

Hombre del Año en Literatura de la revista Cambio 16, España

Premio del Instituto Italo-Latinoamericano, Roma, por Lo demás es silencio y Obras completas (y otros cuentos), mejores libros hispanoamericanos traducidos al italiano en el periodo 1991-1992

Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores del Arte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México

Doctor Honoris Causa, Universidad de San Carlos, Guatemala

Orden Miguel Ángel Asturias, Guatemala

Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, México

Quetzal de Jade Maya de la Asociación de Periodistas de Guatemala

Premio Nacional de Literatura, Guatemala

Hombre del Año del diario Prensa Libre, Guatemala

Premio de la revista Viceversa a La vaca como mejor libro de narrativa del año, México

Premio Felipe Herrera Lane a la Integración Cultural y el Desarrollo de América Latina y el Caribe, Santiago de Chile


Premio Príncipe de Asturias de las Letras, España

Personaje del Año del periódico Siglo Veintiuno, Guatemala


Doctor honoris causa por la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán de Honduras, Honduras

Se instaura la Cátedra Augusto Monterroso en la UPNFM, Honduras

Miembro de la Academia Hondureña de la Lengua, Honduras

Se crea el Premio Nacional de Narrativa Augusto Monterroso, Honduras

Libros publicados de Monterroso:

1952    El concierto y El eclipse, Los Epígrafes, México (Cuento, 11)

1953    Uno de cada tres y El centenario, Los Presentes, México

1959    Obras completas (y otros cuentos), UNAM, México

1969    La Oveja negra y demás fábulas, Seix Barral, México (Biblioteca de Bolsillo)

1972    Movimiento perpetuo, Joaquín Mortiz, México

1978    Lo demás es silencio. La vida y la obra de Eduardo Torres, Joaquín Mortiz, México

1981    Viaje al centro de la fábula, UNAM, México

1983    La palabra mágica (ilustrado), Era, México

1987    La letra e (fragmentos de un diario), Era, México

1992    Esa fauna (dibujos), Era/Biblioteca de México/cnca, México

1993    Los buscadores de oro, Alfaguara, México

1998    La vaca, Alfaguara, México

2002    Pájaros de Hispanoamérica, Alfaguara, México

2003    Vida y obra, Alfaguara, México

1972    Animales y hombres, Educa, Costa Rica

Antologías de la obra de Monterroso:

1975    Antología personal, México

            Mister Taylor i inni, Polonia

1977    Der Frosch der ein Richtiger Frosch sein Wollte, Leipzig

1982    Mr. Taylor & Co., La Habana

1985    Las ilusiones perdidas, Madrid

Traducciones de la obra de Monterroso:

1971    The Black Sheep and Other Fables (La oveja negra y otras fábulas), Doubleday, Estados Unidos

1973    Das gesamte Werk und andere Fabeln (La oveja negra y otras fábulas), Diogenes Verlag, Zurich

1980    La peccora nera e altre favole (La oveja negra y otras fábulas), Sellerio Editores, Palermo, Italia

2002    Samlade ver och andra historier (Obras completas y otros cuentos), trad. de Lars Bjurman, Symposion, Suecia

Traducciones hechas por Monterroso:

1963    Poesía de nuestro tiempo, J.M. Cohen, Fondo de Cultura Económica, México, (Breviarios)

1966    «Una modesta proposición para impedir que los niños de los países pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y hacerlos provechosos para la sociedad», de Jonathan Swift, Revista de Bellas Artes, México

Idiomas en los que se lee a Monterroso:

Alemán, búlgaro, checo, chino, eusquera, finés, francés, griego, holandés, inglés, italiano, japonés, latín, polaco, portugués, serbio, sueco

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos López
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