La resistencia de los cubanos

Tras la muerte de Fidel Castro, Donald Trump se pronunció: “Trabajaremos por la prosperidad y libertad del pueblo cubano”.

Marcela Gereda

Para Trump (como para la gran parte del pueblo norteamericano) la libertad es escoger entre una mercancía u otra, tal como él ve la opción de decidir entre dos marcas, dos terrenos para hacer casinos en Las Vegas o entre dos concursantes de Miss Universo.

Trump es un legítimo representante del país donde la libertad se reduce a una estatua, y en donde el valor más alto es: “eres lo que consumes”.

En el 2007 me tocó trabajar en Cuba con guajiros de Pinar del Río y de Viñales. Era en el Programa de Innovación Agropecuaria Local (PIAL) del Ministerio de Agricultura. Fue en esa experiencia que entendí que para este pueblo la libertad estaba muy lejos de ser la capacidad de escoger entre Coca-cola o Pepsi-cola, entre un hot-dog o una hamburguesa.

Fue entre aquellos guajiros que comprendí que para ellos la libertad tiene que ver con la posibilidad de pensarse a sí mismos y al mundo que les rodea. A pesar de haber trabajado con diversas culturas en diferentes países, nunca he visto una dignidad de la magnitud de la del pueblo cubano.

Los cubanos saben que uno es lo que uno lee. Ahí, el conocimiento sobre el cuestionamiento de quién es el ser humano está al alcance de todos.

¿Es más libre quien puede decidir entre comprar un modelo de reloj u otro o quien tiene la capacidad de pensar el mundo y pensarse a sí mismo con autonomía y conocimiento sobre lo que en él acontece?

A diferencia de la cultura Yankee llevada ahora todos los rincones del mundo en la que uno se define por lo que tiene, los cubanos saben que son la definición de lo que leen, de su capacidad de interpretar su tiempo, su capacidad de resistencia y de dignidad y solidaridad hacia las injusticias humanas.

Me imagino que por “prosperidad” Trump se refiere ese mito del “consumo”, a esa ilusión de la vida, esa promesa vacía, se refiere a toda esa sarta de mercancías innecesarias con las que forran los centros comerciales del mundo y toda esa inutilidad emplasticada que solo se convierte en basura que luego terminará en el mar.

América Latina ha sido y es en gran medida un invento, un diseño y un deseo de lo que otros han querido que seamos, un manojo de democracias fracasadas. Un reservorio para Estados Unidos, su patio trasero. Pero en esa realidad estuvo Fidel, sobreviviendo y desafiando a la potencia mundial, a pesar de la historia y de sus contradicciones.

No admiro a las dictaduras, pero en definitiva Fidel Castro fue un referente de rebeldía, resistencia, y solidaridad entre los pueblos. El sistema de salud de la Isla fue declarado como ejemplar según la Organización Mundial de la Salud, a la vez que es uno de los países con mayores índices de desarrollo humano.

Cuba es hoy el único país de América Latina sin desnutrición infantil, declarado paraíso internacional de la infancia por la UNICEF, cuenta con la tasa de mortalidad más baja de América Latina, también con ciento treinta mil médicos graduados.

Dice Eduardo Galeano sobre la revolución cubana: “los enemigos de Fidel no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse… Y no dicen que esta Isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta”.

No creo que los cubanos hoy necesiten de esos valores retorcidos y mentirosos encarnados y ofrecidos por Trump, ese mito de “progreso y prosperidad” no son más que espejismos de ilusiones falsas. Ellos, los cubanos en sí son un ejemplo concreto de humanidad y resistencia.

Fidel Castro será recordado por mucho tiempo. Será la historia quien expresará en  variables e indicadores humanos del futuro si aquella revolución sirvió de algo. La historia está ahí implacable y severa, ella será quien corregirá a unos y a otros, dará la razón sobre este pueblo isleño que a pesar del bloqueo siguió de pie y con la frente en alto, caminando.

No creo que los cubanos hoy necesiten de esos valores retorcidos y mentirosos encarnados y ofrecidos por Trump, ese mito de “progreso y prosperidad” no son más que espejismos de ilusiones falsas. Ellos, los cubanos en sí son un ejemplo concreto de humanidad y resistencia.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
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