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Una economía al servicio del uno por ciento

Los paraísos fiscales son caldo de cultivo de un sistema mañoso y perverso.

Marcela Gereda

Todo lo que vivimos sucede dentro de una inmensa nebulosa de confusión. Un laberinto sin salida en el que produce vértigo, sentimiento de orfandad, y una repulsiva náusea pensar en cómo el 99 por ciento de la población mundial padecemos a la vez que reproducimos una economía que está al servicio del uno por ciento de la elite mundial.

Hace unos días, se llevó a cabo el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, en el que la organización Oxfam presentó un informe sobre el estado del mundo. Un dato en particular del informe es vertiginoso: las 62 personas más ricas poseen una riqueza equivalente a la de la mitad del planeta.

Es decir que vivimos un tiempo líquido y virtual condicionado y propiciado por una economía basada en la desigualdad. Cuesta comprender cómo se llegó a estos niveles bestiales de asimetría en los que la mitad más pobre de la población acumule posesiones que no superan las de una decena de personas millonarias que cabrían en un ruletero de los que vemos en el tráfico mañanero en la calzada San Juan.

Entre otros temas en el Foro Económico Mundial se criticó cómo el entramado mundial de paraísos fiscales permite que las oligarquías mundiales oculten en ellos más de 7.6 billones de dólares.

Se señaló que pese a que la riqueza de la mitad más pobre de la población mundial –más de 3 mil 600 millones de personas– ha caído en un billón de dólares desde 2010, la fortuna combinada de la elite se ha elevado en alrededor de medio billón de dólares.

¿Cómo explicar que las 62 personas más ricas del planeta poseen el equivalente a los recursos económicos de los 3 mil 570 millones de habitantes más pobres? Y es que por más descabellado que nos parezca la riqueza mundial está dividida en dos sectores: la mitad está en manos del uno por ciento más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99 por ciento restante.

Cierto es que lejos de ser regulado, este sistema de asimetría solo va en expansión. Es decir, los paraísos fiscales son el caldo de cultivo de un sistema mañoso y perverso que permite a las grandes trasnacionales e individuos la evasión fiscal. Pero, ¿cómo revertir el libre mercado, la desregulación financiera y los paraísos fiscales que han llevado a esta economía al servicio del uno por ciento de la población mundial?

Marcela Gereda

Thomas Piketty explica que las fallas intrínsecas en los modelos de competencia perfecta que ocultan asimetrías y mercados imperfectos, ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo. Y que la desigualdad se está disparando en todos los países desarrollados, y que el uno por ciento de la población es cada día más rico, y que el 0.1 por ciento es aún más rico, y que el 0.01 por ciento es aún más rico todavía. Esto demuestra que los beneficios reales del capitalismo quedan en muy pocas manos, y que si no se realizan intervenciones extraordinarias, la tendencia continuará en ascenso haciendo que el siglo 21 se parezca al siglo 19, donde las elites económicas vivían de la riqueza heredada en lugar de trabajar por ello.

El poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y así manipular la brecha, dejando sin esperanza a cientos de millones de personas.

Participamos de una economía desbocada y en decadencia en el que la cúpula mundial crea las condiciones económicas para pasarle las llantas a quien sea con tal de lucrar. Tanto es así, que en el actual sistema neoliberal, muchas corporaciones producen alimentos con el objetivo único de producir adiciones mediante el uso de químicos y artificios, para lucrar con la alimentación. Entre más adicción, más consumo y más ganancias para ellos. Y si esos alimentos matan el cuerpo a fuego lento, le pasan la factura de tratamientos hospitalarios a las familias y al Estado.

En ese ir y venir de este mundo que se cae a pedazos y en ese abrir y cerrar pantallas que buscan (des)informar, manipularnos para comprar, no somos sino marionetas distraídas que divagando en neblinas de confusión, deshumanización e insensatez en el que muy pocos se llevan la tajada más grande del pastel y expulsan a las grandes mayorías a sobrevivir. A vivir hastiados, a ser víctimas de una violencia desmedida provocada por la pobreza, la desigualdad, el caos y la marginalidad.

Nos toca preguntarnos si es ese el mundo que queremos dejar como testimonio de nuestro tiempo, y si es ese el sistema al que queremos servir y para el que entregamos nuestro tiempo y energía; nuestra vida…

Fuente: [http://elperiodico.com.gt/2016/02/01/opinion/una-economia-al-servicio-del-uno-por-ciento/]

Marcela Gereda

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