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Irmalicia Velásquez Nimatuj

El triunfo electoral de Gustavo Petro en Colombia ha desatado varias opiniones negando la posibilidad de que pudiera ocurrir algo similar en Guatemala el próximo año.  Penosamente el debate no gira alrededor de ¿cuáles deberían ser las condiciones necesarias y urgentes para que se produzca un proceso que saque del poder al pacto de corruptos que actualmente criminaliza, desmantela y ahoga a la desnutrida democracia en la cual se vivía?

Para la mayoría de los columnistas, esto es imposible y sus puntos de vista son válidos e interesantes, ¿pero realmente es esto cierto?, ¿hasta dónde, quienes escriben -que somos un puñado en un país de pobres- somos capaces de representar, sentir o recoger los sueños, los enojos o los hartazgos de quienes viven al día?  ¿acaso quiénes escribimos conocemos cómo piensan los sectores subalternos?, ¿tenemos idea de cuál es el horizonte político de los sectores conscientes del país que incluye a una diversidad de personas y colectivos que proceden de diferentes historias, experiencias y cargando históricas frustraciones que no aguantan más?  

Es cierto que en Guatemala existen condiciones estructurales que están a favor del pacto de corruptos para tomar y diseñar el Estado a su medida, pero esto no puede asustarnos, porque esto no es nuevo, esto ha sido parte de la historia nacional, y esa historia nos muestra que la historia nunca ha sido lineal sino al contrario, es una historia en donde la población de abajo, los pueblos indígenas, las mujeres diversas, los sectores campesinos, los estudiantes, docentes, trabajadores conscientes, los sectores cristianos progresistas, entre muchos otros en diferentes momentos han sido capaces de crear puntos de inflexión en donde se le ha arrebatado por momentos la estabilidad a las y los intocables.

Frente a un año electoral que se aproxima, lo urgente debería de ser interpelar y exigir a los partidos políticos -que no responden al pacto de corruptos- para se sienten, negocien y se abran a las múltiples voces y movimientos nacionales, regionales y locales y se les obliguen a escuchar y construir una plataforma política progresista donde la priorización sea construir otra Guatemala. 

En momentos de represión, como los actuales, los partidos políticos “progresistas” no son ni deben ser propiedad de un caudillo, de una elite, de pequeños sectores o feudos sino deben ser puestos al servicio de las y los de abajo para que cumplan el rol, que es el de permitir el cambio de modelo que merece Guatemala.  No debe permitirse que ninguno de estos partidos actué como los partidos de derecha o como la elite tradicional que construyen partidos alrededor de un salvador.  En estos momentos de regresión, en donde las elites tienen miedo de lo caminado y de lo que la población consciente es capaz de lograr, urge el diálogo y las alianzas estratégicas, no la imposición. 

En momentos de represión, como los actuales, los partidos políticos “progresistas” no son ni deben ser propiedad de un caudillo, de una elite, de pequeños sectores o feudos sino deben ser puestos al servicio de las y los de abajo para que cumplan el rol, que es el de permitir el cambio de modelo que merece Guatemala. 

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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