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Bajo tu sencillez estaba la fuerza de los hilos que movían tu historia colectiva y junto a ella, se develaban las huellas profundas con las que el colonialismo contemporáneo marcó tu mundo.

Irmalicia Velásquez Nimatuj

Querido hermano Rosamel los vientos del norte y sur trajeron la noticia de tu partida, el destino se nos adelantó y no pudimos llegar a tiempo para el abrazo, para la tertulia, para reír por lo vivido o para compartir sueños de otro mundo urgente para nuestra descendencia.

Aún recuerdo cuando te conocí, allá en el 1410 de la Alameda Drive en Austin, nuestra casa común y nuestro querido espacio, porque allí convergíamos los muchos o los pocos indígenas del centro y del sur que vivíamos y estudiábamos junto a los que iban de paso por esa ciudad, cobijados por el sentido de familia que fueron tejiendo Melissa y Charlie.  Mientras escribo, recuerdo esa tarde de tu llegada, te esperamos a ti y a tu familia con alegría, no era para menos, desde que llegaste no paramos de disfrutar de tus anécdotas políticas junto a tus peripecias como estudiante de posgrado en la universidad de Nueva York, junto a tu querido maestro Eric R. Wolf (1923-1999). Nos narrabas con un especial sentido del humor lo abrumado que terminabas, luego de sus clases por la erudición que caracterizaba a Wolf, que a veces terminabas caminando por horas en las calles de esa cosmopolita ciudad, intentando conectar lo aprendido con la lucha de tu pueblo mapuche.

En varios momentos deferiste de ese deseo tuyo de formarte para contribuir a la rebeldía de tu generación que se oponía a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) que a sangre y fuego acallaba, ignoraba, reprimía y arrinconaba a tu pueblo; gritando al mundo que en Chile no vivían indios que, al contrario, Chile construía “el milagro económico” producto de la imposición del modelo neoliberal.  Siempre nos inspiraste, porque bajo tu sencillez estaba la fuerza de los hilos que movían tu historia colectiva y junto a ella, se develaban las profundas huellas con las que el colonialismo había marcado tu mundo, tu familia, tu tiempo y tu vida.

En la primavera del año pasado trabajamos juntos y escribiste el ensayo: Mapuche’s disagreements with development: a critical perspective from local spaces para The Routledge Handbook of Indigenous  Development que pronto se publicará.  Y en el otoño participamos en una discusión virtual para compartir las experiencias indígenas de Abya Yala en el marco de la atribulada agonía del multiculturalismo neoliberal.  Nuestra última conversación fue alrededor de cómo estábamos enfrentando la Covid-19 desde los diferentes territorios originarios.

Ahora, cubierto con tu maküñ vuelves a la tierra de tus ancestros, dejando tus huellas en las universidades en donde formaste a luchadores académicos. ¡Hasta pronto compañero Rosamel! Mientras vivamos siempre te recordaremos.  Que los vientos fríos del sur te abracen y eleven tu espíritu para seguir abrigando a la juventud mapuche que no ha dejado de resistir.

En varios momentos deferiste de ese deseo tuyo de formarte para contribuir a la rebeldía de tu generación que se oponía a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) que a sangre y fuego acallaba, ignoraba, reprimía y arrinconaba a tu pueblo; gritando al mundo que en Chile no vivían indios…

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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