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Espero que estos días nos hagan entender que el futuro es colaborativo o no es.

Marcela Gereda

¿Qué nos enseñan estos días? La sobredosis de información y opiniones no ayudan a encontrar claridad ni a lograr salir del letargo intelectual. Lo que sin duda es un hecho es que estamos ante el inmenso desafío de inventar e imaginar nuevas formas de estar y ser hoy en el mundo.

Que nuestro modelo de consumo es insostenible para el planeta es quizás una de las primeras lecciones de estos días de confinamiento. Que no podemos volver a la “normalidad” porque eso a lo que llamamos “normalidad” es lo que estaba acabando con las especies y recursos del planeta es otra de las conclusiones en la que esperamos que se aterrice masivamente.

Dice la científica y primatóloga británica a sus 86 años, Jane Goodall, que el desprecio de los seres humanos hacia la naturaleza puede haber ocasionado esta pandemia y en cierta medida resuena con las investigaciones que dicen que este coronavirus puede haber provenido del tráfico de pangolines y murciélagos en China.

Desde una mirada histórica los humanos somos una de las especies más jóvenes del planeta. Existen otras especies que llevan más millones de años que nosotros sobre la faz de la Tierra, hoy están en peligro de desaparecer por la actividad humana. Estamos ante la sexta extinción de especies”.

La mitad de los animales que vivieron en la Tierra han desaparecido. Ello en gran medida se debe a la sobreexplotación de los recursos naturales, caza, deforestación, uso masivo de pesticidas y agroquímicos, explotación forestal, destrucción de hábitats, etc., todo ello enmarcado en una lógica donde priva el extractivismo de los recursos naturales sin precedentes.

Acaso estos días de silencio nos pueden recordar que el equilibrio de la vida depende de la biodiversidad de las especies. Por ello volver a la “normalidad” no es viable para la vida en el planeta. Acaso la vida globalizada está llegando a sus límites.

Según el filósofo británico John Gray: “La era del apogeo de la globalización ha llegado a su fin. Un sistema económico basado en la producción a escala mundial y en largas cadenas de abastecimiento se está transformando en otro menos interconectado, y un modo de vida impulsado por la movilidad incesante tiembla y se detiene. Nuestra vida va a estar más limitada físicamente y a ser más virtual que antes. Está naciendo un mundo más fragmentado, que, en cierto modo, puede ser más resiliente. Agrega: “La tarea que nos espera consiste en construir economías y sociedades más duraderas y humanamente habitables que las expuestas a la anarquía del mercado global”.

Tenemos que entender que formamos parte del mundo natural, que dependemos de él, y que destruyéndolo, robamos el futuro a nuestros hijos.

Tengo la esperanza de que este silencio impuesto y esta desaceleración nos haga tomar consciencia de que no podemos volver a eso que llamábamos “normalidad”, que nos haga inventar nuevas formas de relacionarnos con la Tierra y con otras especies. Nos toca ejercer la creatividad para inventar nuevas formas de relacionarnos y de producir.

Espero que estos días nos hagan entender que el futuro es colaborativo o no es. Es momento de tomar consciencia de que el modelo de vida que nos vendió la modernidad y la globalización, ese de la expansión económica infinita, formas baratas y sucias de producción, viajar, consumir y desechar no son sanas ni posibles para la vida interconectada en el planeta. Desde la esperanza colectiva y nuevas formas de estar en el mundo, juntos podemos elegir construir otro camino. “La era está pariendo un corazón”.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda
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