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Javier Payeras

Una salida muy precisa al «vigilar y castigar», que Foucault denuncia con gran lucidez, ha sido ese «normalizar y controlar» que hoy en día se sobrepone a cualquier acto de afirmación cultural y política.

El racismo, los fundamentalismos religiosos, el sexismo, la homofobia y demás prácticas epidérmicas afincadas entre los conservadores más carcas ya no pueden ganarle la partida a la omnipresente publicidad y sus enormes cantidades de dinero. Como es evidente, los neoconservadores tienen más intereses económicos que posturas morales y éticas, y para ellos resulta muy difícil oponerse a la enorme maquinaria de pisto que representa la rebeldía lite.

El mercado ya se dio cuenta de que todo puede ser rentable mientras se transforme en un lifestyle de moda. El chico que antes era etiquetado bajo el estigma de su homosexualidad ahora vende millones para el mercado explícito de la pret a porter, justo al alcance del bolsillo de cualquier «víctima de la moda».

Antes, una imagen que provocaba úlceras gástricas a cualquier pusilánime aficionado al Ku Klux Klan ahora es la bandera del amor y la —superficial— concordia interétnica en Estados Unidos y Europa. Los gobiernos «dan» espacios a las minorías (dentro de algunos inofensivos aparatos de Estado) para quedar bien parados ante el «mundo libre»; no digamos toda la iconografía revolucionaria que se calca en playeras, discos, encendedores, pocillos y otros souvenirs para sentirse un poco cerca de esa transformación cómoda hacia una izquierda menos radical, más reposada y narcisista.

Vigilar y castigar dejó de ser el asunto. Ahora el poder aprendió que puede conservarse cediendo un espacio para las nuevas rebeliones, transformándolas en productos rentables que pueden controlarse y enfocándose en grupos-objetivo.

Fuente: [https://casiliteral.com/interzonas/normalizar-y-controlar/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Javier Payeras
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