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En las últimas semanas Guatemala ha estado de fiesta. Por primera vez un deportista guatemalteco ha estado en el podio de las olimpiadas con Erick Barrondo y su medalla de plata en Londres 2012. Ha sido Guatemala un país exiguo en logros deportivos como puede constatarse  que un deporte tan importante en el país como es el fútbol, nunca ha participado en un campeonato mundial. La selección sólo ha participado tres veces en las olimpiadas y hoy salvo Nicaragua que es un país beisbolero, su fútbol es el más malo de Centroamérica. Lejano está 1921 cuando Guatemala derrotó a Honduras  9-0. Hoy el fútbol hondureño está bastante arriba del guatemalteco.  La medalla de plata de Erick Barrondo  nos trae indudable alegría, pero también ha traído recuerdos acerca de la heroicidad y la tragedia de los deportistas guatemaltecos. No es posible olvidar que Doroteo Guamuch hasta el nombre perdió  cuando saltó a la gloria deportiva al ganar la maratón de Boston en 1952.  Que el estadio  más importante de Guatemala no lleva su nombre sino el de Mateo Flores porque el racismo imperante en el  país impidió que se le nombrara por su nombre verdadero. Hay que recordar que Doroteo Guamuch/Mateo Flores, un día  fue a vender sus trofeos a la Confederación Deportiva de Guatemala para poder comprar una bicicleta que le serviría para trasladarse a su trabajo. Que dicho trabajo apenas le alcanzaba para poder sostener a su esposa y siete hijos.

Y ahora que el gobierno de Pérez Molina tuvo a bien reconsiderar una humillante limosna a Teodoro Flores Palacios de mil quetzales mensuales, es necesario volver a recordar varias cosas.  El doble campeón y medallista de oro en los I y II Juegos Iberoamericanos y tercer lugar en el campeonato mundial de salto alto en 1962, fue despojado de la bandera en la olimpiada de 1968 por los dirigentes deportivos de Guatemala. El motivo: haber expresado su simpatía con los atletas negros estadounidenses que en el podio levantaron  el puño negro enguantado expresando  así su adhesión a la lucha antiracista. Hubo ocasiones en que Teodoro fue  a las competencias sin entrenador, zapatos ni uniforme y una vez regresó a Guatemala después de sus brillantes participaciones con 25 centavos en la bolsa. Aconteció también que regresó a Guatemala con medallas de oro en sus manos y un maletero del aeropuerto le tuvo que regalar diez centavos para que pudiera irse en  autobús a su casa…

Hoy nuevamente un joven indígena  crecido en la pobreza, pone en alto el nombre su país. Mientras todos celebran el triunfo, pocos recuerdan que Erick Barrondo al regresar de su triunfo en los Juegos Panamericanos de 2011, tuvo el mismo recibimiento indiferente y solitariamente emprendió el regreso a la aldea Chiyuc, Alta Verapaz, de donde es oriundo. Que su entrenamiento lo tuvo que hacer en gran medida con su propio esfuerzo y  con una infraestructura totalmente precaria. Pese a su medalla de oro en los Panamericanos de 2011 no fue el abanderado de Guatemala en Londres 2012. Lo fue un ganador del bronce en los mismos juegos, pero que tiene en su  haber apellido de familia conocida. Sus viáticos ascendieron a 27 mil quetzales mientras los delegados del Comité Olímpico Guatemalteco viajaron en primera clase y dicen que alguno de ellos se recetó 87 mil quetzales…

Erick Barrondo fue el abanderado guatemalteco en la clausura de Londres 2012. Ojalá sea este el primer paso de su dignificación como deportista. Ojalá la medalla de plata que ganó, sea el camino para que los deportistas de alto rendimiento de Guatemala, sobre todo los indígenas y pobres, sean tratados como lo que son: parte del tesoro nacional.

El doble campeón y medallista de oro en los I y II Juegos Iberoamericanos y tercer lugar en el campeonato mundial de salto alto en 1962, fue despojado de la bandera en la olimpiada de 1968 por los dirigentes deportivos de Guatemala. El motivo: haber expresado su simpatía con los atletas negros estadounidenses que en el podio levantaron  el puño negro enguantado expresando  así su adhesión a la lucha antiracista.

Carlos Figueroa Ibarra
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