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Manolo Vela Castañeda
manolo.vela@ibero.mx

El mundo se divide entre aquellos que actúan mal y no lo soportan; y, aquellos otros que actúan mal y hallan en ello un disfrute muy especial. El alma de estos últimos está provista de cantidades infinitas de cinismo, esa proverbial falta de vergüenza. Pueden hacer lo que se les venga en gana, porque ellos siguen con su vida, tan campantes, como si aquí nada hubiera pasado. Y al menor reclamo, tienen esa innata habilidad para presentarse, ellos, sí, los grandes abusadores, cual corderitos inocentes, como las víctimas.

***

La escena transcurre en una moderna oficina ubicada en el corazón de la zona empresarial de ciudad de Guatemala.

–Pasá adelante Jorge Mario, qué gusto verte, mano. ¿Qué vas a querés? ¿un whiskyto, una tu embajada?

–Jajajajaja yo digo que para empezar un whiskyto, Tony, gracias. Ya después vemos eso de la embajada, que también me interesa.

Mientras destila un generoso chorro de whisky en los dos vasos, Tony le dice a Jorge Mario: –Ganamos vos, ganamos las elecciones. Qué digo las elecciones, vamos ganando todo: Congreso, Ministerio Público, Contraloría, y dentro de poco: las Cortes.

Dando un tímido sorbo a su vaso, Jorge Mario alcanza a replicar: –No cabe duda que hay gente que sabe hacer bien las cosas, verdad vos. Qué bueno que ya se fue la CICIG. Regresó la paz.

Sentado en el sillón principal de su oficina, Tony se inclina hacia delante, como para decir algo muy importante: –Y con esa paz que decís, ya vamos a poder regresar a hacer negocios como a nosotros nos gusta: engrasando con plata a quien se nos ponga enfrente. Ese es el capitalismo, el único que existe, el que aprendí con mi papá. Nada que ver con eso que enseñan en la Marro; que emprendedores, ni que nada. Que libre comercio ni que ni mierda: aquí nosotros controlamos el pollo, la harina; el azúcar hasta la damos más cara aquí, de lo que la vendemos afuera. Pagamos los salarios que se nos da la gana, destruimos sindicatos. Este es el capitalismo a la guatemalteca, y al que no le guste que se vaya, que, así como ya tenemos un millón de pisados en Estados Unidos, pueden haber dos, tres, cuatro.

Mirá, –dijo Jorge Mario– pero lo fregado, si me permitís, son los que siguen en el tambo, verdad vos.

Un poco alterado, con el ceño fruncido, Tony responde: –Ya van a salir, vos no te ahuevés. Mirá cómo salieron los del caso IGSS-Pisa. Sin la CICIG los jueces no aguantan, se tienen que alinear. Cuando el dinero habla la verdad se calla, mano. Ni modo que íbamos a permitir que uno de los nuestros fuera condenado. Pobre Maxito, mirá, si él no tenía nada que ver con la muerte de esos cuarenta enfermos renales, desechables. Que me perdonen, pero eso es lo que eran: unos desechables, gente que ya se iba morir. Si Maxito es un hombre honorable, cafetalero, de buenos apellidos, de buena familia. [aquí, Tony se refiere a Max Erwin Quirín Schöder, representante, en la Junta Directiva del Seguro Social, del CACIF]. Qué iba saber él que la Droguería PISA no tenía ni experiencia, ni capacidad instalada, ni nada. Si él solo llegaba a firmar. A firmar, y a cobrar sus dietas, porque a huevo, dinero es dinero. Y al terminar la frase, ya más relajado, se acomoda en el sillón.

Para seguir la conversación, Jorge Mario, apunta: –Pero qué bueno que –por fin– ya se acabó todo esto, Tony, fue una pesadilla.

Pero Tony va regresar al ataque, explicando: –Sí. Igual fue con aquello de que le metimos dinero a la campaña de Jimmy, te acordás. Y por eso nos acusaron, imaginate. Allí tuvimos que salir a dar la cara, a leer un comunicado pidiendo disculpas. Si vos, con tu dinero, podés hacer lo que querrás; ya solo eso me faltaba, que un colombiano me viniera a decir a mí, a mi país, cómo podía yo gastar mi plata. Si esa es la democracia, nuestra democracia: nosotros le ponemos plata a los candidatos que se nos pega la regalada gana. Se la ponemos y se la quitamos. Y si queremos les damos a todos, para que se acuerden quién manda. Ni modo que ya no íbamos a poder financiar, o a comprar, da lo mismo, aquí estamos en confianza. Si el que pone el dinero pide las canciones. [Aquí, Tony se refiere al caso de financiamiento electoral ilícito del partido FCN-Nación].

Bueno, mirá –dice Jorge Mario– Y qué me decís de la prisión preventiva, que gran tortura, verdad Tony; una humillación para toda la vida.

–Yo creo que esos que siguen presos son unos héroes vos –dice Tony, apuntado a Jorge Mario con el dedo índice. Y así continúa: –Mirá: los canales de la televisión nacional nos han ayudado; y, además, le metemos mucha plata a nuestros Net Centers, y a República, nuestra plataforma de noticias. Esas son nuestras oficinas de relaciones públicas para que la gente sepa la verdad: que la injerencia extranjera, que la soberanía, que el abuso de la prisión preventiva, que los testigos amañados, que la justicia selectiva, que los comunistas, que la familia, que el aborto, que el matrimonio entre personas del mismo sexo, que la agenda de Naciones Unidas.

Cada vez más interesado, Jorge Mario, afirma: –Mirá Tony: yo siento como que el colombiano no sabía con quién se estaba metiendo, verdad vos. 

–Sí, tenés razón –dice Tony– nosotros no podíamos permitir una CICIG imperial. Recordate que nosotros somos los dueños del país, verdad vos; y eso nos hace in-to-ca-bles, porque sin nosotros no hay empleo, no hay exportaciones, no hay inversión. Somos gente honorable, con principios y valores, de buenos apellidos: Castillo, Bosch, Botrán, Gutiérrez, Novella, Paiz, Torrebiarte, Vila. Nada de apellidos chuecos mano, que Aceituno, que Arrazola, que Flores, que Sáenz, que Vela. Nosotros somos gente comprometida con la transparencia, el Estado de Derecho, el respeto a las leyes, el desarrollo, la modernidad, el progreso y el bienestar de la familia guatemalteca… Ya casi me quedo sin aliento de esas frases que, de tanto repetirlas, hasta uno se las termina creyendo.

Sí, así vi, que te estabas ahogando –dice Jorge Mario, y ahora, viéndonos a nosotros, sigue– pero mirá: vaya que todo esto que hablamos aquí es pura ficción, verdad Tony.

Claro, pura ficción, campeón jajajajaja –y también, viéndonos a nosotros, contesta Tony y sigue– Pero no me has dicho qué embajada vas a querer.

Entonces, Jorge Mario se lanza a lo que vino: –Mirá, yo siempre he pensado en Inglaterra.

–A bueno, si esa es la que te gusta… –le anima Tony.

Y allí, como quien no quiere nada, remata Jorge Mario: –Es que fijate que me gusta todo eso de la reina; y, a mí desde chiquito me gustaba Lady Di; y, pues, cuando fue su muerte, me tocó mucho vos, fue algo muy duro para mí, fijate.

–A la puta vos –dice Tony– se mira que sí le sabés a eso de la diplomacia. Estoy seguro que vos vas a hacer un mejor trabajo que el señor que tenemos allá. Y, animando a Jorge Mario, que todavía estaba abatido por el recuerdo de la muerte de la princesa Diana, Tony, dice: –Veníte, vamos a hablar con el doctor, te lo voy a presentar.

Y allí, como quien no quiere nada, remata Jorge Mario: –Es que fijate que me gusta todo eso de la reina; y, a mí desde chiquito me gustaba Lady Di; y, pues, cuando fue su muerte, me tocó mucho vos, fue algo muy duro para mí, fijate.

 Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manolo E. Vela Castañeda

Doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México. Es profesor investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Ganador del Premio 2009 Academia Mexicana de Ciencias a la mejor tesis de doctorado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.
Manolo E. Vela Castañeda
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