Autor: Lucrecia Molina Theissen

Luminosas, oscuras, polvorientas, mil imágenes de mi país cuelgan de mis pestañas… Lucrecia Molina Theissen.

Luminosas, oscuras, polvorientas, mil imágenes de mi país cuelgan de mis pestañas… Lucrecia Molina Theissen Desde el horizonte que se extiende a través del ancho ventanal, Hunahpú, el Volcán de Fuego y el Acatenango con sus dos torres ¿me ven?, figura triste atrapada tras el vidrio. Una nube sucia, embarrada de norte a sur, oscurece sus bases y opaca las luces del alumbrado que aún siguen prendidas. A mis pies, se extiende un paisaje arbolado, de calles y avenidas apretadas, erizado de casas y altos edificios que de noche es otra Guatemala, no la que hubiésemos querido construir sino...

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Invocación a las palabras. Lucrecia Molina Theissen.

Invocación a las palabras Lucrecia Molina Theissen Me pierdo en letras y palabras Cuido el punto y la coma Pulo las formas. Pero lo que quisiera hacer realmente Es quemar el mundo y rehacerlo Con mis manos A la medida de los sueños De los hombres sencillos. Reinventarlo para las mujeres. Llenarlo de alfabeto, de pan y de alegría Para los niños y las niñas. Cuando tenía diez años, leí sobre Gabriela Mistral en un cómic de la editorial Novaro, casa mexicana que publicaba, entre otras historietas, “Vidas ilustres”, una de ellas era la de la poeta chilena. Estaba...

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Ser justos y humanos es una decisión personal. Emma Theissen.

Ser justos y humanos es una decisión personal Mensaje de nuestra madre Emma Theissen en este 30 de junio, Día del Ejército Estoy segura de que entre quienes conforman actualmente el ejército guatemalteco hay personas capaces de imaginar el profundo sufrimiento que les provocaría la captura ilegal, los tormentos y el asesinato o desaparición forzada de alguno de sus hijos o hijas. Si se pusieran en mi lugar, como seres humanos que somos comprenderían que no existe ninguna justificación en el mundo para arrancar a un niño de su casa, privarlo del amor y la protección de su madre...

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He vivido su vida no vivida, sin usted pero con usted siempre. Lucrecia Molina Theissen.

He vivido su vida no vivida, sin usted pero con usted siempre Amado hermano mío: Se lo llevaron de mi casa, pero no de mi sangre. Se lo arrancaron a mi madre de los brazos, pero no pudieron arrancarlo de mi memoria. Ha estado conmigo en la tristeza, en las noches en vela, en la espera y en la búsqueda. Como un faro, me ha guiado a la justicia. Y ese día, cuando esté frente a ellos, cara a cara, estará conmigo en la piel, en mis venas, en mi mirada, en mis palabras y en mis lágrimas, dándome...

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Recuerdos de mi hermano. Lucrecia Molina Theissen.

Recuerdos de mi hermano Lucrecia Molina Theissen Marco Antonio Molina Theissen, mi hermano, un niño de 14 años y 10 meses de edad, fue detenido ilegalmente y desaparecido por agentes de la G2 del ejército de Guatemala el 6 de octubre de 1981. Indefenso, amordazado, pese a las súplicas de nuestra madre, fue sacado de nuestra casa al mediodía para nunca saber más de él. Este hecho incalificable, que desata tormentas y angustias en el alma, fue perpetrado tras la escapatoria de mi hermana Emma del cuartel militar de Quetzaltenango. Buscando justicia, recurrimos al sistema interamericano. En 2004, la...

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Los derechos de las personas desaparecidas. Lucrecia Molina Theissen.

Los derechos de las personas desaparecidas Lucrecia Molina Theissen ¿Qué es un/a desaparecido/a? ¿Una sombra, un nombre en una lista, un caso judicial? ¿Un ser sin sepultura conocida, un recuerdo punzante, una cama vacía, un plato sobre la mesa que no se usa desde hace mucho tiempo, una espera sin fin? ¿Qué es Marco Antonio para mí? ¿Una culpa inmanejable? ¿El vacío, la ausencia permanente, la incompletud más absoluta? ¿Un puñado de huesos que me espera en alguna fosa clandestina? ¿La pátina de tristeza que me envuelve? ¿Qué me quedó de él, aparte de este amor saturado de tristeza, impotencia y sufrires abismales? Su vida, corta vida, tiene que ser más que el instante en el que la puerta de la casa se cerró para siempre tras sus pasos, más que esa habitación vacía donde quedó su huella, más que mi alma habitada por el aire estancado de su ausencia. ¿En qué convirtieron a mi hermano? ¿En un expediente y una fecha en un archivo militar? ¿En una misión cumplida? En las inmundas mazmorras invisibles, él fue para ellos el objeto de todos los abusos, desnudo del mundo, de su nombre y sus ropas, desprotegido e indefenso en su expresión más absoluta, reducido a lo último y más básico que tenemos como seres humanos: un cuerpo maltratable, aniquilable, sin alma, sin nombres ni apellidos, al que hundieron para siempre...

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La breve primavera de la justicia. Lucrecia Molina Theissen.

Llueve a torrentes. Es mayo nuevamente. El 10 celebramos la breve primavera de la justicia iniciada por la sentencia del juicio por genocidio que condenó al general Efraín Ríos Montt a ochenta años de prisión por este crimen de lesa humanidad. Como no podíamos dejar pasar la fecha sin hacer algo, tras un rápido intercambio de correos, un grupo de compatriotas acordamos reunirnos en la plaza de La Cultura y participar de la iniciativa que se desarrolló en muchas otras ciudades. A las 9:30 de la mañana de este especial Día de la Madre, el aire estaba cuajado de palomas oscuras. Mientras J. estacionaba el carro, me quedé en la acera con dos sillas, dos bancos, una caja con las camisetas conmemorativas y volantes, una pancarta de 2 x 2 del “Ángel que Grita” cedido por su autor (¡gracias, Daniel!), un megáfono colgando de mi hombro y un bolsito de tela diminuto con la cédula de residente por si las moscas. Mientras pensaba cómo íbamos a llevar todo hasta el otro lado de la plaza, un joven se acercó a curiosear. Desconfiadota, guatemalteca al fin, me apreté el megáfono a la cintura mientras le explicaba que nos aprestábamos a celebrar un año de la sentencia que condenó al genocida a 80 años de prisión y, orgullosa, desplegué la pancarta ante sus ojos. Con su ayuda trasladamos las cosas. No...

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Volver. Lucrecia Molina Theissen.

Volver Lucrecia Molina Theissen Estar de paso, siempre de paso, tal vez mañana, mañana o nunca. El tiempo falso de los relojes no cuenta el tiempo, cuenta la ausencia (…) Miguel Ángel Asturias En mi interior hay movimientos telúricos. Se mueven masas enormes de tristeza que me toman el cuerpo causándome dolores intensos, inexplicables, hasta que veo el calendario. Es marzo y, con la primavera que estalla en trinos y flores coloridas, los recuerdos se desplazan del subconsciente y suben de nuevo hasta mis pesadillas. El 26 de marzo se cumplieron treinta años de haber abandonado mi país. Salí y Guatemala no se cayó a pedazos, como yo. Pero la vida siguió y lo que no me mató me hizo más fuerte. Hace treinta años era joven. La vida despuntaba en mi horizonte, creo que era valiente (hay una parte de mí que no conoce nadie, ni yo misma, quizá eso fue lo que me hizo mantenerme de pie y sobrevivir). Sobreviví, ¿para qué? ¿Para convertirme en una planta aparentemente insensible? ¿Para vivir a medias, mutilada? Pues no. Dejé de ser y ahora soy nuevamente. Lejos, recuperé mi esencia, me inventé esta otra vida que, como un vestido de retazos o un rompecabezas de piezas que no encajan, hay días que no me queda bien. Me rehice lejos de todo lo querido hasta entonces. Y hoy tengo una vida...

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El duelo dificultoso, inacabado, permanente. Lucrecia Molina Theissen.

El duelo dificultoso, inacabado, permanente Lucrecia Molina Theissen Este artículo tiene su antecedente en ¡Queremos a Ciani vivo!, es un intento de explicar lo que vivimos las y los familiares de las personas desaparecidas Hoy me despertó el sonido de mi llanto por la desaparición de Marco Antonio. En el sueño, eso acababa de suceder. No era un llanto callado sino un aullido que traspasa más de la mitad de mi vida, un agujero en el alma y en el cuerpo que llevo –y que me lleva- desde hace décadas. Recrear en pesadillas que hoy, 16 de marzo de 2014, se están llevando a mi hermano para siempre, es parte de lo que me provoca ese hecho terrible, es lo que he vivido durante casi 33 años. Aunque quisiera creer que mi experiencia es única, estoy segura de que siento lo mismo que muchísima gente en Guatemala y Latinoamérica, empezando por mi propia familia, mi madre, mis hermanas. Me levanto y veo a través de la cortina. Suelto la mirada sobre una mañana despejada. La aurora, como en las epopeyas griegas, tiñe de rosa el horizonte. El día se anuncia caluroso, pero un viento susurrante hace que me estremezca. Me acosa la duda: ¿mi madre y mis hermanas sentirán del mismo modo este dolor sepultado que a veces se desentierra en pesadillas, en tristezas rabiosas, en esas noches largas,...

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Septiembre duele. Lucrecia Molina Theissen.

Septiembre duele Lucrecia Molina Theissen Ya debería estar acostumbrada a los septiembres malditos que me arrastran ineludiblemente hacia octubres tristísimos. Son días en los que mi espíritu vaga por todas mis esquinas interiores sin encontrar acomodo y noches en las que en pesadillas vuelvo a los peores lugares de mi vida. Septiembre duele. Cada día, cada hora, cada minuto y segundo son espinas punzantes y yo una mariposa que muere lentamente bajo su luz que se diluye en el aire. Me disuelvo en septiembre, con el veneno circulando en mis venas, regreso en el tiempo vertiginosamente y me deslizo al epicentro de mis hecatombes. Por eso hoy no soy yo. Hoy no quiero ser yo: la suma de todo lo que temo, de todo lo que me ha hecho feliz, de todas mis desgracias. Las palabras me eluden. Me cierro sobre mí misma y mis recuerdos que vuelven en torrente arrollándolo todo, pero ellos no me traen su voz que olvidé por completo y mi abrazo continúa vacío de su presencia amada. A ratos, la furia me recorre, me habita, me da forma, detona mi existencia fragmentándola en partículas diminutas que se extienden como un lienzo fino, transparente, que cae en el vacío. Recorro la madrugada con los ojos abiertos. Tras los párpados, pareciera que duermo mientras sueño que sueño en una pesadilla interminable. Soy esta oscuridad en la...

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New York, New York. Lucrecia Molina Theissen.

New York, New York Lucrecia Molina Theissen La ciudad de Nueva York, en esta época del año, es una selva calurosa de altísimos edificios y varios millones de habitantes. Pasé tres días con sus noches en “la ciudad que nunca duerme” y, por lo menos una, igual que ella, despierta. Uno no conoce Nueva York, la reconoce. Todos los lugares en los que estuve –en realidad, muy pocos, la ciudad es inmensa- ya los había visto muchas veces en la tele o en el cine, y me resultaban muy familiares. Todo pasa en esta increíble ciudad en la que se hablan todos los idiomas de la tierra, desde King Kong hasta el desastre financiero, pasando por la impresionante y mediática tragedia del 11 de septiembre de 2001 cuyo memorial visitamos la tarde del miércoles. Pero hubo dos sitios cuyas imágenes se quedaron en mi retina y estar allí fue una experiencia para los sentidos: Times Square y el paisaje urbano desde el funicular de la isla Roosevelt. La primera, la vitrina del capitalismo, es un ensueño colorido, una oda al consumo, la meca de una nueva religión, el consumismo, a la que acuden decenas de miles de personas cada año a asombrarse y a gastar. A la medianoche del jueves, estaba invadida por una multitud que soportaba las altísimas temperaturas con ropas veraniegas que mostraban, más que tapar, generosas...

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Receta de criminales para enfrentar un juicio, de Lucrecia Molina Theissen

Receta de criminales para enfrentar un juicio Tome usted un diccionario jurídico, el código procesal penal y la constitución de la república. Confúndalos con una taza de mañas, dos de malas intenciones, tres de cinismo y cuatro de perversidad. Bata fuertemente. Deje reposar la mezcla bajo una mesa y espere que se cubra de moho y telarañas, claros signos de olvido. Mientras tanto dedíquese a sus juegos de poder. Dele vuelo a la creatividad fabricando recursos dilatorios, amparos, recusaciones, insultos y mentiras. Si la cosa sigue (no dudo que le sorprenderá enormemente) con movimiento fuerte y envolvente, agréguele a su gusto vociferantes abogados, jueces, magistrados comprables –de todo hay en el mercado del cinismo y de la desvergüenza- y pulpa de campos pagados plagados de mentiras. Adobe la mezcla con racismo, misoginia y muchas pizcas de miedo, unas cuantas toneladas de amenazas públicas o veladas y muchos litros de complicidad con sabor a odio y a traición. Agréguele una corte constitucional a la medida con resoluciones ojalá favorables de olor y sabor a impunidad, es lo que busca. Por si hiciera falta más, adorne con lenguaje confuso. Cueza en horno fuerte. Disfrute el resultado. Blog de Lucrecia aquí....

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Diccionario Dixio

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