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Estuve tranquila
y no pasó nada.
La tarde era calma
muy clara y muy fría.

Te vi ahí sentado
y no pensé nada;
me acerqué sin dudarlo,
tú me diste el beso.

Un beso cortito;
un beso de amigos;
un beso que yo no intentaba
siquiera ofrecerte.

Hablamos de todo;
de todo y de nada;
y aún no comprendo por qué
la mirada me hurtabas.

Mis ojos van siempre
al otro cuando hablo;
te miran sinceros,
te miran directos.

¿Por qué tu mirada canela la lanzas
hacia cualquier lado que no sean mis ojos?

Hablamos de todo;
de todo y de nada;
y aún no comprendo por qué
mi mirada esquivabas.

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