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Guatemala es un país sin ley o con ley, pero solo para los poderosos.

Irmalicia Velásquez Nimatuj

La población de a pie, de las comunidades -en su mayoría indígenas-, de las barriadas y de otros espacios excluidos son en general quienes arriesgan diariamente su vida e inician el viaje para llegar a los Estados Unidos.  Ninguno de ellos o ellas necesitan haber pasado por las facultades de derecho para tener claridad de que la justicia es una quimera, que no existe ni existirá, por lo tanto, qué sentido tiene seguir en un territorio en donde están a expensas de enfrentar cualquier vejamen en sus cuerpos, familias o territorios si al final triunfa la impunidad.

La población común comprende perfectamente que la conspiración judicial en contra de ellos es permanente, es real y define sus vidas, la de sus familias y su descendencia, a quienes se les niega el futuro.  Guatemala es un país sin ley o con ley, pero solo para los poderosos.

Es la ilegalidad del sistema legal y la ausencia del Estado del derecho los que han contribuido a que el flujo de migraciones irregulares desde Guatemala se mantenga y terminen siendo administrado por redes criminales bien organizadas.    

Frente a esta realidad hay que reconocer que los recursos de cooperación de Estados Unidos y de cualquier otro país asignados para los desarrollos comunitarios han servido de poco, porque han ido directamente a los gobiernos que han usado esos recursos para incentivar la corrupción política de sus dirigentes de turno.

Por eso, el gobierno del presidente Joe Biden y sus equipos responsables de comprender y atender los flujos migratorios, debe saber leer con minuciosidad los pasos irreversibles que están dando los gobiernos centroamericanos y sobre todo sus elites que están detrás, que son las que mueven los hilos del poder de manera unilateral para que su modelo de justicia pro-impunidad continúe avanzando, se fortalezca y se institucionalice.  Con el único objetivo de ser ellos los que sigan acumulando ingresos desproporcionados y dejar sin comer al resto.

Si no se modifican los modelos de justicia y su forma de impartirla desde los países centroamericanos, lo poco que queda de democracia, irá minándose y con ella la posibilidad de rescatar a estas paupérrimas naciones, cuyas mayorías, dejarán de dar la batalla a lo interno, porque no tiene los espacios institucionales para competir y cambiar las relaciones de poder. Lo cual continuará fortaleciendo el éxodo hacia Estados Unidos o hacia cualquier otro país que les garantice condiciones mínimas de justicia.

El gobierno de Biden debe saber que para las poblaciones que enfrentan y cargan el costo de la impunidad no hay países socios que sean estratégicos si al final solo terminan trabajando con los mismos de siempre, los que han estado arriba.

Si no se modifican los modelos de justicia y su forma de impartirla desde los países centroamericanos, lo poco que queda de democracia, irá minándose y con ella la posibilidad de rescatar a estas paupérrimas naciones, cuyas mayorías, dejarán de dar la batalla a lo interno, porque no tiene los espacios institucionales para competir y cambiar las relaciones de poder.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/opiniones-de-hoy/2021/03/06/sin-un-sistema-de-justicia-solido-no-se-detendra-la-masiva-migracion/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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