“Sonidos de Esperanza”

Sus manos recuerdan lo que acaso nos desean a todos: vivir en sonidos de esperanza.

Marcela Gereda

En cualquier rincón de la tierra, la música y el arte son necesarios. Pero para un país como el nuestro; el de las violencias múltiples, el de las heridas abiertas, el que se desangra cada día de balas de hambre y de injusticia, la música es un bálsamo imprescindible.

La dignidad humana irradiada por los niños y jóvenes músicos de la Orquesta Sinfónica Sonidos de Esperanza hizo sonar la esperanza. Y la ternura de escuchar a niños haciendo vibrar un violín junto a las breves manitas de Yahaira Tubac sacándole notas navideñas a un piano, hace recobrar el sentido de la esperanza para los niños de esta tierra en la que muchos adultos no consiguen trabajo y donde muchos niños no pueden ser niños.
Desde la Orquesta Juvenil Sonidos de Esperanza, saben que la música es una revolución contra la violencia.

Sonidos de Esperanza es fruto del trabajo que realiza en el país el Centro de Desarrollo Artístico Infantil de Visión Mundial Guatemala. Este programa inició en 2004 para promover el arte entre los niños, niñas y adolescentes indígenas de San Juan Sacatepéquez, y formó la Orquesta Sinfónica Juvenil con músicos de diferentes edades, quienes desarrollaron sus habilidades artísticas en el centro.

Martín Corleto, director de esta orquesta y del centro de formación musical, es una especie de mago: además de hacer poesía con la música, también lo hace facilitando la transformación de la pasión de los niños al arte de sentir la vida desde la música y de compartir música con el mundo. Corleto es un heredero del arte. Hijo del dramaturgo Manuel Corleto y la actriz Patricia Orantes. Desde muy pequeño, le inculcaron el amor al arte. Desde los 13 años estudia música en el Conservatorio. Se ganó una beca para seguir estudiando en Rusia.

En la actualidad, el programa cuenta con orquesta, coro, ensamble de guitarras y el grupo Suzuki, que se especializa en la enseñanza del violín a los más pequeños.

El método Suzuki consiste en instruir a los violinistas de tres y cuatro años en el mismo proceso de aprendizaje que se utiliza con la lengua materna.

Dice Corleto en una entrevista: “Hay mucha poesía, encontrar la poesía que está en obras musicales y las que están en el corazón de las personas. Esta profesión nos obliga a recorrer un camino de investigación de estudio de lecturas y de sensibilización para poder transformarnos a nosotros mismos y percibir esa poesía que está en el mundo en nuestros músicos en nuestros colegas y en nuestros amigos”.

El talento de todos estos jóvenes y niños, incluido el de la excepcional Yahaira Tubac son un regalo y una esperanza para la vida. Cuenta el padre de Yahaira (quien es también artista) que desde que su hija estaba en el vientre de su madre le ponían música. Hoy la niña puede hacer volar a cualquiera cuando sus dedos caen sobre las teclas para tocar a Mozart y cuando en medio ese vuelo resplandecen esos “incendios estampados” de los huipiles de San Juan Sacatepéquez vestidos por estos niños transparentes.

En agosto de este año, la Orquesta Sinfónica Sonidos de Esperanza presentó el concierto Tributo Sinfónico a la No Violencia. “La música es una revolución contra la violencia”.

El centro ha formado más de 1,300 niños y adolescentes. La orquesta tiene más de 60 estudiantes. El patrocinio de una beca anual por alumno es de Q3 mil 750. El patrocinio de un instrumento es de Q2 mil 500. Los alumnos reciben clases desde los cero años. Los interesados en colaborar pueden escribir a alejandra_ovalle@wvi.org.

Escuchando a esta sinfónica en medio de sabernos hijos de una historia sangrienta, fracturada, contradictoria, cruel, arrojada entre dos espejos de misterio, donde todo puede pasar y todo está siempre por pasar, donde sucede una extraña síntesis y simbiosis de estupidez, miedo, belleza, injusticia, crueldad… donde se abraza la poesía cultural con la crueldad de injusticias, donde se rozan el milagro y la banalidad.

Dice Cortázar que “Probablemente de todos nuestro sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. La esperanza que hay en estos niños de un futuro diferente para el país lo explica Yahaira Tubac cuando dice: “Tocar las teclas es como volar”. Sus manos recuerdan lo que acaso nos desean a todos: vivir en sonidos de esperanza.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/12/18/sonidos-de-esperanza/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
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