Genocidio en Myanmar

Rolando Enrique Rosales Murga

Desde hace unos días he venido recibiendo correos electrónicos de contactos que me muestran noticias de un pequeño país entre India y China, llamado Myanmar, que se ha dado a conocer a nivel internacional a través de un arte marcial llamado Lethwei o boxeo burmés; pero no es acerca del Lethwei de lo que trata mi tópico, sino de un tema mucho más amplio y complicado: el genocidio.

La única cadena de los medios de comunicación internacional que ha cubierto las noticias de Myanmar en los últimos meses ha sido Al Jazeera. Y es que en verdad el ejército de aquel país se ha enseñado con un grupo de musulmanes conocidos como los Rohingya, quienes en nombre del budismo han sido masacrados. Ya se pueden contar por miles los asesinados y desaparecidos.

Muchos barcos sobrecargados se han hundido en el mar transportando ancianos, mujeres y niñas Rohingya. El líder religioso, Ashin Wirathu, pareciéndose más a Hitler que a otra cosa, ha declarado la guerra a los musulmanes. Las personas son asesinadas de una forma cruenta, que dejaría con los pelos de punta hasta a Quentin Tarantino. A las mujeres las violan para luego quemarlas vivas; muchas de las personas son destazadas vivas para ser comidas por miembros del ejército. Duele ver a esas personas llegar a ese nivel de inhumanidad y ensañarse con un grupo de musulmanes que no poseen protección de los musulmanes radicales, poderosos, acaudalados,muchos de ellos mercenarios de EEUU.

La comunidad internacional ha guardado silencio. No he visto hasta el momento ningún “Pray for Myanmar”. Los medios parecen ser cómplices silenciosos mientras niños inocentes son comidos por estas bestias feroces, dementes, monstruos en toda la extensión de la palabra. No sé si sea el hecho de que a nivel global se ha satanizado a los musulmanes luego del 9/11 y con el paso de los años este odio racial se ha multiplicado. La administración Trump ha dicho que tiene en la mira a la gente de origen musulmán, a quienes ha tachado de terroristas. A lo mejor por eso la gente está reacia a lo que sucede en Burma con los Rohingya. Ante nuestras propias narices está ocurriendo un holocausto y nosotros nos hacemos los que no estamos enterados.

Volvemos entonces a la tragedia de preguntarnos porqué no nos conduele ver gente muriendo. Con el permiso de los animalistas me daré la licencia de aseverar que si dicha matanza fuera de animales para hacer pieles para estas horas ya habría activistas de todo el mundo peleando por la vida de esos animales e incluso les crearían un fondo para la causa. Pero bueno, sólo son los musulmanes de Myanmar, no es Francia, ciudad de la luz y la poesía, ni tampoco es Venezuela, donde el “tirano” Maduro “está matando la gente de hambre”.

A lo mejor en Myanmar no hay campos petrolíferos y es por eso que no les ofrecen libertad. Lo más irónico de la situación en Myanmar es que la presidenta de dicho país Aung Sang Suu Kyi es Premio Nobel de la Paz. Luego de meses de mutismo ante la muerte de miles de Rohingya ha aparecido diciendo que son terroristas los que han desinformado con las noticias de los asesinatos. Los pobladores de Myanmar la han culpado por su silencio cómplice.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Rolando Enrique Rosales Murga

Rolando Enrique Rosales Murga

Rolando Enrique Rosales Murga, 26 años, se dedica a la panadería tradicional. Escribe desde los 12 años. Su obra ha aparecido en las revistas mexicanas Catarsis y Papalote. Ha participado en certámenes y antologías a nivel latinoamericano. Su obra ha sido leída en radios de Colombia y España. Ha ganado certámenes a nivel local y sus poemas han sido objeto de estudio en tesis de los alumnos de Derecho de la promoción 2016 del Centro Universitario de Jutiapa de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Rolando Enrique Rosales Murga