Ayúdanos a compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Carlos Figueroa Ibarra

El pasado 8 de octubre se cumplió un año desde el día en que en Acapulco (México), el Comandante César Montes fue ilegalmente capturado por el Gobierno de México y por ello se encuentra  encarcelado en Guatemala. El arresto fue  ilegal en tanto que  el Comandante César Montes gozaba del estatus de refugiado político extendido por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Su detención y deportación por el Gobierno de México en menos de 24 horas violó todas las regulaciones legales y la tradicional política de asilo del Estado en México. Fueron agencias del mismo gobierno las que capturaron a César Montes. Testigos presenciales  informaron que  la captura fue realizada  por agentes de la Fiscalía General de la República (FGR), tres vehículos del Instituto Nacional de Migración (INM),  tres camionetas armadas de ametralladoras de la Marina Nacional además de la participación de agentes de la Interpol. 

Desafortunadamente un año después de que este hecho ha sido denunciado, no ha habido ninguna aclaración  con respecto a quienes fueron los responsables del referido acto ilegal ni tampoco información sobre si es cierto o falso como se  conjeturó  que el acto fue un hecho debido a la corrupción de mandos medios y bajos. No puede tenerse ningún prurito  en manifestar lo anterior: por fortuna hoy se vive en México bajo un Gobierno encabezado  por Andrés Manuel López Obrador  quien ha reiterado que no será cómplice ni tapadera de nadie.

Pese a frisar en los ochenta años a César no se le ha permitido gozar de medidas sustitutivas como el enfrentar en arresto domiciliario  el proceso judicial. En realidad enfrenta  una justicia segada y   parcial,  un clima de odio desatado por sectores ultraderechistas, además de una justicia intencionalmente morosa para tenerlo en la cárcel  el mayor tiempo posible.  Se le acusa de haber estado  involucrado en la muerte de tres efectivos del ejército guatemalteco en la localidad de Semuy II en el departamento de Izabal de Guatemala. En realidad  se encontraba a cientos de kilómetros de ese lugar y pese a su evidente inocencia, el gobierno montó una campaña de odio contra él y una cacería con policías y fuerzas armadas para asesinarlo por lo que tuvo que refugiarse en México. Estando  ya encarcelado en el Cuartel de Matamoros en la ciudad de Guatemala, el Ministerio Público lo  acusó de asesinato, asesinato en grado de tentativa, usurpación agravada y asociación ilegal de gente armada.  Además le agregó  un cargo por invasión de tierras.   

El  nueve de octubre,  el día en que  César Montes cumplió un año de estar en cautiverio, empezó a circular un manifiesto internacional firmado por 357 personalidades y 31 organizaciones de diversas partes del mundo  denunciando estos hechos y exigiendo su libertad. El desprestigio del gobierno y la justicia en Guatemala es tan grande debido a la fama negra del llamado pacto de corruptos,  que para el mundo lo que hoy vive César Montes no es más que un acto de injusticia y corrupción.

Pese a frisar en los ochenta años a César no se le ha permitido gozar de medidas sustitutivas como el enfrentar en arresto domiciliario  el proceso judicial. En realidad enfrenta  una justicia segada y   parcial,  un clima de odio desatado por sectores ultraderechistas…

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes

Carlos Figueroa Ibarra
Últimas entradas de Carlos Figueroa Ibarra (ver todo)
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •