Necesidad de regular los impactos del turismo en La Antigua

La Antigua es Patrimonio de la Humanidad, pero nada parece indicar que es un Patrimonio que verdaderamente nos importe a los guatemaltecos.

Marcela Gereda

Cada día en La Antigua crece la basura, la violencia, las especulaciones económicas, el tráfico, y ello en gran medida es consecuencia de un turismo desregulado.

Es imprescindible gestionar los efectos del turismo sobre la Ciudad Colonial. Es necesario que La Antigua sea un lugar abierto al mundo, pero a la vez que ello sea compatible con la vida vecinal y de barrio.“Cuando es fin de semana no puedo salir de mi casa porque los carros no me lo permiten”, dice una vecina antigüeña.

“Me encantaba vivir en La Antigua, mi ciudad natal y descubrir sus monumentos, pero como se volvió una ciudad para turistas, tuve que irme a vivir a otro lugar” dice otra señora antigüeña.

Otros vecinos del barrio de La Merced se quejan de las discotecas, peleas de borrachos, la falta de cumplimiento de las normas para usar los monumentos para bodas y fiestas.

Como dice el antigüeño Luis Aceituno: “Hay muchas Antiguas conviviendo en una. Está la ciudad con cierto dejo cosmopolita, poblada de estudiantes de español, de residentes accidentales, de emigrados culturales, de mochileros que retoman fuerza para seguir el camino, de turistas que se quedaron, de neo-hippies en busca de pureza, de aventureros a la caza de fortunas, gringos jubilados, de gente indefinible que camina por las calles sin rumbo preciso, de amantes de lo “cool”, de cooperantes y oenegeros, de chapines alternativos y desterritorializados”.

“Está La Antigua de los artesanos y los herreros, de la clase trabajadora…los que han hecho y rehecho por los siglos de los siglos la ciudad, los que la han levantado y los que la han sostenido, los que guardan sus misterios y sus leyendas o La Antigua profunda, la que mira perpleja las mutaciones de la ciudad. La que empieza a sentirse tan extranjera como los que vienen y se van. La que se llama ‘antigüeña’ por derecho propio”.

Son muchos los antigüeños que sienten que están perdiendo su ciudad empedrada, en esa mezcla extraña de una inmensa explosión demográfica, falta de planificación territorial, un grave proceso de gentrificación, un turismo desregulado, una falta de visión que no logra conjugar desarrollo sostenible, con un buen plan de manejo de desechos y con los impactos desmedidos y desregulados que tiene la entrada de miles de extranjeros a la ciudad empedrada.

Hace dos años, tuve oportunidad de moderar un debate político de candidatos a alcalde organizado por los Consejos Comunitarios de Desarrollo en La Antigua, en este, la actual alcaldesa Susana Asencio habló de su plan de ordenamiento territorial, el periférico para quitarle presión al tráfico de La Antigua. Es momento de exigir al Concejo Municipal ejecutar estos planes imprescindibles de ordenamiento territorial.

Aunque parezca mentira La Antigua no cuenta con un plan de manejo de desechos sólidos. Basta caminar por la madrugada en las calles de La Antigua para constatar la suciedad que habita las calles: bolsas plásticas volando entre monumentos legendarios y bandejas de duroport adornando nuestro patrimonio, hacen de la muy noble y muy leal ciudad de Santiago un basurero cada vez más gris y triste.

Cada año entran miles de turistas a La Antigua, mochileros, viajeros, personas de la tercera edad que vienen en crucero, gente que se queda en hoteles cinco estrellas y otros muchos que van a hostales. Se genera una inmensa cantidad de basura para la cual la ciudad no está preparada ni cuenta con la infraestructura necesaria.

La Antigua es Patrimonio de la Humanidad, pero nada parece indicar que es un Patrimonio que verdaderamente nos importe a los guatemaltecos.
Los empresarios antigüeños tienen un papel fundamental en la toma de decisiones para el ordenamiento y regulación del turismo de la Ciudad Colonial. Por ello es imprescindible que ellos se suban al barco de la regulación de los impactos del turismo. Ninguna decisión vendrá sin que ellos sean parte fundamental de este proceso.

Por ello mis sugerencias son dos: seguir los pasos de San Pedro La Laguna en cuanto el uso de bolsas plásticas y que la iniciativa privada de la mano de la sociedad civil pueda elaborar un plan de regulación de los impactos del turismo para ser presentado ante el Concejo Municipal. Este debe de incluir varios aspectos: primero, ordenamiento territorial y manejo de desechos sólidos, segundo; preservar el paisaje, tercero, generar un turismo sostenible y descentralizado para hacer de La Antigua abierta al mundo pero habitable y apacible para los lugareños y todos los demás.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/12/04/necesidad-de-regular-los-impactos-del-turismo-en-la-antigua/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda