Margarita: inmensa y delicada

Margarita fue una guerrera de la palabra.

Marcela Gereda

Misteriosas e inalterables permanecen ahí. Están como observando el paso de los milenios, pintadas en las paredes, en los cielos y bóvedas de las cavernas; alces, bisontes, figuras que vienen de eso que equivocadamente llamamos Prehistoria; jirafas, mamuts, caballos, niños, hombres, mujeres que no tienen edad. Fuimos pintados y representados hace miles y miles de años, y entre la diversidad de representaciones en las cuevas escondidas, una de las más antiguas: el abrazo.

El abrazo tan representado a lo largo de la historia, ha sido motivo de inspiración para artistas y escritores. Tengo la certeza que en un abrazo se esconden los fugaces secretos y tesoros de la vida de esos otros que también somos nosotros. El abrazo es además expresión de amor y solidaridad.
Hace unos días falleció la escritora, periodista, académica, poetisa y gran humanista, Margarita Carrera. Como aguerrida e insumisa periodista colaboró con la revista Alero, diario El Imparcial, La Hora, Diario de Centro América, Prensa Libre.

A Margarita le agradeceré siempre el inmenso legado de su poesía, reivindicar la poesía como forma de ver y asumir el mundo, en un estilo de apariencia sencilla y escueta, que siempre estuvo renovándose. También le agradeceré especialmente, el abrazo que me dio cuando, (en afán de señalar una situación de desigualdad social del país), una avalancha de gente me tildó de “resentida”, además de hacerme saber que no estaba sola, que habían mujeres que también buscaban la justicia social, me dedicó una columna para solidarizarse conmigo porque a ella también la habían tildado de “resentida” por hablar de la necesidad de recuperar nuestra memoria histórica.

Dicen que no es uno quien encuentra las palabras, sino que son las palabras quienes lo encuentran a uno. Nacida en 1929 con su pluma incansable y su espíritu lúcido, publicó trece libros de ensayo y nueve de poesía. Académica de la Academia Guatemalteca de la Lengua, correspondiente a la Real Academia Española, y Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 1996.

Muchos guatemaltecos se enriquecieron con su magisterio. Quienes en los años sesenta, setenta y ochenta pasaron por los Estudios Básicos de la Usac o estudiaron Humanidades en Universidades de nuestro país, aprendieron y se asombraron de su palabra sencilla y su sólida preparación humanística.  Sus clases, dicen, eran un verdadero deleite;  escuchar por ejemplo, plantear las diferencias entre la “romanique loqui y la barbarique loqui” en sus clases de filología románica… o su entusiasmo contagioso en sus exposiciones sobre mitología o héroes clásicos.

Hoy el conocimiento es fragmentado. Cada cual metido en mundos virtuales y ficticios, ella desde su sabiduría y su poesía supo tender puentes entre los humanos con su corazón palpitante, su luz indómita, su chispa incandescente.

Margarita fue una guerrera de la palabra. Una maga en el arte de atrapar poemas y devolverlos al mundo en forma de flor y de ternura.
Ante su obra testimonial, dijo Manuel José Arce que “Margarita Carrera va con los ojos abiertos, sin párpados, con los párpados arrancados para no dejar de ver, para ver más allá de la piel, la cáscara o el barniz de la vida”.

Gracias por recordarle a este país que sin memoria histórica no podemos avanzar, gracias por tu compromiso por hundir las manos en nuestros episodios más dolorosos para darlos a conocer desde la dulce voz de la poesía y la novela. Gracias por hacer viva una estética poética para un pueblo con sed y necesidad de poesía para sanarnos y reconstruirnos como sociedad. Gracias por tu palabra sublime y liberadora.

Hay quienes dicen que Guatemala no es un país, sino un paisaje. Escenario embriagante, contradictorio, tierra de las violencias múltiples y endémicas. Margarita supo ver esa telaraña que es Guatemala y murmurarla en forma desde la ternura.

Gracias Margarita por el soplido de tu voz. Gracias por tu palabra firme y afable. Gracias por tus versos que regalaste a esta tu tierra hermosa y apaleada que siempre quisiste ver en justicia y en libertad:

“Entre el polvo/ y mi pueblo,/mi amor,/ triste va/.
Allá va,/ entre pinos/ y arroyos, /mi dolor
Mi amor/vuelto dolor”

Gracias y adiós a Margarita Carrera, inmensa y tierna, lúcida, mujer de espíritu indómito, compromiso social y tenaz incentivadora de la poesía.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/04/02/margarita-inmensa-y-delicada/]
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Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda

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