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Mario Roberto Morales

Llegada la era de la posverdad, cuando ya no importaba si lo que se informaba era cierto o no, sino sólo que fuera entretenido, se acabaron las certezas morales al uso, tales como la honestidad, la honradez y la lealtad, y reinó un relativismo absoluto gracias al cual lo bueno y lo malo, lo decente y lo indecente, lo sensato y lo insensato poco tenían que ver con lo que convenía a la especie humana y mucho con lo que le resultara entretenido al distraído consumidor de posverdades.

Fue en esta era cuando Blancanieves se asoció con la Bruja Malvada y ambas fundaron una corporación a la que llamaron Blanvada Inc., la cual vendía (revueltos) el Bien y el Mal como simulacros de lo que los habitantes del mundo debían o no hacer por su bienestar. Después, Blancanieves y la Bruja Malvada compraron los dos partidos políticos que regían el País de los Gigantes, el cual fue totalmente tragado por Blanvada Inc., y ocurrió que los más derechistas del Partido Derechista Demócrata y los más derechistas del Partido Derechista Republicano comenzaron a financiar a los oligarcas en pugna del País de los Enanos a fin de que compitieran entre sí por sus favores. Unos ―los arzuistas― defendiendo el genocidio y el delito organizado, y los otros ―los dionisistas― abogando por la paz y la probidad “de izquierda”, pero según los designios de Blanvada Inc. para que en su paisito la ley sólo sirviera para consolidarlo como ruta segura del narcotráfico, y su “oposición” fuera útil sólo para escenificar un simulacro de progresismo moderado en forma de cientos de oenegés con sus vividores victimizados.

La vieja versión del cuento de Blancanieves y la Bruja Malvada, empero, se siguió enseñando en las escuelas y divulgando en la tele, y los padres de familia continuaron contándoselo a sus hijos, de modo que éstos crecieron creyendo que de veras el Bien y el Mal eran dos fuerzas opuestas y no dos caras de una misma moneda corporativa que servía para manipular enanos en materia educativa, política, religiosa, moral, estética, económica y científica. Por esto, cada vez que una emisaria de Blanvada Inc. llega al País de los Enanos, los enemistados oligarcas de derecha derechista y de derecha izquierdista se pelean entre sí por sus favores y por los de Blanvada Inc., que es el nuevo nombre del otrora País de los Gigantes.

Por esto también, en el País de los Enanos ya nadie sabe qué es derecha y qué es izquierda, pues, además, Blanvada Inc., por medio de sus oenegés y pedagogías al uso, les ha enseñado a sus habitantes que las polaridades complementarias del Bien y el Mal y del Yin y el Yang son arbitrariamente relativas y que, en materia política, “ya no se trata de derechas ni de izquierdas, sino de hacer gigante al País de los Enanos”, como si esta categoría existiera más allá de sus determinaciones económicas, sociales y políticas. Es por esto también que ahora se puede ver a los izquierdistas exaltando los ideales de sus enemigos, y a extremistas de derecha financiados por el Partido Derechista Republicano acusando de comunistas a sus hermanos derechistas financiados por el Partido Derechista Demócrata, sobre todo cuando ruegan los favores de la nueva enviada de Blanvada Inc.

Esta vez la enviada vino a financiar a los derechistas de izquierda porque los derechistas de derecha quieren aniquilarlos, lo cual no es justo porque aquellos sólo luchan para que no se les llame enanos a los ciudadanos de su país, ya que eso (snif) hiere muchas sensibilidades.

La vieja versión del cuento de Blancanieves y la Bruja Malvada, empero, se siguió enseñando en las escuelas y divulgando en la tele, y los padres de familia continuaron contándoselo a sus hijos, de modo que éstos crecieron creyendo que de veras el Bien y el Mal eran dos fuerzas opuestas y no dos caras de una misma moneda corporativa que servía para manipular enanos

Publicado el 09/06/2021 ─ En elPeriódico

Fuente: [mariorobertomorales.info]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Mario Roberto Morales
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