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Carlos Figueroa Ibarra

El domingo 6 de junio se celebraron elecciones presidenciales en Perú y como en las intermedias de ese mismo día en México,  resultaron victoriosas  las fuerzas progresistas. Al momento de escribir estas líneas, la declaración del triunfo de Pedro Castillo y Perú Libre está a punto de ser oficial pues los Jurados Electorales Especiales han declarado improcedentes las 802 impugnaciones interpuestas por Keiko Fujimori y Fuerza Popular. La declaración  del triunfo de Pedro Castillo solamente depende de la decisión  inapelable del Jurado Nacional de Elecciones. Las 802 impugnaciones pretenderían  anular aproximadamente 200 mil votos procedentes de las regiones pobres y rurales en las cuales el maestro rural y dirigente sindical se impuso.

Ha sido un triunfo apretado el de Pedro Castillo  y Perú Libre. La diferencia de votos es solamente de 44,058 votos de un total de  casi 19 millones de votos emitidos, de los cuales Castillo obtuvo el 50.13% mientras Fujimori alcanzó 49.87%. La situación en el Congreso de la República (130 escaños) se torna difícil para el candidato triunfador, pues  Perú Libre obtuvo 37 escaños mientras su aliado  en la segunda vuelta Juntos por el Perú obtuvo 5. En total 42 curules contra las  75 que han logrado Fuerza Popular y sus aliados.

Así de precario el triunfo de Pedro Castillo, este representa la profunda crisis del neoliberalismo en Perú. La pandemia lo convirtió en el país con más muertos por millón de habitantes en América; en 2020 un tercio de su población vivía en la pobreza (98 dólares al mes), lo que significó un aumento de 10% de la misma con respecto a 2019. La corrupción es tan grande  que los ex presidentes Alberto Fujimori,  Ollanta Humala, Alejandro Toledo (y respectivas esposas)  fueron sometidos a juicio y sufrieron arresto; Pedro Pablo Kuczinski tuvo que renunciar y actualmente es investigado por lavado de dinero. Alan García optó por el suicidio cuando advirtió que iba a ser arrestado. La crisis política es tan grande que Perú ha tenido 5 presidentes entre 2016 y 2021.

Detrás de Castillo se encuentran Perú Libre  y su líder Vladimir Cerrón. Perú Libre se presenta como un partido “marxista, leninista, mariateguista y de izquierda socialista” aun cuando  su triunfante candidato presidencial  en su discurso de victoria se ha declarado ajeno al chavismo y al comunismo. En efecto, el programa de la fuerza victoriosa es una versión radical del progresismo latinoamericano: combate a la corrupción; reducción de los gastos suntuarios del Estado; políticas sociales; 10% del PIB para salud y otro 10% para educación; soberanía alimentaria; “segunda” reforma agraria (desarrollo rural agrario, participativo y territorial); renegociación del porcentaje de las ganancias que obtiene el capital extranjero en la minería y finalmente una asamblea constituyente que llevaría a una refundación del Estado peruano.

El programa de Pedro Castillo y Perú Libre enfrentará dificultades dada la correlación de fuerzas. Tendrá enfrente a un concierto nacional e internacional de las derechas que buscará obstaculizar la gobernabilidad y eventualmente dar un golpe de estado. Lo hemos visto en otras partes.

La corrupción es tan grande  que los ex presidentes Alberto Fujimori,  Ollanta Humala, Alejandro Toledo (y respectivas esposas)  fueron sometidos a juicio y sufrieron arresto; Pedro Pablo Kuczinski tuvo que renunciar y actualmente es investigado por lavado de dinero. Alan García optó por el suicidio cuando advirtió que iba a ser arrestado.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
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