Contra la lógica del resentimiento

Salir de la unicidad del pensamiento y aprender del arte de debatir y disentir es un reto grande pero necesario.

Marcela Gereda

Los medios de comunicación también reproducen el reducido discurso del pensamiento conservador de que los campesinos son una “partida de resentidos”, descalifican argumentos históricos para debatir sobre la desigualdad del país, rechazándolos por ser “izquierdistas resentidos”.

Con la misma carencia de vocabulario y de ideas, es un lugar común escuchar cómo las clases medias y altas se refieren a menudo a quienes exigen justicia, como “indios resentidos”. También es un lugar común en nuestra sociedad eso de que “la inversión y el crecimiento económico del país demuestran que vamos mejorando”, claro, aquí quienes hacemos análisis crítico somos una “partida los resentidos”.

A los campesinos y líderes comunitarios que se oponen al desvío de ríos a mano de las empresas, algunos empresarios responden: “es que son puros comunistas resentidos que se oponen al desarrollo”. A los defensores de Derechos Humanos, se les tilda de “vividores del conflicto, resentidos”.

Las sociedades y el pensamiento moderno se caracterizan entre otras cosas por su capacidad de discutir y disentir. En las sociedades dogmáticas y conservadoras como la nuestra, donde se evade el debate, muchos no tienen otro recurso que el de la “lógica del resentimiento”. Y detrás de este descalificativo de llamarnos “resentidos”, hay un intento de silenciamiento de las ideas. El argumento del resentimiento no tiene análisis ni capacidad explicativa alguna, negando que la realidad es múltiple, inabarcable e infinita.

Son estos los recursos ideológicos que un grupo utiliza para reproducir un conservadurismo caduco, su dogmatismo, trasladando así su forma de ver y de estar en el mundo. Y para ello, echan mano de los medios a su alcance, llámese alguna universidad o uno que otro programa de radio o televisión.

La incapacidad de debatir y el intento del silenciamiento del pensamiento y de las ideas no caben en una democracia. Cabe solamente en el oscurantismo nefasto, pero tan presente, que vivimos.

La calidad de la política y de la sanidad de una sociedad está dada entre otras cosas por la capacidad de dialogar, de salir de los prejuicios y categorías cerradas para construir a los otros. Romper prejuicios e intercambiar pensamiento crítico es comenzar a construir comunidad. Dialogar exige renunciar a los fundamentalismos que llevan a no pensar. Supone salir de dogmatismos y de creerse dueños o poseedores de “la verdad”.

Cuando hace algunos años escribí, sobre un colegio privado de las elites, uno de los padres de familia me escribió: “lo que pasa es que usted está resentida por no tener una Suburban”, y me dio mucha risa. Desde esta lógica y perspectiva el “resentido” es aquel que no accede a los mismos recursos que “ellos” los que nos tildan de “resentidos” si poseen.

Más allá de la lógica del resentimiento, el reto que queda es enfrentar y asumir nuestra historia, conocerla y debatirla. Conocer el olvido y marginalidad en el que viven las mayorías.

Seguir reproduciendo el discurso de que somos “una partida de resentidos” no nos llevará a construir país. En cambio, si somos capaces de salir de nuestras zonas de comodidad y asumir que somos una economía de monopolios en la que casi no existe la libre competencia y una sociedad profundamente desigual con el mínimo crecimiento de las capas medias en la que las únicas personas que pueden actuar son quienes tienen el control y el acceso al capital, podremos comenzar a construir unidos las alternativas para generar otro sistema político y empezar a democratizar la economía. Para ello es necesario entender que la corrupción es un efecto más del modelo económico y no la causa de la pobreza, como defienden algunos medios.

Salir de la unicidad del pensamiento y aprender del arte de debatir y disentir es un reto grande pero necesario. La libre circulación de las ideas y la necesidad de ir a la raíz de por qué las cosas son como son, puede ser un punto de partida para dejarnos de mirar unos a otros como resentidos.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/11/06/contra-la-logica-del-resentimiento/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda