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Carlos Figueroa Ibarra

El 17 de noviembre se anunció un acuerdo entre México y Estados Unidos de América para que el Departamento de Justicia  estadounidense retirara los cargos que le hizo al ex secretario de Defensa general Salvador Cienfuegos. La decisión no es menor, se trata de un imputado por la fiscalía  de EU de operar para el cártel de los Beltrán Leyva. No falta quien interpreta el hecho como el pago del gobierno de Trump al no reconocimiento por parte de López Obrador al triunfo de Biden. En realidad son dos hechos  no vinculados entre sí excepto en un asunto cardinal para la política exterior mexicana: la soberanía de México. El seguimiento de la política exterior de México constata el esfuerzo por mantener un equilibrio entre la inevitable  vecindad con el país más poderoso del mundo y la necesidad de preservar su soberanía. Este precario equilibrio fue roto  por el neoliberalismo que hizo de México  un país casi enteramente orientado hacia el norte.

El no reconocimiento a Biden hasta el momento, se sustenta en que México no puede reconocer a un candidato triunfador solamente en base a las proyecciones hechas por  televisoras y recuentos no oficializados. No puede hacerlo cuando existe en EU una situación insólita en su historia: el candidato perdedor, presidente del país, no ha aceptado el triunfo de su oponente. Cuando en el pasado el propio López Obrador fue víctima de reconocimientos precipitados como el acontecido con el presidente Rodríguez Zapatero en el contexto del fraude electoral de 2006. En este contexto, México no puede levantarle la mano a Biden como nunca el gobierno de Peña Nieto debió haber invitado al candidato Trump a una visita a la residencia oficial presidencial y haberle dado trato de jefe de Estado. Eso sí fue agravio a Hillary Clinton  hecho en plena campaña presidencial. No me cabe duda que la actitud del gobierno de López Obrador hacia Trump no se sustenta en una supuesta afinidad ideológica (la cual ni de lejos existe) sino en una razón de Estado: la necesidad de que la Casa Blanca respete a su vecino del sur.

Por ello el gobierno mexicano  expresó su descontento al Departamento de Estado y a la Fiscalía estadounidense el 21 de octubre, tras la detención del general Cienfuegos en Los Ángeles. Fue una detención  unilateral, en base  a una investigación  no informada a México, cuando se supone que son estrechas las relaciones de cooperación en materia de seguridad entre ambos países. La diplomacia mexicana  obtuvo un gran éxito al hacer que Washington reconozca su error y rectifique porque le conviene tener buena relación con México. A diferencia de otros países de la región, México no necesita tener el apoyo de la Casa Blanca para realizar su política interior y exterior. Tiene lo suficiente para negociar. Así las cosas, el general Cienfuegos regresará a México y será procesado por  lo que se le está imputando. A menos que la investigación estadounidense entregada a México fuera débil, el general tiene un futuro incierto.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
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