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Vértigo

Gerardo Guinea Diez

En los últimos doce meses, las noticias destapan más y nuevos escándalos de corrupción, lavado de dinero y otros delitos. Apabulla la cantidad de información y los detalles que ofrecen las autoridades. Y las acciones judiciales van más allá de la persecución de exfuncionarios del gobierno anterior, van contra las extorsiones y la trata, es decir, apenas empieza el combate frontal con las más y variadas formas de delinquir.

Hasta ahí, nada nuevo. En pocas palabras, el MP y la Cicig mantienen el paso y por lo visto, continuarán en ese camino. Sin embargo, es obvio que una sensación de vértigo se acreciente porque todos desconocen cuál será el próximo golpe. Es preciso apuntar que no existe referente histórico en ningún país donde se lleve a prisión a tal cantidad de personas. Por lo general, renuncia un ministro o lo llevan detenido; pero esos golpes, apenas en menos de un año han desbaratado a la mayoría de partidos políticos.

Más allá de las consideraciones éticas, esta crisis estructural no es fruto de un solo gobierno; viene de más lejos y de hacer la anomalía un norte a seguir. Como reza un refrán popular, los “listillos” se apropiaron de la institucionalidad democrática y la vaciaron de todo contenido. Lo más grave está en el mediano plazo, es decir, en las próximas elecciones generales. Qué partidos podrán ganar la credibilidad ciudadana y qué políticos están dispuestos a cambiar de raíz las reglas del sistema.

Casi todas las esferas del poder político padecen el embate del MP. Así, alcaldes, ministros, funcionarios, entre otros, guardan hoy prisión y la lista de delitos es interminable, como lo es la sorpresa al leer el tamaño del saqueo.

De esa cuenta, las capturas evidencian los grados de descomposición, pero también traen al traste al sistema de partidos políticos, algo inconveniente y arriesgado para cualquier país. Si bien es temprano para especular sobre las recomposiciones en el universo de los poderes, al menos, cómo están estructurados ya no sirven como los grandes mediadores entre el Estado y la ciudadanía. Su representatividad es legal pero no legítima.

Hoy por hoy, el mundo nos observa y Guatemala se convertirá en caso paradigmático de lucha contra la corrupción y demás males que nos aquejan. El siguiente paso será garantizar la carpintería política necesaria para vivir en un país más amable con la vida, con sus niños y niñas, con la gente. Ese es el desafío, claro está, mientras el vértigo quede atrás.

Resulta inevitable cierto sentimiento de tristeza ante un fracaso de ese calibre. Son décadas perdidas para el desarrollo. Si bien se abren caminos de esperanza, la lectura de esta coyuntura obliga a repensar el sentido mismo de la vida. Hace un año escribía lo siguiente: “Aún están por escribirse las lecciones del mar de fondo ciudadano. De sabios será cavar profundo y que la prisa y la ansiedad por los resultados no eche a perder lo andado. La hondura del desasosiego es peligrosa. Corremos el riesgo de no ver lo grande en lo pequeño”.

Casi todas las esferas del poder político padecen el embate del MP. Así, alcaldes, ministros, funcionarios, entre otros, guardan hoy prisión y la lista de delitos es interminable, como lo es la sorpresa al leer el tamaño del saqueo.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/06/vertigo/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Gerardo Guinea Diez
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