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Una tragedia invisibilizada

Carlos Aldana

¿Por qué tan poco interés por la dramática noticia del deslave ocurrido en el Basurero de la zona 3? Fueron cuatro muertos en el primer momento de la tragedia, pero continúan desaparecidos alrededor de 24 personas. Además, Siglo21 informó de 15 lesionados.

En otras palabras, es una tragedia muy lamentable, muy grave y grande. Entonces, ¿por qué la indiferencia o el paso de página y vamos a otra cosa? ¿Por qué tan poca reacción pública o social frente a una tragedia que, como siempre, tiene por víctimas fatales a gente muy pobre?

Pareciera que por ser una tragedia en la que la muerte baila con los pobres, no vale la pena darle tanta presencia mediática. Esto es una afrenta a la dignidad y al respeto que debemos construir socialmente alrededor de toda persona, sea de la condición que sea. Da la impresión de que muertos en otras latitudes son más impactantes, o que la muerte de Prince, el cantante norteamericano, puede ser más importante que la de “guajeros”.

En otras palabras, es una tragedia muy lamentable, muy grave y grande. Entonces, ¿por qué la indiferencia o el paso de página y vamos a otra cosa? ¿Por qué tan poca reacción pública o social frente a una tragedia que, como siempre, tiene por víctimas fatales a gente muy pobre?

Este terrible y duro oficio es el de buscar entre la basura aquellos objetos (incluso restos de comida) que otros lanzan al mar de los desperdicios. Su principal campo de acción está en ese gigantesco cajón lleno de toneladas de desechos que se ubica en la zona 3 de la ciudad de Guatemala. Registrados o no en la base de datos de ese llamado “relleno sanitario”, los guajeros caminan, se mueven, viven entre los desechos en la búsqueda de las cosas que puedan proveerles de mínimos monetarios para la sobrevivencia. El drama se pone más oscuro en la medida que descubrimos la enorme cantidad de niños y niñas que en lugar de estar en aulas y patios creciendo y desarrollándose, tienen por escuela ese mundo de inmundicia.

¿Será que los guajeros no merecen el espacio mediático y la discusión social que obtienen otras noticias? ¿Será porque no son simples pobres, sino los pobres que viven del desecho que los demás tiramos? ¡Los pobres entre los pobres!

¿O existen razones políticas para bajarle el perfil a este tipo de situaciones que ocurren en el marco de la Municipalidad de Guatemala?

Sea la razón que sea, no podemos caer en la trampa del absurdo ético que nos hace silenciar el dolor y el drama de las personas más excluidas de nuestra sociedad. En tragedias como esta debe aparecer el esfuerzo por comprender sus causas, por entender mejor las situaciones de quienes se ven obligados a vivir así. Y también debe aparecer una búsqueda de explicaciones estructurales e institucionales que nos permitan llegar a comprender que una tragedia como esta, no es causada por un simple desprendimiento de tierra del que nadie es “verdadero responsable”, como llega a afirmarse.

Las tragedias en las que los pobres mueren por ser pobres son siempre situaciones que podrían haberse evitado, como la desnutrición, los asentamientos en lugares peligrosos y otras. Estas tragedias deben siempre servir de eje para la discusión, el estudio y la propuesta que en verdad se dirija a la dignificación de la vida de la población más negada en todos sus derechos económicos, sociales y culturales.

Sin embargo, también debe ser una llamada a todos y todas. Debe asustarnos la indiferencia o el desinterés por el dolor de gente como los guajeros, o los conductores de los camiones, o el policía municipal desaparecido. Nuestra indiferencia, como sociedad, ante hechos como esto solo refleja la fría manera que vamos aprendiendo para sobrevivir en este mundo. Y eso es tan doloroso como las tragedias mismas.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/05/una-tragedia-invisibilizada/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Aldana Mendoza

Licenciado en Pedagogía y Ciencias de la Educación por la Universidad San Carlos de Guatemala. Maestría en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctorado en Educación en la Universidad La Salle, Costa Rica-Guatemala.
Carlos Aldana Mendoza

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