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Un dilema whatssapeado

Edgar Celada Q.
eceladaq@gmail.com

Leo en un mensaje de WhatsApp la expresión desesperanzada de RV: “Buenas tardes, finalmente mi voto será nulo: hoy vi fotos de unos conocidos míos que estaban en el PP, ahora abrazados de…” y después del nombre concluye: “Guatemala será la misma piñatona”.

Pocos minutos después responde FC: “Hay que anular a esos des…”, pero inmediatamente participa un tercer miembro del “chat”: “Sigo creyendo que votar nulo es dejar que alguien más elija…”, a lo que responde el primero de los whatssaperos: “De acuerdo, que elijan; pero yo no”.

Intercambios como ese son cotidianos; he podido escuchar varios entre jóvenes treintañeros, todos ellos participantes pero no dirigentes, unos más activos que otros, en las movilizaciones de abril a agosto.

Este estado de ánimo, en el cual se mezclan desencanto con indignación latente, incertidumbre e inercia cívica, parece muy extendido y refleja tanto las carencias de la campaña electoral para los comicios del 25 de octubre, los grandes vacíos programático-ideológicos de los contendientes (otra vez seducidos por la ruta fácil de las cancioncitas) y los saldos pendientes del movimiento ciudadano, culminado con el paro del 27 de agosto.

Hemos sugerido en este mismo espacio, que el asunto va más allá del dilema en que se encuentran los whatssaperos citados como ejemplo ilustrativo. Cada quien definirá si vota, si anula, si se abstiene, recordando que no es lo mismo Chana que Juana. El asunto es reconocer que “esto apenas empieza” y es necesario prepararse, conceptual y organizativamente, para la siguiente ola de la crisis.

No hace falta mucha perspicacia política para advertir que, salvo la caída incruenta del gobierno de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, más la derrota electoral de quien se percibía como continuación agravada de la cleptocracia, todo lo demás está pendiente.

Por algo, un exponente nato del establishment, el presidente interino Alejandro Maldonado Aguirre, advirtió a la candidata Sandra Torres y al candidato Jimmy Morales sobre la inminente posibilidad de nuevas manifestaciones de descontento popular.

Cualquiera de ambos que gane la presidencia, antes de un año podría tener de nuevo a los jóvenes protestando en las calles y plazas, advirtió Maldonado Aguirre el jueves pasado, en su discurso ante el Encuentro Nacional de Empresarios.

¿Quién canalizará la energía social puesta en movimiento y que hasta Maldonado Aguirre puede reconocer? ¿Cuál será su derrotero programático? Tales son preguntas clave para el futuro inmediato.

Y de allí la importancia de trabajar hacia la definición de una agenda incluyente, en la cual se vean reflejadas no solamente las demandas populares sino también las de las capas medias desencantadas y progresivamente empobrecidas por el proyecto económico al que, objetivamente, dará continuidad quienquiera que resulte electo el 25 de octubre.

El abanico de corrientes democráticas y progresistas se ha ampliado, y está ahora en una situación en la cual debe continuar con la acumulación de fuerzas, pero al mismo tiempo debe seguir avanzando en pos de la convergencia y la unidad.

Nadie debe perder de vista la diversidad de propuestas, de opciones organizativas: desde el moderado y urbano Movimiento Semilla hasta la más radical Asamblea Social y Popular, pasando por multitud de otras expresiones, más o menos estructuradas, más o menos intermitentes.

En esa diversidad radica el potencial de un proyecto democrático nacional, alternativo a lo que nos ofrecen las dos opciones contendientes el 25 de octubre. Un proyecto aún en gestación y al que me atreví a llamar “la tercera vía”.

El nombre, por supuesto, es lo de menos. Lo importante es que quienes participamos voluntaria y conscientemente en las movilizaciones sociales de abril a agosto, sepamos evadir las trampas de la dominación del status quo, aprendamos liberarnos de radicalismos verbales y vanguardismos sectarios.

Pero, ante todo, que desarrollemos la capacidad de organizarnos, formular propuestas claras y viables, con suficiente amplitud de propósitos para converger con quienes, finalmente, están de nuestro mismo lado en los sueños de una patria para todas y todos, de una democracia profunda aún por construir.

Edgar Celada Q.
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