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Tres despachos sobre los refugiados

Maciek Wisniewski*

Tesis. «Polonia y otros países de Europa del este no quieren a los refugiados, porque aún no han hecho conciencia de sus crímenes contra los judíos en la Segunda Guerra Mundial y después». Así Jan T. Gross, reconocido historiador de Princeton –que en 1969, tras la campaña antisemita del gobierno «socialista» polaco, se refugió en Estados Unidos– explica la «vergonzosa» y llena de xenofobia actitud de gobiernos y sociedades de la región hacia las víctimas de guerras en Medio Oriente: «Son incapaces de ayudar a la gente que huye del mal, porque no trabajaron su propio pasado de asesinar y/o entregar los judíos a los nazis» (Project Syndicate, 13/9/15). Gross, figura clave en cuestionar nuestra «eterna victimización» y confrontarnos con el pasado incómodo –en Los vecinos (2001) escribió de un pogromo de la comunidad judía a manos polacas (1941); en El miedo (2008), de por qué aún después de la guerra en Polonia reinaba el antisemitismo; en La cosecha dorada (2011), de cómo lucrábamos con el Holocausto–, va tan lejos como para afirmar que polacos «orgullosos de su resistencia antinazi» y «salvar a muchos judíos» (vide: Yad Vashem) «mataron durante la guerra más judíos que alemanes» (véase su nota de pie). Contrastando la cerrazón centroeuropea con la apertura alemana, recuerda que después de 1945 los judíos sobrevivientes –igual que hoy los musulmanes– preferían huir a los campos de refugiados en Alemania que quedarse en Polonia o Hungría (pero olvida que estos campos eran gobernados por los aliados y que alemanes rechazaban incluso a… otros alemanes que venían al Heimat desplazados de terrenos que hoy son Polonia, como bien recuerda Günter Grass en Sobre la finitud, su libro póstumo. The Guardian, 31/8/15).

Antítesis. “El problema no es el Holocausto, sino que Polonia y otros países del Este (a diferencia del Oeste) no tuvieron colonias y flujos migratorios (durante la gran coyuntura capitalista) y no conocieron procesos de asimilación y acercamiento al ‘otro’; nada de lo que pasa es nuestra culpa: cuando se crearon Libia o Siria también éramos colonizados (por Alemania/Austro-Hungría/Rusia); nuestra postura no es fruto de ‘egoísmo’, sino de ‘diversos factores’”. Este es un resumen del pensée unique (término redescubierto por Ignacio Ramonet y desarrollado en un tomo donde también se analiza el discurso mainstream sobre los refugiados e inmigrantes: Pensamiento crítico vs pensamiento único, 1998) respecto a la crisis en curso y/o la voz de Gross, emitido por think-tanks liberales (A. Smolar/Fundación Batory, M. Zaborowski/CEPA). Si bien hay matices –uno sí habla de «causa-efecto» entre nuestra presencia militar en Afganistán e Irak y los refugiados (Gazeta Wyborcza, 15/9/15), otro lo niega (Polityka, 16/9/15)–, las voces realmente críticas (como la de J. Zakowski: Polityka, 15/9/15 y Gazeta Wyborcza, 21/9/15) que recuerdan nuestra gran responsabilidad por desmantelar Irak y abrirle el camino a Isis (donde tuvimos una zona de ocupación y un «virrey» soñando con «nuestro petróleo» y contratos a reconstruir lo que destruimos), o la larga lista de tropas de Europa del este (búlgaras, checas, eslovacas, estonias, georgianas, húngaras, letonas, lituanas, macedonias, polacas y rumanas) que fueron a la guerra junto con G. W. Bush, son (casi) ausentes, algo que resalta frente a «la carta de personajes ilustres centroeuropeos» (Krytyka Polityczna, 20/9/15) que llaman a «ayudar aunque no es nuestra culpa» (extraña mezcla de políticos detrás de hazañas neocoloniales, promotores de «democratización por bombas» y mentes críticas como Z. Bauman o A. Heller).

Síntesis. “Si bien no tuvimos colonias (aunque Ucrania y Bielorrusia se califican: otro tema no trabajado), ‘tuvimos’ al Holocausto (un proyecto colonial del que fuimos víctimas y copartícipes), pero tampoco aprendimos”. Esa ya es una conclusión al observar la reacción de gran parte de los polacos. Una vergüenza. ¿O cómo calificar –algo que también cita Gross– la ola de comentarios racistas y criminales debajo de los textos sobre refugiados («¡Sirios a Auschwitz!», «Recomiendo el hotel Auschwitz, sólo hay que reconectar el gas», etcétera), ante la cual GW, el principal periódico, se vio forzado a desactivarlos? E hipocresía. ¿O cómo calificar que mientras con una mano GW quitaba los minicomentarios con la otra subía uno grande (respuesta a cómo era posible no vincular nuestras intervenciones con refugiados) la película coproducida por él Karbala, estrenada el 11-S (claro…), sobre el «heroísmo de soldados polacos» (y un batallón de búlgaros) en Irak frente a las «hordas chiítas», «nuestra más grande batalla desde la Segunda Guerra», donde somos «víctimas», y los iraquíes –los mismos que hoy resisten a Isis– unos zombis? O que mientras GW y sus intelectuales se indignan con los haters no ven que la mayoría de ellos (gente joven y educada…) es producto del pensée unique y las narrativas «a la Huntington-Fallaci» que ellos mismos privilegiaban en los últimos años, un «ruido intelectual» en que se perdían las voces de Ryszard Kapuscinski u otros escritores afines a Levinas y su idea del encuentro con el «otro» –o el «ausente»: en el caso polaco, con un «judío»–, fuerte tendencia en los 90, algo que supuestamente «no conocimos» y «que ahora nos hace falta».

Coda. Slavoj Zizek, otro centroeuropeo que también trató el tema de los refugiados, pero criticando a Europa del oeste a pesar de su aparente apertura (véase: «La inexistencia de Noruega», en Página/12, 11/9/15), tiene su propia interpretación de la triada dialéctica hegeliana:

• en vez de juntar habitualmente «tesis» y «antítesis» en una «unidad superior» –»síntesis»–, prefiere interponerlas;

• en vez de preservar los elementos de la «verdad» y «resolver» sus contradicciones internas, asume que hay entre ellos un «hueco irreconciliable»;

• la «síntesis» la obtiene sólo gracias al «desplazamiento de paralaje».

Ese es justamente el caso nuestro: a) las diferentes interpretaciones no se suman en una «unidad positiva»; b) el círculo vicioso de «victimización y alejamiento de culpas» agrava sus contradicciones, c) sólo mirar desde una perspectiva diferente –»paralaje»– permitirá hacer conciencia de los crímenes de ayer y hoy.

* Periodista polaco

Twitter: @periodistapl

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