Una niña a quien, con soberbia, la Secretaría de Seguridad Estadounidense criminalizó y culpó por su propia muerte.

María Aguilar

Dentro de la permanente crisis política que atraviesa Guatemala, cada día es más indignante la ausencia total de un liderazgo político que trabaje por sacar al país del agujero en el que nos hundimos. Por el contrario, el gobierno dictatorial de Jimmy Morales y el criminal Congreso están verdaderamente ocupados en servir de alfombra a sectores ineptos y derechistas porque necesitan su apoyo para asegurarse su enriquecimiento y vivir en impunidad.

Por eso, mientras cada uno pelea por sus cuotas de poder en el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, la población agoniza. Mueren de hambre, por la violencia, la incapacidad de los gobernantes, la avaricia de las elites feudales trasnochadas y del mismo Ejército –institución obsoleta y criminal que no debería existir y menos recibir un centavo del Presupuesto nacional–. Estos son los asesinos de la sociedad guatemalteca, estos son los responsables de que la única opción de sobrevivencia para las mayorías sea migrar.

Dejar el país a pesar del peligro del trayecto, del rompimiento familiar y de la posibilidad de no volver, ni vivo ni muerto.

Esa migración que ha sido constante por décadas, es lo único que mantiene a flote a miles de familias en Guatemala, quienes sin las remesas que reciben del exterior serían estadísticas más de desnutrición, desempleo o pobreza extrema. Migrar es lo que permite a millones de familias escapar de las extorsiones y de la violencia cotidiana que no se puede combatir con campañas de limpieza social, con cárceles hacinadas, ni con programas a corto plazo fundados en el clientelismo político.

Lo único que transformará a Guatemala son cambios estructurales basados en la distribución de la riqueza y una inteligente inversión social.

Por ser la migración la única alternativa que los gobiernos centroamericanos y la política exterior estadounidense han permitido, es que indigna y da rabia leer sobre cómo los migrantes mueren en el intento de escapar de la miseria en la que los han dejado, especialmente cuando son niños. Ese es el caso de Jakelin Caal Maquin, una niña q’eqchi’ de siete años, quien murió en custodia de la Patrulla Fronteriza.

Una niña a quien, con soberbia, la Secretaría de Seguridad Estadounidense criminalizó y culpó por su propia muerte, diciendo que, esas eran las repercusiones de la migración ilegal. Esta muerte debe dejar claro que Jakelin no murió, sino que la mataron.

La mató la insensibilidad del gobierno y fuerzas de seguridad estadounidense, la mató el gobierno de Jimmy Morales, la mató la ineptitud y el servilismo de la canciller Sandra Jovel, la mató el Congreso que legisla para los ricos, la mataron las avariciosas elites, la mataron las empresas transnacionales que despojan, la mató la indiferencia, la matamos todos.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/12/17/jakelin-caal-maquin/]

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María Aguilar Velásquez

María Aguilar Velásquez

María Aguilar Velásquez, maya k’iche, historiadora.
Enfoque en temas de violencia de Estado y movimientos sociales en America Latina, especialmente Guatemala durante el siglo XX.
María Aguilar Velásquez

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