Intimidado por la PNC

Rolando Enrique Rosales Murga

No sé si lo que me ocurrió sea producto de la casualidad, o como me dijo un amigo; es por la manera en que escribo. El hecho en cuestión es el siguiente: Hace unos días, el viernes para ser más exacto, iba yo saliendo del Centro Universitario de Jutiapa de la Universidad de San Carlos, pues fui a ver si había aprobado mis cursos (voy en octavo semestre de derecho). En realidad iba algo descorazonado, pues reprobé Proceso Civil II por muy poco. Di unos tres pasos desde el Centro Universitario hacía un arriate que hay en medio de la calzada Los Almendros de la Escuela Nacional Oficial Tipo Federación “Salomón Carrillo Ramírez”. Eran las cuatro treinta, y había mucha gente en la calzada. Un hombre de un metro setenta, gordo, pelo lacio, nariz aguileña y ojos color gris, camisa celeste y blanco a rayas, pantalón de lona azul y botas vaqueras me hizo una señal con la mano derecha. Yo me quedé extrañado observándolo, creyendo que no era conmigo, así que le pregunté si me hablaba a mí. Me contestó afirmativamente, de un empujón me puso contra un camión y me dijo “quieto, hijo de la gran puta, que esto es una investigación”. Cuando volteé a ver, otro hombre aproximadamente de la misma estatura, moreno, pelo lacio, vestido igual que el otro me comenzó a pedir los datos a empujones, mientras el primero me sacaba el DPI y no quiso recibirme el carné de estudiante universitario. Me decía que no podía creer que yo fuera estudiante universitario; me hacía una pregunta tras otra que no me daba tiempo a responder. Apretaban los dientes y hablaban con violencia. El primer hombre me pidió que desbloqueara mi teléfono celular, a lo cual yo me negué, aduciendo que era parte de mi privacidad. “Yo voy a ver tu Messenger, tu WhatsApp, tu Facebook y lo que quiera”. Por ser un poco hipomaníaco me aceleré y mi respiración se agitó. El asma cardíaca que creí curada volvió a mí y el corazón me dolía mientras tosía, les pedí que me dejaran ir, pues no me encontraban nada. Me dijeron que si ellos querían me llevaban detenido. Entonces les cité el artículo seis de la Constitución Política de la República de Guatemala y se rió de mí en mi cara. Me dijeron que me llevarían y llamaron a la autopatrulla SGIC -032, de la cual emergieron dos agentes que sí andaban identificados con unos chalecos, aunque no tenían nombre ni número de NIP. Sólo llegaron para tomar una foto de mi DPI (violando mi presunción de inocencia) me siguieron sometiendo a interrogatorio sin ser sindicado de nada. Luego simplemente me veían a la cara preguntándome si en verdad estudiaba derecho. Me surgieron muchas dudas, como por ejemplo, ¿Qué clase de investigadores le dicen a la cara a las personas que las están investigando? Si fuera un criminal ya habría salido huyendo; pero en lugar de ello llamé a la Supervisión General de la PNC para hacer la respectiva denuncia. A su vez denuncié en la comisaría, hablé con el comisario; espero mañana ir al Ministerio Público a ratificar la denuncia y planeo efectuar una presentación espontánea ante la autoridad. Debido a que ellos me pidieron mi dirección tuve miedo y di otra, la de la casa familiar. Decidí notificarles yo mismo hace poco que les vi, y me dijeron que me persiguen porque en el barrio donde vivo la gente ha sido insultada por mí. Cabe mencionar que ni siquiera saludo cuando paso por la calle a fin de evitar problemas, casi no salgo a la calle, cuando no estoy en la universidad estoy en casa leyendo y estudiando, o entrenando artes marciales y me caracterizo por ser respetuoso y ayudar a quien me lo pide. Sí quieren conocerme que lo hagan. Soy escritor, poeta, pintor, periodista independiente, estudiante, esposo, padre, artista marcial. El motivo de mi testimonio es por seguridad, ya que temo por lo que me pueda suceder. Un amigo agente me dijo que solicite medidas cautelares, debido a que los investigadores en muchos casos abusan de su autoridad y hasta tienen denuncias por secuestro y extorsión. Por eso me decidí a denunciar, además de que hacerme un buen nombre ha sido algo que he logrado paso a paso, a base de esfuerzo y dedicación; a la vez mi familia, Murga, le ha dado un ejemplo de trabajo honrado a la ciudad de Jutiapa por más de noventa años, por lo cual hemos recibido el premio a la excelencia por parte del Centro de Estudios Folclóricos (CEFOL) de la universidad de San Carlos. Quise notificarles personalmente mi denuncia por abuso de autoridad y simplemente se rieron, pues dicen que en el MP no me pondrán atención. Además me dijo que me perseguían porque una persona me acusa de injurias e insultos (Sic) habiendo tanto delito en la ciudad, tanto así que se abrió la Fiscalía contra las Extorsiones, de donde se supone son parte esos agentes ellos persiguen faltas leves. ¡Ve qué chulos! Para terminar, yo comprendo que esos son malos agentes, pero habiendo tantos ya no se sabe quién es el bueno y se termina generalizando, pues se ve afectada la imagen de la institución por culpa de ellos.

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Rolando Enrique Rosales Murga

Rolando Enrique Rosales Murga

Rolando Enrique Rosales Murga, 26 años, se dedica a la panadería tradicional. Escribe desde los 12 años. Su obra ha aparecido en las revistas mexicanas Catarsis y Papalote. Ha participado en certámenes y antologías a nivel latinoamericano. Su obra ha sido leída en radios de Colombia y España. Ha ganado certámenes a nivel local y sus poemas han sido objeto de estudio en tesis de los alumnos de Derecho de la promoción 2016 del Centro Universitario de Jutiapa de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Rolando Enrique Rosales Murga

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