Etiqueta: de Julio C. Palencia

Itaca eterna, de Julio C. Palencia

Hacia dónde se regresa no lo sé. Quizá a la imaginada añorada tierra tuya. La sutil, la perfecta en el sueño, la desgarrada Dulcinea del recuerdo. Se regresa, pero sin rumbo a ser otro, a encontrar otro mundo a rendirle tributo...

De los tiempos y la patria, de Julio C. Palencia

Tuvimos tiempos épicos que no fueron felices. Y nos llenamos de poemas a la patria que nos inflamaban el pecho con letras mayúsculas para entender que éramos mejores y despreciábamos al explotador, al asesino. Eran tiempos de...

¿Qué es escribir bien?, de Julio C. Palencia

Cualquiera puede escribir bien. Hablo de la gramática y la sintaxis, dónde el punto dónde la coma, en qué tiempo en qué lugar el adverbio, en qué afortunado verbo o sustantivo el adjetivo, mientras la metáfora brinca jadeante, estúpida mascota amaestrada. Es un asunto técnico, un compás aquí, un paso allá. Tiene mucho de artesano escribir bien, mucho de repetición.

A puro galope de mar, de Julio C. Palencia

Es mucho el ir y venir al que nos sometemos cotidianamente. A veces con la pura pretensión de hacer cosas, de no quedarnos quietos, y dejar un eco de lo que nuestra individualidad era, es, será. Eco suspiro que no puede sino ser compartido. Nuestra individualidad es una quimera siempre colectiva.

Un guatemalteco entre birmanos. Julio C. Palencia.

Llegué a la escuela de ESL (inglés como segunda lengua) una mañana lluviosa en abril del año 2000. Llegué como pollo mojado, literalmente, porque ningún paraguas es suficiente para el Vancouver lluvioso de todas las estaciones del año. Al entrar al aula me dió la bienvenida Fibi, la que sería mi profesora por cuatro meses, griega-canadiense maravillosa que 4 veces por semana durante algunas horas me enseñaría inglés. Me dirigí al único lugar disponible y ya allí una mujer blanca de cabello negro, mujer que aún hoy extraño, me indicó a señas que me sentara. Era Vejna, de Sarajevo. En la mesa, redonda, además de Vejna ocupaba un espacio Rosy, de Vietnam, Heidi, de China, y Lydia, al igual de Vejna, de Bosnia Herzegovina.

Los caminos de mi rostro. Julio C. Palencia.

Sueño que tengo una patria, y patria tengo. Pienso en Guatemala como nación, y la imagen se caricaturiza, jalonea la imaginación hasta quedar en nada. No siempre patria y nación se corresponden. Tres instituciones nos legó España: ejército, iglesia y monarquía. Instituciones que sirvieron para someter, y así seguimos. Nuestra configuración colonial sigue vigente en los últimos años del siglo XX. La composición cultural y económica, el desarrollo de la sociedad civil, exigen imperativamente una nueva conformación del Estado, con instituciones civiles que se correspondan con nuestra realidad. Desde la caída del imperio español, Guatemala no ha podido dejar de ser una finca con capataces de turno y dueños eternos.

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