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Los sobrevivientes ixil no se dieron por vencidos y en 2013 lograron el inicio del juicio contra Ríos Montt y Rodrigo Mauricio Sánchez, jefe de Inteligencia Militar, la G2.

Irmalicia Velásquez Nimatuj

El camino que mujeres y hombres mayas conscientes han recorrido para lograr justicia ha sido lento. Y el juicio por genocidio, contra el general José Efraín Ríos Montt, iniciado en marzo de 2013, refleja lo sinuoso. En 1999 Rigoberta Menchú -Premio Nobel de la Paz 1992- puso la primera denuncia por genocidio, tortura, detención ilegal y terrorismo de Estado, en la Audiencia Nacional Española. Posteriormente, en 2001, sobrevivientes del pueblo ixil colocaron en tribunales guatemaltecos una denuncia por genocidio, sin embargo, el sistema nunca respondió. Ante esto, en 2005, ellos retomaron la denuncia por genocidio que estaba en la Audiencia Española desde 1999.  Posteriormente, en 2007, la Corte de Constitucionalidad negó a la corte internacional la petición de extraditar a seis militares responsables de los crímenes.

Los sobrevivientes ixil no se dieron por vencidos y en 2013 lograron el inicio del juicio contra Ríos Montt y Rodrigo Mauricio Sánchez, jefe de Inteligencia Militar, la G2.

El proceso fue clave porque el mundo escuchó relatos crueles que rompieron el esquema de los documentos académicos o históricos, allí los sobrevivientes narraron con palabras sencillas cómo los corazones fueron sacados y tirados, las cabezas descuartizadas, cuerpos salpicados de vísceras, brazos desperdigados, espaldas macheteadas, vientres golpeados y arrancados, cráneos perforados, fetos aplastados y ancianos torturados. Cuerpos decapitados en un puente para no gastar balas, cabezas que rodaron al fondo de ríos o barrancos, niños arrojados a los ríos, pedazos de perrajes entre huesos, cortes quemados, güipiles despedazados, animales heridos, mazorcas quemadas, mujeres y niñas violadas por múltiples soldados. Un infierno en boca de más de cien testigos y sobrevivientes que fueron acompañados por AJR, CALDH y muchas otras organizaciones.

El juicio fue complejo porque estuvo plagado de amenazas, maniobras sucias y antiéticas de los abogados de la defensa, cuyo objetivo fue destruir el proceso con terror, amenazas, burlas, gritos e insultos racistas y machistas hacia los sobrevivientes y el Tribunal. A pesar de eso, la sala reflejó las alianzas construidas entre sobrevivientes, abogados, organizaciones de derechos humanos, activistas, académicos e intelectuales nacionales e internacionales, quienes juntos construyeron el camino. Por eso, el proceso es ahora un parteaguas en la historia universal.

Finalmente, Ríos Montt fue encontrado culpable del delito de genocidio y delitos de lesa humanidad y sentenciado el 10 de mayo de 2013 a 80 años de prisión. Ese momento es hoy entendido como la continuación de procesos en donde los miles de sobrevivientes mayas, mestizos y ladinos, estuvieron dispuestos a recorrer juntos, usando la burocrática justicia nacional, en donde adquirieron experiencia y abrieron caminos históricos, moviendo el sistema de justicia para mostrar que los genocidas no son superiores a la ley.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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