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Se fue Roxana, la gruesa

Carlos Figueroa Ibarra

En enero de 2011, Julio Ligorría  hizo una entrevista televisiva a  la entonces poderosa jefa de bancada del Partido Patriota, Roxana Baldetti. Resulta estremecedor ver esa entrevista hoy cuando Baldetti ha renunciado a la vicepresidencia de la república,  en medio de un escándalo mayúsculo de corrupción y un enorme repudio popular. En aquella entrevista, cuando su destino político era prometedor, Baldetti expresó que  no había algo  más dignificante que salir con la frente levantada después de haber ocupado  la más alta magistratura del país. Ella tenía dos poderosas razones que avalaban su voluntad de lucha contra la corrupción: sus dos hijos. Quería salir de sus funciones públicas sintiéndose orgullosa de sus hijos y que sus hijos sintieran orgullosos de ella. Por ello solamente una cosa le había pedido al eventual candidato del PP a la presidencia de la república: que al llegar  a la misma le permitiera contar con un equipo de cuarenta funcionarios que se dedicarían a fiscalizar a los integrantes del futuro gobierno de Pérez Molina. ¿Fue ese equipo incapaz de advertir que su propio secretario privado era el cabecilla de la organización criminal que hacía contrabando aduanero?

En cuatro años y medio la mujer que buscaba afanosamente proyectar una imagen de incorruptible, se convirtió en el imaginario social guatemalteco en la encarnación de la corrupción que hundirá a Pérez Molina y al PP. Baldetti es llamada “la gruesa” en las redes sociales,   coloquialismo de origen mexicano que la denota como poderosa, temible, turbia y peligrosa. El reportaje del periodista José Rubén Zamora de abril de 2013, fue devastador. Ahora,  sale de la vicepresidencia por la puerta de atrás, defenestrada por la cúspide empresarial, el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y finalmente la Corte de Constitucionalidad. El destino judicial de Baldetti es negro si unimos a lo anterior el mensaje de Joseph Biden, vicepresidente de los Estados Unidos de América, quien viajó en marzo con su esposa a Guatemala para sacar del protocolo a la entonces vicepresidenta. La especial deferencia y agrado con que en abril  fue recibida Rosa Leal de Pérez en Washington completó el mensaje imperial: Washington quiere la cabeza de Baldetti.
La mayoría de Guatemala también la quiere. ¿Por qué una mujer con poder  puede llegar a ser tan odiada? Durante la Revolución Francesa, María Antonieta lo fue por “austriaca” y por adjudicársele decir tonterías sobre los pobres que sufrían la escasez de pan  (“que coman pasteles”). Guardadas las proporciones, Baldetti ha sido objeto de escarnio por sus lapsus verbales.  Y de odio,  porque se piensa que su poderío e impunidad deriva de una ilegítima relación sentimental con el presidente Pérez Molina. El rechazo legítimo que se le dispensa por su prepotencia y presumible enriquecimiento ilícito, podría estar complementado por la misoginia que es feroz hacia ciertas conductas en la mujer. Y por una solidaridad de género: ¿Cuántas mujeres no se identifican con la primera dama?

La mano dura de Pérez Molina se ha convertido en un par de manos sucias. ¿Seguirá soportando Guatemala la corrupción?

Carlos Figueroa Ibarra
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